Martes, 02 Marzo 2010 20:26

C. La ley de la selva

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En este capítulo se cuestiona la concepción tradicional de la 'Ley de la Selva' y el dicho de que "el hombre es lobo del hombre", a la luz de hallazgos recientes por parte de la ecología o estudio de ecosistemas. Esto es seguido por un análisis de las implicaciones sociales que han tenido dichas nociones antiguas y las conclusiones que pueden aportar los nuevos conocimientos para el fomento de una cultura de paz.

 

A. La Ley de la Selva

La versión clásica de la 'Ley de la Selva' abarca toda una serie de supuestos pre-ecológicos acerca de las interrelaciones entre las especies dentro de un ecosistema, así como su correspondiente interpretación de las relaciones sociales. El término no tiene origen científico sino literario, habiendo sido acuñado por Rudyard Kipling en su “Libro de la Selva” en el año 1894. Allí el autor describe una especie de código jurídico acatado por los lobos y demás animales antropomorfizados en la jungla de la India, el cual permitía su convivencia pacífica. Actualmente, no obstante, ha obtenido un estatus cuasi-científico y se asocia en la mente popular con conceptos más bien agónicos, como por ejemplo que cada persona debe defenderse por sí sola en este mundo cruel, que no hay reglas o que todo vale en la lucha por la vida, que el poder otorga derecho, la supervivencia del más fuerte, el matar o ser matado, el comer o ser comido, que el hombre es el lobo del hombre, etc.

Más específicamente, esta concepción interpreta la proverbial "selva" como lugar de recursos efectivamente limitados y población potencialmente ilimitada, situación que obliga a sus habitantes a competir entre sí por obtener una mayor porción, comer o ser comido, en la pugna por aumentar sus posibilidades de sobrevivir. El aprovechamiento de recursos por unos excluía su uso por los demás, por lo que cada éxito de aquellos significaba una pérdida igual para éstos. En otras palabras, la jungla era percibida como una torta de dimensiones fijas, de la cual cada especie luchaba por obtener una tajada más grande.

1. Implicaciones sociales

El problema con esta descripción de la selva no era meramente su imprecisión científica, sino sus implicaciones sociales. Se asumía que el ser humano provenía de esa selva, que pertenecía a ella, y que, por tanto, era sujeto a sus leyes. Se equiparaba a la sociedad con una selva humana en la cual los individuos y colectivos de diversa índole pugnaban entre sí por obtener los recursos disponibles. La 'Ley de la Selva' formó parte de la cosmovisión agónica sobre cuyos cimientos se construyeron muchas de las estructuras sociales que conocemos hoy en día, tanto económicas, políticas, sociales, etc.

De este modo, el mercado llegó a ser una selva donde diversos actores competían por una participación mayor de las ganancias. La arena política se convirtió en otra selva, donde los políticos luchaban entre sí por un bien tan apreciado como escaso llamado el 'poder'. Similares pugnas se desarrollaron entre los estudiantes por obtener las mejores notas, entre las denominaciones religiosas por tener más verdad y ser más salvos, entre el médico y las enfermedades contra las que luchaban, entre el 'progreso' y la naturaleza, e incluso entre el agricultor y el campo, pues había que devastar la tierra para poder arrancarle sus frutos.

Nos hemos acostumbrado tanto a esta situación de lucha y pugna generalizada, que ya no nos extraña sino que nos parece de lo más 'normal'. En consecuencia, hemos dejado de llamarla 'Ley de la Selva' y llegado a considerarla resultado natural de las leyes legítimas de cada nación. Ahora cuando se oye el término 'Ley de la Selva' se piensa más bien en lo que sucedería en caso de un descalabro generalizado del orden establecido: una situación de anarquía en la cual se impondría la tiranía del más fuerte, como se supone que sucede en el mundo animal. Sin embargo, no nos olvidemos del hecho de que dicho 'orden establecido' ya de por sí está organizado como una selva en la cual se compite por 'sobrevivir'.

2. Nace la Ecología

En la época del desarrollo de este concepto, se estudiaba la flora y fauna en forma aislada o dentro de una esfera relativamente reducida de relacionamiento e influencia. Muchos de los investigadores eran en realidad exploradores oportunistas, con poco o nada de formación científica. Carecían de los instrumentos conceptuales y prácticos necesarios para estudiar los ecosistemas como tal, por lo que su comprensión de la 'Ley de la Selva' era necesariamente superficial, limitándose en su casi totalidad a ciertas observaciones casuales.

En la década de los años 1960, sin embargo, nació una nueva ciencia llamada 'Ecología' que vino a llenar este vacío. La ecología estudiaba las vinculaciones entre los seres vivos y sus relaciones con el entorno o, en otras palabras, los ecosistemas como superorganismos cuyas características trascienden las de sus miembros individuales. De este modo se hizo posible por primera vez realmente estudiar la selva con todo rigor científico.

Los ecólogos han analizado bajo diversas circunstancias los efectos de extraer de un ecosistema a todos los miembros de una misma especie, y en todos los casos el sistema ha perdido vitalidad. Este no sería el caso si la verdadera 'Ley de la Selva' fuese en realidad la pugna y competencia por recursos limitados, pues en una situación de 'menos boca más me toca', la eliminación de un competidor significa que hay más para el resto, quienes mejorarían su situación. El hecho de disminuirse el bienestar de todos los habitantes del ecosistema significa que su relación con la especie extraída había sido de mutuo apoyo y simbiosis, aún cuando aparentemente fuera su depredador.

Un ejemplo clásico de esto es el caso de los pastores de ovejas, quienes observaban que periódicamente perdían a una de sus ovejas por causa de los lobos que habitaban la región. Montaron una campaña de cacería contra los lobos, logrando así su exterminación efectiva. De este modo se acabó la matanza de las ovejas, pero pronto surgió otro problema peor. En ausencia de su predador natural, comenzó a crecer desproporcionadamente la población de conejos, los cuales comían el pasto de las ovejas. Pronto se redujo a tal nivel la cantidad de pasto disponible para éstas que comenzaron a morir de hambre, y en mayores números que cuando les atacaban los lobos. Finalmente los pastores se vieron obligados a importar lobos de afuera para poder controlar la población de conejos. Ya no les importó sacrificar una que otra oveja para alimentar a los lobos, pues era un precio pequeño que pagar para asegurar el bienestar del rebaño como un todo.

3. La nueva 'Ley de la Selva'

A raíz de estos y otros experimentos, se ha concluido que la verdadera 'Ley de la Selva' es la sinergia, el apoyo mutuo y las relaciones simbióticas entre todos los seres vivos. Éstos extraen del sistema sólo lo necesario para poder vivir, a la vez que aportan valiosos 'servicios ecológicos', como la producción de alimentos en abundancia, la higiene, limpieza y filtrado de impurezas, el procesamiento de desechos en rico compost, el mantenimiento y mejoramiento de los suelos, etc. Mientras más aporta cada miembro al sistema, más bienestar gozan todos, incluyendo el mismo contribuyente.

Por ejemplo, manzano sólo necesitaría producir una manzana durante toda su vida para asegurar su reproducción. Sin embargo, produce cientos de manzanas cada año, por que está alimentando al sistema del cual forma parte, aumentando así el bienestar de todos, incluyéndose a sí mismo. La tortuga marina pone docenas de huevos en la playa, no para competir con sus predadores, sino para alimentarlos, pues a la larga serán ellos quienes les alimentarán a ella y a las crías que sobreviven. Incluso el león, al perseguir su presa, realiza servicios ecológicos al aumentar la salud cardiovascular de la manada; entresacar a los viejos, lisiados y débiles; y asegurar que se remueva la tierra con las pezuñas cortantes, favoreciendo así el crecimiento del pasto del cual se alimentan las mismas bestias.

No faltará en este punto quien nos acuse de estar atribuyendo intencionalidad a las especies al decir que prestan servicios ecológicos. Sin embargo, esta interpretación no atribuye más intencionalidad que la anterior según la cual competían por sobrevivir. La única diferencia real es que se estamos tan acostumbrados a pensar en términos de competición, que nos parece más ‘natural’ que la cooperación.

De modo similar, una sociedad que se caracteriza por la interdependencia y el apoyo mutuo entre sus miembros, avanza por medio de los aportes que realice cada uno por encima de lo que resta de la totalidad. Si hemos de ser fieles a las leyes del universo, nos convendría modificar profundamente nuestras estructuras sociales, armonizándolas con la cooperación, la reciprocidad y el servicio mutuo que caracterizan al mundo natural.

Nace de este modo la noción de una ‘ecología social’, que presta nuevas metáforas a la conceptualización de la sociedad como una red compleja de interconexiones e influencias mutuas. Concebida así la sociedad, la actual cultura del agonismo es destructivo y contraproducente para el sistema como un todo. Karlberg explica que:

…mediante estas interconexiones complejas, la opresión y el empobrecimiento de cualquier población afecta a todos los miembros de la ecología social. Esto se puede apreciar, por ejemplo, en la estrecha relación que existe entre la pobreza y el crecimiento demográfico, los cuales a su vez se vinculan con la degradación ambiental y la escasez de alimentos. Estas condiciones mantienen a las sociedades en un estado perpetuo de conflicto e inseguridad, que a su vez resulta en mayores gastos en las fuerzas policíacas y militares. La cargan de estos desembolsos recae sobre todos los miembros de la sociedad – ya sean ricos o pobres, opresores u oprimidos – y acaban por profundizar los ciclos de conflicto e inseguridad en vez de tratar sus causas de raíz.1

 

B. El "Lobo del Hombre"

Una variante de la 'Ley de la Selva' es la famosa fórmula de Plautus en su Asinaria, retomada por Thomas Hobbes en su "Leviatán" (1651): homo hominis lupus, "el hombre es lobo del hombre".2 Es decir, cada persona se ve obligada a "comer o ser comido", "matar o ser matado". Actualmente, este concepto se relaciona con versiones tempranas de la "cadena alimenticia", según la cual las plantas son consumidas por los animales y cada animal por otros, en una sucesión relativamente lineal.

De acuerdo con esta versión, el hombre se encuentra en el extremo más alto de la cadena, pues come a tanto plantas como animales, y surge la pregunta ¿quién come al hombre? La respuesta dada en este caso es que el predador del hombre es otro hombre. Esta noción ha sido tomada por muchos como ley universal capaz de explicar o 'justificar' un comportamiento depredador entre los seres humanos. En particular, se empleó como elemento en la justificación de la conquista y explotación de los pueblos autóctonos, surgida desde el continente europeo a partir del siglo XVI. El poder otorga derecho. Si todos comen o son comidos, y si el hombre es lobo del hombre, entonces no es de extrañarse que los pueblos más capaces exploten a los menos capacitados.

Hoy en día, sin embargo, los avances en la ciencia de la ecología han llevado al reemplazo de esta representación lineal de la cadena alimenticia por modelos más sistémicos de 'ciclos alimenticios', e incluso 'redes alimenticias'. La misma especie de gusano que es comido por el ave que es consumido por el hombre, puede acabar alimentándose de los cuerpos de tanto el pájaro como el hombre. Es decir, el gusano es lobo del ave que es lobo del gusano que es lobo del hombre, que es lobo del ave, y así sucesivamente.

Otro cambio conceptual, aún más profundo, como vimos en lo anterior, es el de trocar la anterior visión violenta del “comer o ser comido”, por una nueva cosmovisión en la cual cada miembro de un ecosistema presta valiosos 'servicios ecológicos' a las demás especies y al sistema como un todo. De este modo se forman ciclos y redes de servicios ecológicos. Cada especie proporciona alimento al sistema del cual se alimenta ella misma, y lo hace al máximo de su capacidad, pues mientras mejor alimentado esté el sistema, mejor se alimentará ella misma.

Bajo esta nueva perspectiva, cabría más bien preguntarse qué servicios presta actualmente, o puede / debe prestar el ser humano a la sociedad y a todo el ecosistema mundial del cual forma parte. ¿Estamos devolviendo al sistema tanto o más de lo que extraemos de él? De ser así, somos parte de la solución; caso contrario, somos parte del problema. Lo que es aún más importante, ¿estamos, con nuestras obras y palabras, reproduciendo nociones vetustas de la 'ley de la selva', o contribuyen nuestras acciones y expresiones a su superación y reemplazo con nuevos conceptos necesarios para avanzar hacia una cultura de paz?

 


Referencias:

1. Karlberg, Michael: “Beyond the Culture of Contest – From Adversarialism to Mutualism in an Age of Interdependence”. Oxford: George Ronald Publisher, 2004, p. 98.

2. Hobbes, Thomas, of Malmesbury. "Leviathan or the Matter, Forme, & Power of a Common-Wealth Ecclesiastical and Civill. Printed for Andrew Crooke at the Green Dragon in St. Paul's Churchyard”, 1651.

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