Lunes, 01 Marzo 2010 23:12

B. Raíces en la física clásica

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Los fisicalismos son préstamos epistemológicos desde la física hacia otras ciencias, particularmente las sociales y humanas. En el presente artículo se bosquejan algunos elementos de la física newtoniana y sus paralelismos con la teoría social tradicional, y se resumen cinco de sus implicaciones filosóficas, a saber, reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo. A modo de ejemplo, se realiza un análisis crítico del fisicalismo conocido como la entropía social. Se esbozan algunos elementos de la nueva física y la manera como ésta ha redundado en la muerte del reduccionismo, el surgimiento del pensamiento sistémico, organicista y autodeterminista, y la superación de los confines estrechos del materialismo.

 

A. ¿Qué son los fisicalismos?

Los 'fisicalismos' resultan de la práctica de tomar prestados principios de la física como fundamentos para la construcción de teorías en otras ciencias, particularmente sociales y humanas. Comienzan a realizarse de modo sistemático tras la propuesta de una 'física social' planteada por Thomas Hobbes en su clásico “Leviatán”. Autores subsiguientes han elaborado toda una gama de conceptos sociales y humanos, consciente o inconscientemente fundamentados en las teorías de la física clásica de Isaac Newton.

El impacto de la física newtoniana en la evolución de las demás ciencias trasciende el aporte de sus teorías particulares. Dio lugar a un verdadero ‘metaparadigma’ que sirvió de modelo para la estructuración epistemológica de las demás ciencias durante su ‘destete’ de su madre, la filosofía. Además, debido a sus implicaciones filosóficas, el paradigma newtoniano ha legado a las masas de la humanidad –al menos en la medida en que éstas se han 'occidentalizado'– toda una cosmovisión popular que es a la vez reduccionista, atomista, materialista, mecanicista, determinista y materialista.

Según una descripción simplista de la visión que se desprendió de Newton, el mundo era compuesto en última instancia de átomos, unas partículas perfectamente esféricas e indivisibles, que reaccionaban entre sí y se agrupaban de diferentes maneras para producir los diversos seres y fenómenos del mundo físico. Estos átomos variaban en su masa (tamaño y peso), así como la velocidad y dirección de su movimiento y se chocaban y rebotaban entre sí, como unas cuantas bolas de billar. De este modo se generaban todos los diversos fenómenos observados en el mundo, desde la formación de cristales hasta la consciencia humana.

El resultado es una cosmovisión en la cual el universo y todo lo que contiene es como una gran máquina. Cada elemento del mundo es una pieza en esta maquinaria e interactúa con otras partes en una permanente relación de fuerzas: empujando o halando, cambiando o moviendo, formando o destruyendo, facilitando o impidiendo; mientras que éstas también pugnan por ejercer efectos similares en aquella.

La perspectiva del mundo social que se desprendió de esta física newtoniana revela un paralelismo interesante. Los átomos eran los seres humanos individuales, indivisibles, de naturaleza supuestamente ya conocida. La suma de átomos constituía el colectivo del cual formaba parte. La velocidad o el ímpetu del movimiento de cada miembro, significaba su nivel de motivación y ambición, mientras que la dirección de su movimiento era indicio de sus intereses. La masa relativa de cada uno representaba el poder que poseía para influir en el resto. El choque entre estos átomos humanos se traducía en el conflicto, sin el cual se creía que no existiría fenómeno alguno, ya sea físico o social.

En consecuencia con esta percepción del mundo, se han diseñado las instituciones y relaciones sociales como una gran pugna de fuerzas. En la economía diferentes actores compiten por acaparar una mayor participación del mercado, en la política varios partidos pugnan por capturar más poder, y así sucesivamente. A continuación veremos en mayor detalle de qué manera se llegó a interpretar al mundo de esta forma a partir de la 'física clásica'. Acto seguido, conoceremos algunos elementos de la 'nueva física' que desmienten esta perspectiva y posibilitan repensar la naturaleza del ser humano y su sociedad, despejando así el sendero hacia una profunda transformación y reestructuración de la vida humana.

 

B. Implicaciones filosóficas

La filosofía se basa, no en especulaciones en el aire, sino en un proceso riguroso de ilación lógica a partir de una realidad observada o ‘datum’. La física newtoniana proporcionó a los filósofos en las diferentes ramas, nuevos referentes importantes sobre los cuales trabajar. De este modo, su particular visión del funcionamiento del mundo dio lugar con el tiempo a varias implicaciones filosóficas importantes, cinco de las cuales se conocen como reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo. Estos cinco 'ismos', a su vez, echaron las bases epistemológicas para el desarrollo de las demás ciencias, incluyendo las sociales y humanas, arraigándose poderosamente de este modo en la cosmovisión occidental moderna. Analicemos a cada uno en mayor detalle.

1. Reduccionismo

El reduccionismo obedece a una falacia lógica según la cual un entero no es sino la suma de sus partes individuales. Las mismas teorías formuladas para explicar los elementos, se aplican además al conjunto. Los fenómenos de orden superior se explican por los de orden inferior. Desde esta perspectiva, los átomos explicarían las moléculas, éstas a las células, y éstas a los organismos complejos de los cuales forman parte. Asimismo, muchas de las teorías en las ciencias sociales tradicionales son reduccionistas, pues consideran que la sociedad no es más que la suma de los individuos que la componen. Se busca conocer las leyes que rigen en los fenómenos sociales mediante el estudio del comportamiento de sus miembros individuales. Se quiere entender a éstos mediante el estudio del mundo animal e incluso de las neuronas del cerebro.

Esta fuerte tendencia reduccionista en las ciencias sociales se debe en parte al hecho de que, hasta Newton, las ciencias sociales no se consideraban ciencias, sino ramas de la filosofía. Y como filosofías, acostumbraban tomar sus referentes de las diversas ciencias naturales y, mediante procesos lógicos de deducción e inducción, obtener sus conclusiones de ellas. Al convertirse en ciencias, mantuvieron esta costumbre al basar algunas de sus teorías fundacionales en las conclusiones de otras ciencias, en vez de desarrollarlas de sus propias observaciones.

Una de las implicaciones del reduccionismo es justamente el uso generalizado de los ‘préstamos epistemológicos’. Si los fenómenos de orden superior se explicaban por los de orden inferior, no había razón para no pedir prestadas las teorías de las ciencias naturales para explicar los fenómenos humanos y sociales. Por ilustrar la situación con una analogía, es como si intentásemos comprender la belleza y aroma de una rosa escarbando en el estiércol donde se encuentra sembrada.

2. Atomismo

Según el atomismo, todos los fenómenos del universo, incluso los más complejos como el psique humano, se pueden ‘reducir’ en última instancia a átomos y los movimientos y choques entre ellos. En las ciencias sociales, el atomismo encuentra su paralelo en el ‘individualismo’, traducido en la suprema importancia atribuida al individuo como eje y motor de los diversos fenómenos sociales mediante sus móviles, intereses y poder en la sociedad. Otro ejemplo del atomismo en las ciencias sociales es la teoría según la cual una cultura se puede ‘reducir’ a un sinnúmero de partes y pedazos llamados 'culturgens' .1 El atomismo también refuerza la tendencia a verlo todo en términos de dicotomías –blanco o negro, derecha o izquierda–, que ha tenido una fuerte influencia en la extrema polarización que ha caracterizado los debates de los economistas, politólogos, etc.

3. Mecanicismo

El mecanicismo era el resultado de la constante acción y reacción entre un sinnúmero de átomos y fenómenos resultantes de los mismos, los cuales operaban como una gran máquina. Se percibía al universo entero como el gran reloj utilizado como analogía por René Descartes en su descripción del 'bête machine' (máquina animal). Descartes, siendo religioso, dejó afuera de esta máquina al alma humana, pero sus sucesores pronto lo incluyeron en el 'homme machine'. De este modo llegó a operar bajo esta perspectiva la totalidad de las ciencias modernas, incluyendo las sociales y humanas. El mecanicismo lleva del concepto básico de causa-efecto al comportamiento acción-reacción, que no admite la decisión, sino que limita al hombre a seguir los ‘instintos’ de su ‘naturaleza animal’.

4. Determinismo

El determinismo es la conclusión lógica de los tres elementos anteriores. Si todo es compuesto de átomos y si todo fenómeno puede reducirse a las sucesivas relaciones de causa y efecto entre éstos como en una gran máquina, entonces el pasado determina el presente y éste decreta el futuro. Incluso se llegó a afirmar que si fuera posible calcular con precisión en un momento dado la masa, posición, velocidad y dirección de cada átomo del universo, se podría predecir con certeza el futuro. Era como una versión cientista del fatalismo, en la cual el rector del destino ya no era un Dios bondadoso y justo, sino una gran máquina impersonal e implacable.

Las ciencias sociales tradicionales y positivistas se suscriben bajo el determinismo. Sostienen que la suma de los intereses, la motivación y el poder de los individuos y el cómo, cuando y donde se producen y resuelven los choques o conflictos entre ellos, determinan los sucesos que se van desenvolviendo en la sociedad. Una variante de esto es el ‘ambientalismo’ (o ‘culturalismo’ para no confundirlo con la defensa del medioambiente), según el cual el comportamiento de cada persona es determinado por su entorno o por su cultura. Por su parte, el determinismo biológico establece que el comportamiento humano es determinado genéticamente, como veremos más adelante.

Una de las implicaciones del determinismo es que el comportamiento humano se limita a una relación de acción-reacción con su entorno físico. Esto le resta tanto la decisión como la responsabilidad al ser humano. Si soy producto de lo que me ha sucedido en la vida, no puedo cambiar. Si la sociedad es producto de su propio pasado, no puede cambiar tampoco. Entonces, ¿para qué esforzarnos por ser mejores o por cambiar la sociedad? Viktor Frankl cuestiona esto al proponer un espacio de decisión entre acción y reacción, espacio que en unos es mayor y en otros es menor, pero que puede ser ampliado mediante el esfuerzo constante por ejercer la capacidad decisoria.2 De esta perspectiva nace toda una bibliografía sobre el cultivo de la 'proactividad'.

5. Materialismo

El Materialismo es consecuencia de todo lo anterior. De acuerdo con este enfoque, todos los seres y fenómenos que existen pueden ser explicados en última instancia por los átomos y sus relaciones de causa-efecto entre sí. Los seres humanos no somos más que paquetes de fibras, hormonas, ADN, nervios e impulsos, programados genéticamente y determinados socialmente a actuar de determinada manera, que podrá eventualmente ser predicha y controlada por las ciencias sociales. Varias ideologías y pseudociencias, que siguen teniendo bastante vigencia hoy en día, se han basado en esta visión del ser humano como ente meramente material y, por tanto, motivado sólo por intereses materiales.3 Esto le ha restado sentido y riqueza a la vida de miles de millones de habitantes del planeta.

En suma, es en base a estos cinco supuestos que se han construido la mayoría de las teorías de las ciencias sociales que apoyan al mito del agonismo: que el ser humano es por naturaleza egoísta, agresivo, acaparador y violento; y que el conflicto y la competencia son endémicos e incluso necesarios en toda sociedad. Más adelante se conocerán algunas alternativas a estos supuestos, pero antes de continuar analicemos brevemente un préstamo epistemológico tomado de la física, que ha influido fuertemente en la consolidación del mito del agonismo: la entropía social.

 

C. La Entropía Social

La entropía, o 'segunda ley de la termodinámica', fue enunciada por Rudolf Clausius en 1865. La primera ley dicta que la materia y la energía no se crean ni se destruyen, sino que únicamente se mudan de estado o lugar, mientras que en la segunda, el grado de desorden de un sistema aislado aumenta continuamente o permanece constante. Ya que el universo entero constituye un sistema aislado (sin intercambio con otro sistema), en cada momento su entropía es mayor.4

La entropía social es un préstamo epistemológico de la física, según el cual la sociedad estaría destinada finalmente a desintegrarse, al igual que todo lo demás, llevando a muchos a suponer que su destrucción final es inevitable. En general se argumenta que la multiplicación de individuos, motivaciones e intereses, y la lucha de todos por satisfacer dichos intereses, irían multiplicando la complejidad de la sociedad hasta que llega a un punto insostenible y colapsa. La necesidad de aumentar cada vez más la complejidad de los sistemas sociales en respuesta a la creciente complejidad social, combinada con la decadencia natural de toda estructura social, significa que con el tiempo la sociedad gastaría más energía en mantener sus estructuras que en proporcionar beneficios a sus miembros. La resultante insatisfacción social llevaría eventualmente a la anarquía (literalmente ‘falta de ley’), con la desintegración total de la sociedad en un mero agregado de sus componentes individuales, en ausencia de convenciones, percepciones y objetivos compartidos.5

La ley de la entropía ha sido asociada con la teoría del 'big bang', según la cual el universo se estaría expandiendo en una constante explosión hacia afuera, lo cual algunos autores han tomado como la causa de la entropía. Esto demuestra un entendimiento erróneo de la entropía, que en realidad no evidencia la existencia de una ley que causa el comportamiento entrópico, sino que más bien es un comportamiento aleatorio que se observa en ausencia de alguna ley que imponga orden. Explica William Hatcher:

…la ley de la entropía… dicta que el orden –o la evolución de un sistema hacia el orden– es improbable, por que el desorden –o la degeneración hacia el desorden– es una configuración probable (natural). A la luz de esta ley, muchas teorías fácticas no requieren de explicación. Si nuestra observación de un sistema constata un aumento constante hacia el desorden, no hace falta buscar una causa del fenómeno, pues constituye un estado natural. Pero si se observa que un sistema evoluciona persistentemente hacia un aumento en el orden, entonces debe necesariamente existir alguna causa (observable o no) del fenómeno, por lo que se debe buscar su origen.6

La entropía, entonces, es lo que sucede cuando no se aplica ninguna ley. Esto significaría que la existencia de leyes obra en contra del avance de la entropía. Por tanto, si existe el desorden en la sociedad, no es por operación de una supuesta ley entrópica, sino por la falta de la legislación y el ordenamiento necesarios para establecer el orden social, o que no estén adecuadas a los requerimientos del momento. En el caso de la sociedad, como con todo sistema, existe un juego entre su evolución interna y los cambios en su entorno externo. Pierre Teilhard de Chardin observa que, así como el mundo social se encuentra en expansión espacial, también se encuentra en un proceso de 'complexificación' o evolución orgánica de lo sencillo a lo complejo. Esto se relaciona con un aumento correlativo en la interiorización, es decir en el psique o la conciencia de la humanidad.7

La no adaptación del orden social a las exigencias de estas modificaciones produce tensión interna y con su ambiente que, de dejarse sin resolución, acabaría por destruir el sistema. Así como la vida orgánica es adaptiva, la vida de la sociedad debe adaptarse a su propia transformación interna y a cambios en su entorno, o desaparecer. En este sentido, la idea de que no es necesario un fin entrópico del mundo –ya sea natural o social– ha sido planteada por varios autores. Por ejemplo, los economistas ecológicos Norgaard y Swaney sostienen que la vida constituye una fuerza antientrópica en la medida que ella lucha por extenderse y adaptarse a las condiciones ambientales.8

 

D. La Nueva Física

La 'nueva física' representa una revolución paradigmática ocurrida en esa ciencia principalmente a partir de inicios del siglo XX con el desarrollo de la física cuántica. Sus descubrimientos prácticamente dejan sin validez los postulados de la física newtoniana respecto al comportamiento de los átomos (excepto en juegos como billar y canicas). Resulta que el átomo no es indivisible, sino compuesto de elementos subatómicos como electrones, neutrones y protones. No es esférico e impenetrable, pues si fuese del tamaño de un estadio de fútbol, su núcleo parecería un grano de arena en medio de la cancha y los demás elementos como partículas de polvo flotando en el aire. Los elementos subatómicos tampoco son sólidos, sino que forman una especie de campo electromagnético en torno al núcleo, comportándose a veces como partículas y a veces como ondas de energía, según la óptica desde la que se los mira.

En cuanto al choque entre átomos, no explica mayores fenómenos, sino que principalmente se relaciona con el aumento de la energía calórica en un gas o líquido. Cuando colisionan los elementos subatómicos a velocidades cercanas a la de la luz, como en los rayos solares o los ‘aceleradores de partículas’, no rebotan como se imaginaba Newton. Más bien la energía latente en su masa y velocidad conjuntas, explota en un abanico de nuevos elementos subatómicos, perdurando los estables y desapareciendo los inestables en un espiral hacia adentro.

Las implicaciones filosóficas de la nueva física han sido el tema de numerosos libros y mucha especulación. Por ejemplo, en “El Tao de la Física” Fritjof Capra plantea que la nueva física ha llegado a muchas de las mismas conclusiones que el Budismo, pero por otro camino. Posteriormente, en “La Trama de la Vida” el mismo autor había demostrado como la nueva física presenta una visión unificada del mundo, similar a la que habían alcanzado los místicos de antaño. Sin embargo, por lo pronto consideremos brevemente de qué manera pone en duda los cinco supuestos que legó la física clásica a las ciencias sociales tradicionales.

1. La muerte del reduccionismo

El reduccionismo ha sido descartado a favor de una labor científica que procure hallar las dinámicas que caractericen a cada fenómeno a su propio nivel. Ya no se puede reducirlo todo al choque entre átomos, sino que es necesario observar desprejuiciadamente cada fenómeno en búsqueda de lo que nos puede enseñar como tal. Desde luego, no faltan quienes busquen nuevos reduccionismos, como la tendencia a redefinir todo en términos de ‘energías’, o el libro “Critical Mass - How one thing leads to another”, donde Philip Ball explora de qué manera los descubrimientos recientes pueden llevar a una “nueva física de la sociedad”.9

2. El pensamiento sistémico

Por otra parte, a diferencia del individualismo que se desprende del atomismo, tales descubrimientos como los campos de fuerza electromagnéticos han resultado a una toma de conciencia respecto a las íntimas interrelaciones que caracterizan todos los seres y fenómenos. Esto ha dado lugar a nuevas interpretaciones del mundo como la Teoría de Sistemas. Esta teoría analiza la dinámica y evolución de los sistemas como más que la suma de sus partes individuales. Abarca toda clase de sistemas, desde los elementos subatómicos hasta los comportamientos individuales, desde los ecosistemas hasta la sociedad, e incluso el sistema solar. La Teoría de Sistemas no constituye un nuevo reduccionismo, sino el reconocimiento de las fuerzas que enlazan a los seres en configuraciones comunes. Ofrece una forma de percibir la diversidad de los sistemas, ya no como elementos dicotómicos en conflicto, sino como contribuyentes en una relación de mutua complementariedad.

3. El organicismo

La nueva física y la Teoría de Sistemas han hecho posible trocar el paradigma mecanicista por otro que se ha llegado a denominar el ‘organicismo’, también conocido como ‘organismo’ o ‘teoría organísmica’. En esta nueva cosmovisión se percibe a los diferentes sistemas del mundo, ya no como piezas de una gran máquina, sino como seres vivientes con sus propios procesos vitales, desde el átomo hasta el cosmos, desde el ser humano individual hasta la raza humana como un todo.

Hay toda una serie de analogías para las ciencias sociales que podrían agruparse bajo la designación de ‘organicismo’. Básicamente se trata de analizar a la sociedad como si fuera un organismo vivo como el cuerpo humano, en el cual sus miembros individuales son las células, y sus instituciones y estructuras sociales son los diferentes sistemas y órganos. Estos organismos suelen contiener dentro de sí otros subsistemas a la vez que forman parte de supersistemas más amplios. El análisis de la sociedad como sistemas dentro de sistemas, conformando un solo organismo vivo, ha aportado fuertemente a repensar las ciencias sociales desde la óptica del mutualismo.

Durante la colonización, esta imagen fue utilizada para naturalizar y justificar la permanencia de las estructuras de dominación del estatus quo. Si los hombres blancos de Europa esclavizaban a los negros de África, era considerado tan natural como el hecho de que el cerebro controla los pies, una ley del universo, divinamente ordenado. Actualmente, por tanto, muchos cientistas sociales rechazan una perspectiva de la sociedad como una unidad orgánica, aduciendo que esta forma de pensar atenta contra la diversidad de la humanidad y la homogeniza.

Sin embargo, bajo el esquema actual, el organicismo se plantea, no para justificar el estatus quo, sino para cuestionarlo. Si la sociedad es como el cuerpo humano, entonces los males que la aquejan son como las enfermedades de ese cuerpo. La rica diversidad del género humano es comparable con la diversidad de células y tejidos en el cuerpo, que en un cuerpo saludable funcionan en perfecta unidad y equilibrio entre sí. Del mismo modo, la sociedad como un ‘cuerpo político’ debe caracterizarse por la 'unidad en diversidad'. Las dolencias que amenazan la salud de este cuerpo se deben a la falta de justicia entre sus partes constituyentes, la cual destruye su unidad y, por ende, su paz.

La teoría organísmica no es reduccionismo, sino que emplea la imagen del ‘organismo’ como una analogía ilustrativa. Representa lo que en la Teoría de Sistemas se puede clasificar como ‘sistemas’, que abarcan tanto los cuerpos físicos como los colectivos humanos. Ambos parecen estar sujetas a los mismos procesos y leyes que rigen a todos los sistemas, desde los átomos hasta el universo como un todo. Así se ha superado la imagen de la sociedad como una mera suma de sus miembros individuales, o como una gran máquina en la cual sus piezas se encuentran en relaciones dicotómicas y mecánicas de acción–reacción y dominación–sumisión.

4. La autodeterminación

El determinismo, a su vez, ha cedido su lugar de privilegio a nuevos principios como la incertidumbre, la indeterminación y la probabilística. Ya no se sueña con poder predecir el futuro en base al pasado o presente, pues es imposible determinar a la vez la posición y el movimiento de una partícula. Lo que es más importante aún, las implicaciones de la nueva física atribuyen una medida de voluntad a todo sistema, desde el más sencillo hasta el más complejo. Sus decisiones son orientadas hacia lo que puede llegar a ser y lo que necesita para alcanzarlo. Cada sistema toma o adapta de su entorno lo que requiere para actualizar su potencial, en una relación de mutua influencia no determinante. El feto en la matriz, si no encuentra los elementos que necesita para su desarrollo, los fabrica en base a los materiales disponibles. El niño requiere de cariño para su desarrollo psicológico, y si no lo encuentra fácilmente lo busca en su entorno o lo fabrica con sus juguetes o en su imaginación. De este modo el ser no es empujado u obligado por eventos de su pasado, como dicta el determinismo, sino que es atraído hacia las posibilidades latentes de su futuro.

El hecho de cambiar el enfoque del pasado al futuro significa ya no buscar pretextos por ser como somos, sino responder ante el desafío de ser diferentes y mejores a partir de hoy. Es más, ofrece toda una nueva forma de entender el destino de manera no fatalista. Por ejemplo, una semilla puede estar predestinada a convertirse en un gran árbol, cargado con hojas, flores y frutos, hogar de todo un ecosistema consistente de miles de otras plantas y animales que habitan en él, y a la vez miembro productivo de un ecosistema aún mayor. Sin embargo, si esa semilla nunca tiene la posibilidad de germinar, jamás cumplirá tan elevado destino; si germina y crece en un lugar carente de los elementos necesarios para su desarrollo, lo alcanzará en parte; y si es arrancado o consumido en un incendio, quedará truncado su destino.

El ser humano y su sociedad también constituyen sistemas vivientes, paquetes de potencial que buscan nutrirse para poder alcanzar su destino. El bienestar de la persona y de la sociedad son inextricablemente interdependientes, pues el infortunio de un solo individuo es un infortunio para la colectividad. Para que la sociedad alcance su pleno potencial, es necesario que cada uno de sus miembros logre el suyo. Esto ha dado lugar a un nuevo ethos que responsabiliza a la sociedad en su conjunto de hacer lo necesario para cultivar las capacidades latentes en todos sus miembros. Bajo esta perspectiva, cada niño nace como fideicomiso a la humanidad toda, a la cual se confía el encargo de cuidarlo y cultivar su potencial. Los seres humanos ya no necesitan verse como atrapados en una “guerra de todos contra todos” como sugiere Hobbes, en la que la vida era “solitaria, pobre, desagradable, embrutecida y breve”. Es posible ya pensar una sociedad de todos a favor de todos y una vida afectuosa, rica, agradable, esclarecida y larga.

5. Más allá del materialismo

Finalmente, ha surgido un profundo cuestionamiento del valor atribuido a los estrechos confines epistemológicos del supuesto materialista en las ciencias, particularmente las sociales y humanas. Este cambio ha sido alimentado por descubrimientos como: la dualidad partícula/onda de los elementos subatómicos; la vida orgánica que caracteriza a sistemas que antes se creían inanimados, deterministas y mecánicos; el redescubrimiento –por vía de la más dura de las ciencias– de verdades ya conocidos por los místicos de antaño; y el concepto de un capital espiritual y su consecuente desarrollo.10

Además, los aprendizajes cosechados tras la aplicación en los últimos siglos de dos sistemas materialistas –el capitalismo industrial y el socialismo marxista– han dado lugar a una creciente conciencia de que el logro del bienestar físico no basta para la plena realización del potencial individual y social y un vuelco hacia la búsqueda de medios para fomentar la realización de su potencial espiritual. Claro que ciertos elementos de esta búsqueda han tomado derroteros escabrosos –como el nuevo reduccionismo de interpretar todos los fenómenos en términos de ‘energía’ y algunas de las conjeturas fantasiosas que han surgido en consecuencia– pero lo importante en estas etapas tempranas del proceso es el gran interés generado en todos los sectores en dirección al enriquecimiento de la vida y salud espiritual del ser humano y su sociedad.

 

E. Conclusiones

Aunque se ha demostrado ya que el choque entre átomos no es la causa de mayores fenómenos, su aplicación a la sociedad aún rige con fuerza en la filosofía popular y en la de muchos cientistas sociales y humanos. Esto pese al hecho de que las implicaciones filosóficas de nueva física han desmentido los diversos elementos de la cosmovisión tradicional. No obstante, las ciencias que se forjaron en su molde, y en particular las sociales, parecen no haberse percatado aún de este hecho y siguen arrastrando el peso muerto de un metaparadigma vetusto y caduco. Los supuestos subyacentes del reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo perduran sin haber sido ampliamente cuestionados en cuanto sus implicaciones para las ciencias sociales. Esto tal vez se debe a que permanecen, en su mayor parte, inconscientes e irreconocidos. Su “salvación”, como lo señalara Bourdieu, consiste en “volver consciente lo inconsciente”.

 

Preguntas de Estudio:

Después de leer el texto, responda a las siguientes preguntas en sus propias palabras:

• La física clásica, ¿cómo adelantó el desarrollo de las ciencias humanas y sociales?

• ¿De qué manera se constituyó en cosmovisión para la cultura del agonismo? Describir los elementos de esta vieja cosmovisión.

• La ‘Nueva Física’, cómo ha abierto la puerta a una nueva cosmovisión? Describir los elementos de esta nueva cosmovisión.

• ¿Por qué la Entropía Social no es buena ciencia?

 


Notas:

1. Lewontin, R.C: “Biology as Ideology - The Doctrine of DNA”. New York: Harper-Collins Publishers, Inc., 1991, p. 14.

2. Frankl, Victor E.: “Man’s Search for Meaning, an Introduction to Logotherapy” (título original: “From Death-Camp to Existentialism”), Nueva York: Beacon Press, 1959.

3. El mayor error de estas interpretaciones es su sesgo positivista, evidenciado en el uso de palabras como ‘siempre’ y ‘nunca’, ‘todos’ y ‘ninguno’. El hecho de haber encontrado una explicación para un fenómeno determinado no significa que sea necesariamente la única. Además, el que con los métodos actuales de la ciencia no se haya logrado estudiar un fenómeno, no significa que no existe.

4. Cabe notar que estas leyes no invalidaron las de la física mecánica de Newton, sino que únicamente constituyeron una interpretación alternativa.

5. Este pensamiento distópico es tratado en mayor detalle en Newton P., “Rol de la Utopía en la Configuración de Nuevos Imaginarios hacia el Cambio Socio-Cultural”.

6. Hatcher, William: “Minimalism”. Hong Kong: Juxta Publishing Ltd., 2004, p. 79.

7. Teilhard de Chardin, Pierre. “The Phenomenon of Man”. Nueva York: Harper & Row Publishers, 2008.

8. Analizado en Araujo, María Caridad: “Entropía y procesos productivos: una aplicación a la economía ecuatoriana”. Quito: Ediciones Abya-Yala, 1998.

9. Ball, Philip: “Critical Mass - How one thing leads to another”. Nueva York: Farrar, Straus & Giroux, 2004.

10. Zohar, Dana y Marshall, Ian. “Spiritual Capital – Wealth we can live by”. San Francisco: Berrett-Koehler Publishers, Inc., 2004.

Los fisicalismos son préstamos epistemológicos desde la física hacia otras ciencias, particularmente las sociales y humanas. En el presente artículo se bosquejan algunos elementos de la física newtoniana y sus paralelismos con la teoría social tradicional, y se resumen cinco de sus implicaciones filosóficas, a saber, reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo. A modo de ejemplo, se realiza un análisis crítico del fisicalismo conocido como la entropía social. Se esbozan algunos elementos de la nueva física y la manera como ésta ha redundado en la muerte del reduccionismo, el surgimiento del pensamiento sistémico, organicista y autodeterminista, y la superación de los confines estrechos del materialismo.


A. ¿Qué son los fisicalismos?

Los 'fisicalismos' resultan de la práctica de tomar prestados principios de la física como fundamentos para la construcción de teorías en otras ciencias, particularmente sociales y humanas. Comienzan a realizarse de modo sistemático tras la propuesta de una 'física social' planteada por Thomas Hobbes en su clásico “Leviatán”. Autores subsiguientes han elaborado toda una gama de conceptos sociales y humanos, consciente o inconscientemente fundamentados en las teorías de la física clásica de Isaac Newton.

El impacto de la física newtoniana en la evolución de las demás ciencias trasciende el aporte de sus teorías particulares. Dio lugar a un verdadero ‘metaparadigma’ que sirvió de modelo para la estructuración epistemológica de las demás ciencias durante su ‘destete’ de su madre, la filosofía. Además, debido a sus implicaciones filosóficas, el paradigma newtoniano ha legado a las masas de la humanidad –al menos en la medida en que éstas se han 'occidentalizado'– toda una cosmovisión popular que es a la vez reduccionista, atomista, materialista, mecanicista, determinista y materialista.

Según una descripción simplista de la visión que se desprendió de Newton, el mundo era compuesto en última instancia de átomos, unas partículas perfectamente esféricas e indivisibles, que reaccionaban entre sí y se agrupaban de diferentes maneras para producir los diversos seres y fenómenos del mundo físico. Estos átomos variaban en su masa (tamaño y peso), así como la velocidad y dirección de su movimiento y se chocaban y rebotaban entre sí, como unas cuantas bolas de billar. De este modo se generaban todos los diversos fenómenos observados en el mundo, desde la formación de cristales hasta la consciencia humana.

El resultado es una cosmovisión en la cual el universo y todo lo que contiene es como una gran máquina. Cada elemento del mundo es una pieza en esta maquinaria e interactúa con otras partes en una permanente relación de fuerzas: empujando o halando, cambiando o moviendo, formando o destruyendo, facilitando o impidiendo; mientras que éstas también pugnan por ejercer efectos similares en aquella.

La perspectiva del mundo social que se desprendió de esta física newtoniana revela un paralelismo interesante. Los átomos eran los seres humanos individuales, indivisibles, de naturaleza supuestamente ya conocida. La suma de átomos constituía el colectivo del cual formaba parte. La velocidad o el ímpetu del movimiento de cada miembro, significaba su nivel de motivación y ambición, mientras que la dirección de su movimiento era indicio de sus intereses. La masa relativa de cada uno representaba el poder que poseía para influir en el resto. El choque entre estos átomos humanos se traducía en el conflicto, sin el cual se creía que no existiría fenómeno alguno, ya sea físico o social.

En consecuencia con esta percepción del mundo, se han diseñado las instituciones y relaciones sociales como una gran pugna de fuerzas. En la economía diferentes actores compiten por acaparar una mayor participación del mercado, en la política varios partidos pugnan por capturar más poder, y así sucesivamente. A continuación veremos en mayor detalle de qué manera se llegó a interpretar al mundo de esta forma a partir de la 'física clásica'. Acto seguido, conoceremos algunos elementos de la 'nueva física' que desmienten esta perspectiva y posibilitan repensar la naturaleza del ser humano y su sociedad, despejando así el sendero hacia una profunda transformación y reestructuración de la vida humana.

 

B. Implicaciones filosóficas

La filosofía se basa, no en especulaciones en el aire, sino en un proceso riguroso de ilación lógica a partir de una realidad observada o ‘datum’. La física newtoniana proporcionó a los filósofos en las diferentes ramas, nuevos referentes importantes sobre los cuales trabajar. De este modo, su particular visión del funcionamiento del mundo dio lugar con el tiempo a varias implicaciones filosóficas importantes, cinco de las cuales se conocen como reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo. Estos cinco 'ismos', a su vez, echaron las bases epistemológicas para el desarrollo de las demás ciencias, incluyendo las sociales y humanas, arraigándose poderosamente de este modo en la cosmovisión occidental moderna. Analicemos a cada uno en mayor detalle.

1. Reduccionismo

El reduccionismo obedece a una falacia lógica según la cual un entero no es sino la suma de sus partes individuales. Las mismas teorías formuladas para explicar los elementos, se aplican además al conjunto. Los fenómenos de orden superior se explican por los de orden inferior. Desde esta perspectiva, los átomos explicarían las moléculas, éstas a las células, y éstas a los organismos complejos de los cuales forman parte. Asimismo, muchas de las teorías en las ciencias sociales tradicionales son reduccionistas, pues consideran que la sociedad no es más que la suma de los individuos que la componen. Se busca conocer las leyes que rigen en los fenómenos sociales mediante el estudio del comportamiento de sus miembros individuales. Se quiere entender a éstos mediante el estudio del mundo animal e incluso de las neuronas del cerebro.

Esta fuerte tendencia reduccionista en las ciencias sociales se debe en parte al hecho de que, hasta Newton, las ciencias sociales no se consideraban ciencias, sino ramas de la filosofía. Y como filosofías, acostumbraban tomar sus referentes de las diversas ciencias naturales y, mediante procesos lógicos de deducción e inducción, obtener sus conclusiones de ellas. Al convertirse en ciencias, mantuvieron esta costumbre al basar algunas de sus teorías fundacionales en las conclusiones de otras ciencias, en vez de desarrollarlas de sus propias observaciones.

Una de las implicaciones del reduccionismo es justamente el uso generalizado de los ‘préstamos epistemológicos’. Si los fenómenos de orden superior se explicaban por los de orden inferior, no había razón para no pedir prestadas las teorías de las ciencias naturales para explicar los fenómenos humanos y sociales. Por ilustrar la situación con una analogía, es como si intentásemos comprender la belleza y aroma de una rosa escarbando en el estiércol donde se encuentra sembrada.

2. Atomismo

Según el atomismo, todos los fenómenos del universo, incluso los más complejos como el psique humano, se pueden ‘reducir’ en última instancia a átomos y los movimientos y choques entre ellos. En las ciencias sociales, el atomismo encuentra su paralelo en el ‘individualismo’, traducido en la suprema importancia atribuida al individuo como eje y motor de los diversos fenómenos sociales mediante sus móviles, intereses y poder en la sociedad. Otro ejemplo del atomismo en las ciencias sociales es la teoría según la cual una cultura se puede ‘reducir’ a un sinnúmero de partes y pedazos llamados 'culturgens' .1 El atomismo también refuerza la tendencia a verlo todo en términos de dicotomías –blanco o negro, derecha o izquierda–, que ha tenido una fuerte influencia en la extrema polarización que ha caracterizado los debates de los economistas, politólogos, etc.

3. Mecanicismo

El mecanicismo era el resultado de la constante acción y reacción entre un sinnúmero de átomos y fenómenos resultantes de los mismos, los cuales operaban como una gran máquina. Se percibía al universo entero como el gran reloj utilizado como analogía por René Descartes en su descripción del 'bête machine' (máquina animal). Descartes, siendo religioso, dejó afuera de esta máquina al alma humana, pero sus sucesores pronto lo incluyeron en el 'homme machine'. De este modo llegó a operar bajo esta perspectiva la totalidad de las ciencias modernas, incluyendo las sociales y humanas. El mecanicismo lleva del concepto básico de causa-efecto al comportamiento acción-reacción, que no admite la decisión, sino que limita al hombre a seguir los ‘instintos’ de su ‘naturaleza animal’.

4. Determinismo

El determinismo es la conclusión lógica de los tres elementos anteriores. Si todo es compuesto de átomos y si todo fenómeno puede reducirse a las sucesivas relaciones de causa y efecto entre éstos como en una gran máquina, entonces el pasado determina el presente y éste decreta el futuro. Incluso se llegó a afirmar que si fuera posible calcular con precisión en un momento dado la masa, posición, velocidad y dirección de cada átomo del universo, se podría predecir con certeza el futuro. Era como una versión cientista del fatalismo, en la cual el rector del destino ya no era un Dios bondadoso y justo, sino una gran máquina impersonal e implacable.

Las ciencias sociales tradicionales y positivistas se suscriben bajo el determinismo. Sostienen que la suma de los intereses, la motivación y el poder de los individuos y el cómo, cuando y donde se producen y resuelven los choques o conflictos entre ellos, determinan los sucesos que se van desenvolviendo en la sociedad. Una variante de esto es el ‘ambientalismo’ (o ‘culturalismo’ para no confundirlo con la defensa del medioambiente), según el cual el comportamiento de cada persona es determinado por su entorno o por su cultura. Por su parte, el determinismo biológico establece que el comportamiento humano es determinado genéticamente, como veremos más adelante.

Una de las implicaciones del determinismo es que el comportamiento humano se limita a una relación de acción-reacción con su entorno físico. Esto le resta tanto la decisión como la responsabilidad al ser humano. Si soy producto de lo que me ha sucedido en la vida, no puedo cambiar. Si la sociedad es producto de su propio pasado, no puede cambiar tampoco. Entonces, ¿para qué esforzarnos por ser mejores o por cambiar la sociedad? Viktor Frankl cuestiona esto al proponer un espacio de decisión entre acción y reacción, espacio que en unos es mayor y en otros es menor, pero que puede ser ampliado mediante el esfuerzo constante por ejercer la capacidad decisoria.2 De esta perspectiva nace toda una bibliografía sobre el cultivo de la 'proactividad'.

5. Materialismo

El Materialismo es consecuencia de todo lo anterior. De acuerdo con este enfoque, todos los seres y fenómenos que existen pueden ser explicados en última instancia por los átomos y sus relaciones de causa-efecto entre sí. Los seres humanos no somos más que paquetes de fibras, hormonas, ADN, nervios e impulsos, programados genéticamente y determinados socialmente a actuar de determinada manera, que podrá eventualmente ser predicha y controlada por las ciencias sociales. Varias ideologías y pseudociencias, que siguen teniendo bastante vigencia hoy en día, se han basado en esta visión del ser humano como ente meramente material y, por tanto, motivado sólo por intereses materiales.3 Esto le ha restado sentido y riqueza a la vida de miles de millones de habitantes del planeta.

En suma, es en base a estos cinco supuestos que se han construido la mayoría de las teorías de las ciencias sociales que apoyan al mito del agonismo: que el ser humano es por naturaleza egoísta, agresivo, acaparador y violento; y que el conflicto y la competencia son endémicos e incluso necesarios en toda sociedad. Más adelante se conocerán algunas alternativas a estos supuestos, pero antes de continuar analicemos brevemente un préstamo epistemológico tomado de la física, que ha influido fuertemente en la consolidación del mito del agonismo: la entropía social.

 

C. La Entropía Social

La entropía, o 'segunda ley de la termodinámica', fue enunciada por Rudolf Clausius en 1865. La primera ley dicta que la materia y la energía no se crean ni se destruyen, sino que únicamente se mudan de estado o lugar, mientras que en la segunda, el grado de desorden de un sistema aislado aumenta continuamente o permanece constante. Ya que el universo entero constituye un sistema aislado (sin intercambio con otro sistema), en cada momento su entropía es mayor.4

La entropía social es un préstamo epistemológico de la física, según el cual la sociedad estaría destinada finalmente a desintegrarse, al igual que todo lo demás, llevando a muchos a suponer que su destrucción final es inevitable. En general se argumenta que la multiplicación de individuos, motivaciones e intereses, y la lucha de todos por satisfacer dichos intereses, irían multiplicando la complejidad de la sociedad hasta que llega a un punto insostenible y colapsa. La necesidad de aumentar cada vez más la complejidad de los sistemas sociales en respuesta a la creciente complejidad social, combinada con la decadencia natural de toda estructura social, significa que con el tiempo la sociedad gastaría más energía en mantener sus estructuras que en proporcionar beneficios a sus miembros. La resultante insatisfacción social llevaría eventualmente a la anarquía (literalmente ‘falta de ley’), con la desintegración total de la sociedad en un mero agregado de sus componentes individuales, en ausencia de convenciones, percepciones y objetivos compartidos.5

La ley de la entropía ha sido asociada con la teoría del 'big bang', según la cual el universo se estaría expandiendo en una constante explosión hacia afuera, lo cual algunos autores han tomado como la causa de la entropía. Esto demuestra un entendimiento erróneo de la entropía, que en realidad no evidencia la existencia de una ley que causa el comportamiento entrópico, sino que más bien es un comportamiento aleatorio que se observa en ausencia de alguna ley que imponga orden. Explica William Hatcher:

…la ley de la entropía… dicta que el orden –o la evolución de un sistema hacia el orden– es improbable, por que el desorden –o la degeneración hacia el desorden– es una configuración probable (natural). A la luz de esta ley, muchas teorías fácticas no requieren de explicación. Si nuestra observación de un sistema constata un aumento constante hacia el desorden, no hace falta buscar una causa del fenómeno, pues constituye un estado natural. Pero si se observa que un sistema evoluciona persistentemente hacia un aumento en el orden, entonces debe necesariamente existir alguna causa (observable o no) del fenómeno, por lo que se debe buscar su origen.6

La entropía, entonces, es lo que sucede cuando no se aplica ninguna ley. Esto significaría que la existencia de leyes obra en contra del avance de la entropía. Por tanto, si existe el desorden en la sociedad, no es por operación de una supuesta ley entrópica, sino por la falta de la legislación y el ordenamiento necesarios para establecer el orden social, o que no estén adecuadas a los requerimientos del momento. En el caso de la sociedad, como con todo sistema, existe un juego entre su evolución interna y los cambios en su entorno externo. Pierre Teilhard de Chardin observa que, así como el mundo social se encuentra en expansión espacial, también se encuentra en un proceso de 'complexificación' o evolución orgánica de lo sencillo a lo complejo. Esto se relaciona con un aumento correlativo en la interiorización, es decir en el psique o la conciencia de la humanidad.7

La no adaptación del orden social a las exigencias de estas modificaciones produce tensión interna y con su ambiente que, de dejarse sin resolución, acabaría por destruir el sistema. Así como la vida orgánica es adaptiva, la vida de la sociedad debe adaptarse a su propia transformación interna y a cambios en su entorno, o desaparecer. En este sentido, la idea de que no es necesario un fin entrópico del mundo –ya sea natural o social– ha sido planteada por varios autores. Por ejemplo, los economistas ecológicos Norgaard y Swaney sostienen que la vida constituye una fuerza antientrópica en la medida que ella lucha por extenderse y adaptarse a las condiciones ambientales.8

 

D. La Nueva Física

La 'nueva física' representa una revolución paradigmática ocurrida en esa ciencia principalmente a partir de inicios del siglo XX con el desarrollo de la física cuántica. Sus descubrimientos prácticamente dejan sin validez los postulados de la física newtoniana respecto al comportamiento de los átomos (excepto en juegos como billar y canicas). Resulta que el átomo no es indivisible, sino compuesto de elementos subatómicos como electrones, neutrones y protones. No es esférico e impenetrable, pues si fuese del tamaño de un estadio de fútbol, su núcleo parecería un grano de arena en medio de la cancha y los demás elementos como partículas de polvo flotando en el aire. Los elementos subatómicos tampoco son sólidos, sino que forman una especie de campo electromagnético en torno al núcleo, comportándose a veces como partículas y a veces como ondas de energía, según la óptica desde la que se los mira.

En cuanto al choque entre átomos, no explica mayores fenómenos, sino que principalmente se relaciona con el aumento de la energía calórica en un gas o líquido. Cuando colisionan los elementos subatómicos a velocidades cercanas a la de la luz, como en los rayos solares o los ‘aceleradores de partículas’, no rebotan como se imaginaba Newton. Más bien la energía latente en su masa y velocidad conjuntas, explota en un abanico de nuevos elementos subatómicos, perdurando los estables y desapareciendo los inestables en un espiral hacia adentro.

Las implicaciones filosóficas de la nueva física han sido el tema de numerosos libros y mucha especulación. Por ejemplo, en “El Tao de la Física” Fritjof Capra plantea que la nueva física ha llegado a muchas de las mismas conclusiones que el Budismo, pero por otro camino. Posteriormente, en “La Trama de la Vida” el mismo autor había demostrado como la nueva física presenta una visión unificada del mundo, similar a la que habían alcanzado los místicos de antaño. Sin embargo, por lo pronto consideremos brevemente de qué manera pone en duda los cinco supuestos que legó la física clásica a las ciencias sociales tradicionales.

1. La muerte del reduccionismo

El reduccionismo ha sido descartado a favor de una labor científica que procure hallar las dinámicas que caractericen a cada fenómeno a su propio nivel. Ya no se puede reducirlo todo al choque entre átomos, sino que es necesario observar desprejuiciadamente cada fenómeno en búsqueda de lo que nos puede enseñar como tal. Desde luego, no faltan quienes busquen nuevos reduccionismos, como la tendencia a redefinir todo en términos de ‘energías’, o el libro “Critical Mass - How one thing leads to another”, donde Philip Ball explora de qué manera los descubrimientos recientes pueden llevar a una “nueva física de la sociedad”.9

2. El pensamiento sistémico

Por otra parte, a diferencia del individualismo que se desprende del atomismo, tales descubrimientos como los campos de fuerza electromagnéticos han resultado a una toma de conciencia respecto a las íntimas interrelaciones que caracterizan todos los seres y fenómenos. Esto ha dado lugar a nuevas interpretaciones del mundo como la Teoría de Sistemas. Esta teoría analiza la dinámica y evolución de los sistemas como más que la suma de sus partes individuales. Abarca toda clase de sistemas, desde los elementos subatómicos hasta los comportamientos individuales, desde los ecosistemas hasta la sociedad, e incluso el sistema solar. La Teoría de Sistemas no constituye un nuevo reduccionismo, sino el reconocimiento de las fuerzas que enlazan a los seres en configuraciones comunes. Ofrece una forma de percibir la diversidad de los sistemas, ya no como elementos dicotómicos en conflicto, sino como contribuyentes en una relación de mutua complementariedad.

3. El organicismo

La nueva física y la Teoría de Sistemas han hecho posible trocar el paradigma mecanicista por otro que se ha llegado a denominar el ‘organicismo’, también conocido como ‘organismo’ o ‘teoría organísmica’. En esta nueva cosmovisión se percibe a los diferentes sistemas del mundo, ya no como piezas de una gran máquina, sino como seres vivientes con sus propios procesos vitales, desde el átomo hasta el cosmos, desde el ser humano individual hasta la raza humana como un todo.

Hay toda una serie de analogías para las ciencias sociales que podrían agruparse bajo la designación de ‘organicismo’. Básicamente se trata de analizar a la sociedad como si fuera un organismo vivo como el cuerpo humano, en el cual sus miembros individuales son las células, y sus instituciones y estructuras sociales son los diferentes sistemas y órganos. Estos organismos suelen contiener dentro de sí otros subsistemas a la vez que forman parte de supersistemas más amplios. El análisis de la sociedad como sistemas dentro de sistemas, conformando un solo organismo vivo, ha aportado fuertemente a repensar las ciencias sociales desde la óptica del mutualismo.

Durante la colonización, esta imagen fue utilizada para naturalizar y justificar la permanencia de las estructuras de dominación del estatus quo. Si los hombres blancos de Europa esclavizaban a los negros de África, era considerado tan natural como el hecho de que el cerebro controla los pies, una ley del universo, divinamente ordenado. Actualmente, por tanto, muchos cientistas sociales rechazan una perspectiva de la sociedad como una unidad orgánica, aduciendo que esta forma de pensar atenta contra la diversidad de la humanidad y la homogeniza.

Sin embargo, bajo el esquema actual, el organicismo se plantea, no para justificar el estatus quo, sino para cuestionarlo. Si la sociedad es como el cuerpo humano, entonces los males que la aquejan son como las enfermedades de ese cuerpo. La rica diversidad del género humano es comparable con la diversidad de células y tejidos en el cuerpo, que en un cuerpo saludable funcionan en perfecta unidad y equilibrio entre sí. Del mismo modo, la sociedad como un ‘cuerpo político’ debe caracterizarse por la 'unidad en diversidad'. Las dolencias que amenazan la salud de este cuerpo se deben a la falta de justicia entre sus partes constituyentes, la cual destruye su unidad y, por ende, su paz.

La teoría organísmica no es reduccionismo, sino que emplea la imagen del ‘organismo’ como una analogía ilustrativa. Representa lo que en la Teoría de Sistemas se puede clasificar como ‘sistemas’, que abarcan tanto los cuerpos físicos como los colectivos humanos. Ambos parecen estar sujetas a los mismos procesos y leyes que rigen a todos los sistemas, desde los átomos hasta el universo como un todo. Así se ha superado la imagen de la sociedad como una mera suma de sus miembros individuales, o como una gran máquina en la cual sus piezas se encuentran en relaciones dicotómicas y mecánicas de acción–reacción y dominación–sumisión.

4. La autodeterminación

El determinismo, a su vez, ha cedido su lugar de privilegio a nuevos principios como la incertidumbre, la indeterminación y la probabilística. Ya no se sueña con poder predecir el futuro en base al pasado o presente, pues es imposible determinar a la vez la posición y el movimiento de una partícula. Lo que es más importante aún, las implicaciones de la nueva física atribuyen una medida de voluntad a todo sistema, desde el más sencillo hasta el más complejo. Sus decisiones son orientadas hacia lo que puede llegar a ser y lo que necesita para alcanzarlo. Cada sistema toma o adapta de su entorno lo que requiere para actualizar su potencial, en una relación de mutua influencia no determinante. El feto en la matriz, si no encuentra los elementos que necesita para su desarrollo, los fabrica en base a los materiales disponibles. El niño requiere de cariño para su desarrollo psicológico, y si no lo encuentra fácilmente lo busca en su entorno o lo fabrica con sus juguetes o en su imaginación. De este modo el ser no es empujado u obligado por eventos de su pasado, como dicta el determinismo, sino que es atraído hacia las posibilidades latentes de su futuro.

El hecho de cambiar el enfoque del pasado al futuro significa ya no buscar pretextos por ser como somos, sino responder ante el desafío de ser diferentes y mejores a partir de hoy. Es más, ofrece toda una nueva forma de entender el destino de manera no fatalista. Por ejemplo, una semilla puede estar predestinada a convertirse en un gran árbol, cargado con hojas, flores y frutos, hogar de todo un ecosistema consistente de miles de otras plantas y animales que habitan en él, y a la vez miembro productivo de un ecosistema aún mayor. Sin embargo, si esa semilla nunca tiene la posibilidad de germinar, jamás cumplirá tan elevado destino; si germina y crece en un lugar carente de los elementos necesarios para su desarrollo, lo alcanzará en parte; y si es arrancado o consumido en un incendio, quedará truncado su destino.

El ser humano y su sociedad también constituyen sistemas vivientes, paquetes de potencial que buscan nutrirse para poder alcanzar su destino. El bienestar de la persona y de la sociedad son inextricablemente interdependientes, pues el infortunio de un solo individuo es un infortunio para la colectividad. Para que la sociedad alcance su pleno potencial, es necesario que cada uno de sus miembros logre el suyo. Esto ha dado lugar a un nuevo ethos que responsabiliza a la sociedad en su conjunto de hacer lo necesario para cultivar las capacidades latentes en todos sus miembros. Bajo esta perspectiva, cada niño nace como fideicomiso a la humanidad toda, a la cual se confía el encargo de cuidarlo y cultivar su potencial. Los seres humanos ya no necesitan verse como atrapados en una “guerra de todos contra todos” como sugiere Hobbes, en la que la vida era “solitaria, pobre, desagradable, embrutecida y breve”. Es posible ya pensar una sociedad de todos a favor de todos y una vida afectuosa, rica, agradable, esclarecida y larga.

5. Más allá del materialismo

Finalmente, ha surgido un profundo cuestionamiento del valor atribuido a los estrechos confines epistemológicos del supuesto materialista en las ciencias, particularmente las sociales y humanas. Este cambio ha sido alimentado por descubrimientos como: la dualidad partícula/onda de los elementos subatómicos; la vida orgánica que caracteriza a sistemas que antes se creían inanimados, deterministas y mecánicos; el redescubrimiento –por vía de la más dura de las ciencias– de verdades ya conocidos por los místicos de antaño; y el concepto de un capital espiritual y su consecuente desarrollo.10

Además, los aprendizajes cosechados tras la aplicación en los últimos siglos de dos sistemas materialistas –el capitalismo industrial y el socialismo marxista– han dado lugar a una creciente conciencia de que el logro del bienestar físico no basta para la plena realización del potencial individual y social y un vuelco hacia la búsqueda de medios para fomentar la realización de su potencial espiritual. Claro que ciertos elementos de esta búsqueda han tomado derroteros escabrosos –como el nuevo reduccionismo de interpretar todos los fenómenos en términos de ‘energía’ y algunas de las conjeturas fantasiosas que han surgido en consecuencia– pero lo importante en estas etapas tempranas del proceso es el gran interés generado en todos los sectores en dirección al enriquecimiento de la vida y salud espiritual del ser humano y su sociedad.

 

E. Conclusiones

Aunque se ha demostrado ya que el choque entre átomos no es la causa de mayores fenómenos, su aplicación a la sociedad aún rige con fuerza en la filosofía popular y en la de muchos cientistas sociales y humanos. Esto pese al hecho de que las implicaciones filosóficas de nueva física han desmentido los diversos elementos de la cosmovisión tradicional. No obstante, las ciencias que se forjaron en su molde, y en particular las sociales, parecen no haberse percatado aún de este hecho y siguen arrastrando el peso muerto de un metaparadigma vetusto y caduco. Los supuestos subyacentes del reduccionismo, atomismo, mecanicismo, determinismo y materialismo perduran sin haber sido ampliamente cuestionados en cuanto sus implicaciones para las ciencias sociales. Esto tal vez se debe a que permanecen, en su mayor parte, inconscientes e irreconocidos. Su “salvación”, como lo señalara Bourdieu, consiste en “volver consciente lo inconsciente”.

 

Preguntas de Estudio:

Después de leer el texto, responda a las siguientes preguntas en sus propias palabras:

• La física clásica, ¿cómo adelantó el desarrollo de las ciencias humanas y sociales?

• ¿De qué manera se constituyó en cosmovisión para la cultura del agonismo? Describir los elementos de esta vieja cosmovisión.

• La ‘Nueva Física’, cómo ha abierto la puerta a una nueva cosmovisión? Describir los elementos de esta nueva cosmovisión.

• ¿Por qué la Entropía Social no es buena ciencia?

 


Notas:

1. Lewontin, R.C: “Biology as Ideology - The Doctrine of DNA”. New York: Harper-Collins Publishers, Inc., 1991, p. 14.

2. Frankl, Victor E.: “Man’s Search for Meaning, an Introduction to Logotherapy” (título original: “From Death-Camp to Existentialism”), Nueva York: Beacon Press, 1959.

3. El mayor error de estas interpretaciones es su sesgo positivista, evidenciado en el uso de palabras como ‘siempre’ y ‘nunca’, ‘todos’ y ‘ninguno’. El hecho de haber encontrado una explicación para un fenómeno determinado no significa que sea necesariamente la única. Además, el que con los métodos actuales de la ciencia no se haya logrado estudiar un fenómeno, no significa que no existe.

4. Cabe notar que estas leyes no invalidaron las de la física mecánica de Newton, sino que únicamente constituyeron una interpretación alternativa.

5. Este pensamiento distópico es tratado en mayor detalle en Newton P., “Rol de la Utopía en la Configuración de Nuevos Imaginarios hacia el Cambio Socio-Cultural”.

6. Hatcher, William: “Minimalism”. Hong Kong: Juxta Publishing Ltd., 2004, p. 79.

7. Teilhard de Chardin, Pierre. “The Phenomenon of Man”. Nueva York: Harper & Row Publishers, 2008.

8. Analizado en Araujo, María Caridad: “Entropía y procesos productivos: una aplicación a la economía ecuatoriana”. Quito: Ediciones Abya-Yala, 1998.

9. Ball, Philip: “Critical Mass - How one thing leads to another”. Nueva York: Farrar, Straus & Giroux, 2004.

10. Zohar, Dana y Marshall, Ian. “Spiritual Capital – Wealth we can live by”. San Francisco: Berrett-Koehler Publishers, Inc., 2004.

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