Domingo, 14 Marzo 2010 09:22

C. Naciones industrializadas

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Existen también entre las naciones industrializadas varios referentes interesantes. Como en el caso de las sociedades preindustriales, no sólo demuestran a la posibilidad de una cultura de paz, sino que pueden arrojar aprendizajes valiosos respecto al proceso de su desarrollo y posibles configuraciones. Se analizan dos casos: el de Noruega, una nación escandinava de occidente cuya cultura de paz ha atraído mucha atención en los últimos tiempos; y el de las naciones asiáticas modernas, varias de las cuales poseen culturas milenarias largamente reconocidas y estudiadas. Se concluye que el desarrollo de una cultura de paz requiere de la decisión compartida de lograr una sociedad armoniosa, de plasmarla en prácticas y formas culturalmente pertinentes, y de transmitir esta convicción y sus expresiones tangibles desde la temprana niñez.

 

 

Las evidencias de una cultura de paz, mutualismo y cooperación no se encuentran únicamente en las sociedades preindustriales; algunas naciones modernas también ofrecen modelos dignos de análisis. En esta sección se considerarán dos casos que con frecuencia se citan en este contexto, uno es occidental - la Noruega moderna - y el otro es las culturas de paz del grupo de países orientales. Su estudio es de interés por ser lo que Eckstein [1966:5] llama "casos de solución" o "sociedades que han logrado enfrentar bien los problemas que nos preocupan a todos". Refiriéndose a las sociedades asiáticas, Karlberg [2004:82] opina que muchas "...han valorado mucho más la armonía y la interdependencia colectiva que el conflicto y el individualismo competitivo. Tales actitudes a su vez han sostenido el desarrollo de artes, ciencias y tecnologías sofisticadas, así como sistemas complejos y extensos de administración pública".

 

A. Noruega Contemporánea1

Existe muy poca violencia y conflicto en la Noruega moderna, un país de bajos índices de violencia interna, huelgas y paros, homicidios y suicidios. A primera vista esto podría parecer de limitada importancia relativa, siendo un país próspero pero pequeño y escasamente poblado, con un solo idioma, homogeneidad étnica, carencia de grandes divisiones de clase y que no es una potencia mundial. Sin embargo, una mirada más atenta revela que algunos de estos factores podrían ser el resultado - no la causa - de su capacidad para manejar el conflicto de maneras constructivas.

Aunque hay ciertas características estructurales de la sociedad noruega que se asocian con los bajos índices de conflicto interno y externo, también se deben considerar los aspectos psicoculturales. El país no sólo se ha 'organizado' de una manera que previene los conflictos graves, sino que su prevención constituye un valor cultural profundamente arraigado, inculcado mediante diversas prácticas en cada fase de la vida. De este modo, su análisis podría sugerirnos prácticas que resulten en un manejo constructivo de las controversias y ayudarnos a comprender los arreglos estructurales y las disposiciones psicoculturales en un entorno de reducido conflicto.

La sociedad noruega les parece más homogénea a los fuereños que a los nacionales, quienes suelen vivir fuertemente arraigados en comunidades locales con diferencias regionales descritas en términos raciales y con una historia de enconadas controversias lingüísticas y religiosas. Hay una gran participación en las comunidades locales y asociaciones voluntarias, así como una fuerte identificación nacional. Noruega tiene un bajo índice de conflicto interno, pero sí ha peleado con sus vecinos. Sus antepasados vikingos tenían reputación de agresivos, aunque su sociedad doméstica era relativamente pacífica. Desde su independencia de Dinamarca en el año 1815 y su liberación de Suecia en 1905, Noruega ha participado mucho menos en los conflictos externos que la mayoría de naciones de Europa Occidental, y se ha caracterizado por su desconfianza hacia los fuereños.

Aunque los Noruegos valoran su independencia individual, a la vez sienten gran responsabilidad por el bienestar ajeno y poseen amplias 'redes morales' o personas capaces de brindar apoyo en momentos de necesidad. Para unos esto significa vivir junto a la familia extendida y para otros la cercanía de amigos y vecinos. Por ejemplo, en las zonas rurales se observa mucho intercambio de mano de obra agrícola. Aunque la interacción social como tal es infrecuente y poco afectuosa, cada uno sabe que los demás están allí para cuando se les necesita. La intensa participación en asociaciones voluntarias (a menudo caracterizadas por sus vínculos instrumentales más que emocionales) y extenso traslapamiento de redes sociales, dificulta la división de las comunidades en facciones permanentes.

La socialización temprana es muy afectuosa, poco agresiva y la identidad de género entre varones no es particularmente problemática. La crianza de los niños noruegos ha sido descrita como cariñosa, indulgente y bondadosa, siendo raros los casos de castigo físico. Se dan muchos cuidados maternos, con poco énfasis en la disciplina o el control, pero con una atenta vigilancia. Se exige poco a los más pequeños, quienes participan mucho en actividades lúdicas espontáneas y en la exploración de su entorno inmediato. Existe poca instrucción verbal por parte de los padres y es poco frecuente la expresión de emociones fuertes. Hay mucha participación por parte del padre, una fuerte énfasis en la cultura paritaria, y poca presión en los niños por sobresalir. Se enfatiza el autocontrol de las emociones, especialmente los sentimientos negativos. Este es un tema importante para los adultos también, por lo que sus interacciones pueden parecer altamente estilizadas y superficiales.

El valor atribuido a la no expresión abierta de la agresión y al ejercicio del autocontrol, sugiere que la falta de agresividad sea promovida por un bajo nivel de permisividaden el poco castigo a los niños. Está claro que los Noruegos aprenden a temprana edad que no es aceptable la confrontación directa, mucho menos la agresión abierta. Las presiones por conformarse aparentemente obvian la necesidad de castigos severos, pues los individuos y grupos se controlan entre sí.

La identidad de género (entre ambos sexos) no parece ser particularmente problemática. No se evidencia entre los varones la necesidad de romper los lazos emocionales con sus madres, ni que los padres les hagan tremendas novatadas de agresión masculina compensatoria frente a sus hijos. Tampoco la sexualidad constituye un dominio emocionalmente cargado, sino aparentemente todo lo contrario). La igualdad de género ha sido de interés en Noruega durante mucho tiempo, y recientemente se ha visto un aumento en las tareas compartidas entre cónyuges, especialmente en las zonas más urbanas.

Una estrategia cultural de importancia para el manejo de la agresión, consiste en evitar situaciones donde podría expresarse sin querer la hostilidad. Los roles familiares son altamente estructurados y se separan los individuos cuando podrían surgir tensiones. Una suegra y su nuera, si habitan el mismo hogar, evitan mutuamente el molestarse. Un padre y su hijo adulto pueden participar de la misma tarea, pero en diferentes sitios, como por ejemplo cortar leña durante horas en lados opuestos de la casa. Debido a la norma en contra de las expresiones agresivas, las personas que se tienen antipatía a veces aparecen juntos en público sin dejar que esto interfiera con su desempeño, mientras que en otros casos se evitan por completo. El retraimiento y aislamiento se aprenden como maneras apropiadas de manejar la hostilidad.

Algunos autores relacionan la poca conflictividad en Noruega con un profundo sentido colectivo de responsabilidad social, el cual se expresa de varias maneras: el énfasis en la igualdad social, la atención a las normas comunitarias, la conformidad y la participación con o sin un elevado nivel de compromiso personal. Existe a la vez gran preocupación por el bienestar de los demás y cierta reserva emocional en las relaciones personales. Se tiene mucho cuidado por no lastimar los sentimientos de otros. Es poco común la franqueza en las relaciones interpersonales, pero se produce la cooperación por consideración mutua. Se emplean señales indirectas y no verbales para evitar dar órdenes directas, incluso a los niños. La amistad es altamente valorada y existe mutua receptividad y sensibilidad al interior de los grupos de amigos. Pese a su sensibilidad y reserva interpersonal, sin embargo, los noruegos suelen confiar en las autoridades públicas o cuasi-públicas y no suponen que los demás buscan aprovecharse de ellos. Antes bien, la comunidad está para apoyar a cada uno, cuando y donde se necesite.

La cultura expresiva de Noruega ofrece pocos modelos agresivos, con poca violencia televisiva, nada de boxeo, y las películas son controladas. Por ejemplo, se decidió que E.T. era demasiado violento para niños menores a 12 años. Los periódicos no sensacionalizan el crimen. Pocas personas poseen armas de fuego e incluso la policía por lo general está desarmada. Finalmente, es de importancia para los individuos el bajo nivel de estrés en la vida cotidiana. Sirven para aliviar la tensión la falta de ruido, la baja densidad poblacional y el disfrute de la naturaleza, como por ejemplo el excursionismo en los bosques. Los valores noruegos como el igualitarismo en los deportes, la economía y otros aspectos de la vida, desenfatizan la competencia y el rendimiento, a la vez que se enfatizan la seguridad y la salud.

Los procesos decisorios y el ejercicio de la autoridad en Noruega tienen como finalidad minimizar el conflicto abierto. En primer lugar, se hace un esfuerzo en muchos escenarios por llegar a amplios consensos privados antes de decidir un asunto públicamente. Se valoran y procuran por costumbre las coaliciones de gran alcance y, cuando no se puede llegar a un consenso, a menudo se abandona el asunto. Existen consejos de conciliación - instituciones locales en las cuales sirven tres ciudadanos por períodos de cuatro años - que tratan los casos civiles mediante la simple mediación antes de que llegue una controversia a los tribunales. De este modo se resuelve rápidamente más de la tercera parte de los casos civiles, que no llegan a pasar al sistema judicial formal. Finalmente, el legalismo y formalismo noruegos minimizan la controversia en los asuntos mediante la estandarización de la forma como se realizan las gestiones.

En suma, los elementos tanto socioestructurales como psicoculturales de la sociedad noruega contribuyen a su nivel relativamente bajo de violencia, a la vez que ayudan a mantener una cultura en la que se enfatiza el manejo pacífico y constructivo de los desacuerdos. La estructura de la sociedad noruega no favorece la formación de una fuerte oposición de intereses. Además, se enfatiza la armonía de la comunidad mediante la preocupación por otros y el énfasis en la igualdad. Estas disposiciones psicoculturales esenciales son sembradas en la socialización temprana, pero reforzadas mediante una amplia gama de prácticas culturales. Es interesante que, aunque la crianza de los niños en Noruega es cariñosa, indulgente y no punitiva, las relaciones entre los adultos se presentan como de reserva a nivel interpersonal pero de confianza frente a la comunidad en general. Aunque los noruegos parecen ser especialmente sensibles hacia los potenciales problemas en sus encuentros personales, se sienten protegidos por las normas y prácticas comunitarias. Las cuales sancionan fuertemente el comportamiento dañino.

 

B. Culturas Asiáticas2

Muchas de las sociedades asiáticas, como las de Japón, China, Tailandia y Vietnam, enfatizan la armonía y atribuyen gran valor a la capacidad para evitar la expresión abierta de los desacuerdos y del conflicto. Son sociedades estrictamente jerárquicas, pero esto, lejos de comprometer la armonía mediante pugnas de poder, asegura la estabilidad de las relaciones de poder. De esta manera se asegura la inclusión en el grupo, lo cual a su vez promueve la intimidad.

Estas culturas asiáticas poseen mecanismos de prevención y resolución de las controversias, tanto públicas como privadas, en los cuales participan los terceros de manera formal y ritualizada. En una serie televisiva popular de Japón, los conflictos generacionales entre el padre anticuado y sus dos hijos, siempre acaban siendo resueltos por la intervención de amigos y parientes. Este método tiene varias ventajas. Uno de los motivos para resolver el conflicto es el de preservar la dignidad del intermediario, quien a su vez puede pedir disculpas por el protagonista principal y recibir un rechazo sin tomarlo personalmente, como en el caso de las casamenteras. Un mediador puede presionarle a otro a actuar correctamente sin arriesgar el conflicto directo que podría surgir si las partes presentaran sus demandas en beneficio propio.

Incluso los medios que se disponen para la expresión de los desacuerdos y el conflicto enfatizan la armonía. En Japón, el uso de elogios para encomiar el desempeño de otros se considera inapropiado y bochornoso. La mínima unidad humana no es el individuo sino el grupo, por lo que un halago proferido a un amigo personal o compañero de trabajo por su performance sería interpretado como un acto de auto-engrandecimiento o vanagloria. Ya que se supone que un japonés no debe alabar a otros, cuando lo hacen se toma como sarcasmo. La crítica jamás se expresa directamente, sino que se utilizan los cumplidos como medios indirectos de tachar al otro, denominado homegoroshi (matar con alabanzas). No existen en la lengua japonesa equivalentes para los insultos comunes en otros idiomas; algunas de las peores ofensas se traducen como "honorable ser" y "monja".

Varias sociedades pacíficas han desarrollado mecanismos ritualizados para el manejo no violento de los conflictos. Por ejemplo, en una aldea tradicional de la China se practica el "vilipendio callejero", un género oral - más común entre mujeres que hombres - que permite a la persona expresar emociones hostiles en forma ritual. Tan pronto inicia una discusión, empieza a oírse una sarta de palabras abusivas sin paralelo en otros idiomas. Se suele subir a la azotea y gritar injurias durante horas, tomar un descanso para refrescarse y luego continuar con renovada vehemencia. Aunque esta práctica tiene una función ritual, parece ser provocado por el enojo real. Sin embargo, es eficaz precisamente por que constituye un género ritualizado y culturalmente aceptado para la expresión del enfado y la oposición. Tiene su contexto, estructura y normas, así como formas culturalmente aceptables para la participación de los demás miembros de la comunidad. La audiencia le consiente al orador la satisfacción de ser escuchado, pero a la vez sirve para evitar que su expresión verbal se escale en violencia física.

Otro ejemplo de oposición ritual, que sirve para prevenir un verdadero conflicto, son las huelgas que montan periódicamente los trabajadores japoneses. Éstos toman posturas militantes, presentan exigencias rígidas, juran resistir hasta las últimas consecuencias, fustigan a los grandes empresarios, a los Estados Unidos y a los élites gobernantes, enfatizando la solidaridad y militancia nacional de los trabajadores. Sin embargo, toda esta bravata es puramente ritual, habiendo sido orquestada cuidadosamente durante seis meses entre el sindicato y la gerencia. Incluso los días y las horas de paro son programados para evitar una disminución en la productividad. Mientras tanto, los líderes sindicales y los gerentes colaboran detrás de telones para llegar a un arreglo del cual todos se beneficiarán, incluyendo el análisis franco y abierto de los datos económicos de la empresa. En cuanto se anuncia el acuerdo negociado, simplemente termina la huelga sin más.

Las culturas asiáticas han desarrollado formas de pensar que modulan las oposiciones. Por ejemplo, en las sociedades donde predominan el hinduismo, budismo y shintoismo, la religión no suele ser causa de tanto conflicto como en Occidente. Una persona que se convierte al cristianismo o es criada en esta religión, no necesariamente abandona sus prácticas budistas o shintoistas. A la vez que asisten a la iglesia, visitan los santuarios y oran a sus antepasados difuntos, dejándoles ofrendas. En Japón, los sacerdotes budistas suelen tomar parte en las ceremonias shintoistas y viceversa. No existe el supuesto - común en nuestro medio - de la necesidad de observar una sola religión y de que, al adoptar una de ellas, se debe rechazar al resto. Es una actitud más incluyente y, por ende, menos dicotómico y polarizante.

En los debates públicos televisados, los 'oponentes' comienzan estableciendo rápidamente consensos sobre cuestiones menores, guardando la retórica más fuerte para asuntos de mayor importancia. Su uso de metáforas tiene el efecto de evitar las imágenes dicotómicas y conflictivas. Se centran en figuras más orgánicas u holísticas, empleando términos que hacen referencia al cuerpo y sus órganos, las enfermedades y sus causas, el diagnóstico y los métodos de tratamiento. Por ejemplo, al hablar del problema económico, un comentarista dijo: "Habiendo comido y bebido en demasía, se enfermaron los órganos digestivos, por lo que necesitan descansar tranquilos por un tiempo". Y cuando no se está seguro respecto a la solución, se lo admite abiertamente y sin reservas: "En cuanto a lo que se debería hacer para vigorizar las actividades comerciales, aún no disponemos de una buena prescripción".

En la tradición japonesa, tanto ganadores como perdedores tienen su lugar en la sociedad y coexisten pacíficamente, reteniendo los perdedores gran medida de respeto. Este sistema de "vencedores sin derrotados" ha posibilitado a Japón superar positivamente sus grandes contiendas intestinas, tanto étnicas y religiosas como políticas. Una de las partes en la pelea 'ganaba', pero la otra no perdía, al menos no del todo, sino que se le permitía seguir existiendo. Por ejemplo, durante la gran reforma de 1868, quienes habían luchado a favor del viejo régimen no fueron castigados sino invitados a tomar parte en el nuevo gobierno, y muchos de ellos aceptaron. La costumbre de nemawashi requiere de consultas entre los individuos en privado antes de la reunión general para llegar a acuerdos previos, con lo cual se evitan posibles conflictos públicos.

Esto no significa que no existan manifestaciones abiertas de agresión en las culturas asiáticas. Se puede aprender mucho de ellas sin necesidad de idealizarlas o romantizarlas, sino buscando los aprendizajes de una cultura que valora la armonía. Por ejemplo, en la China ha habido guerras, pero no se glorifica la guerra como en Occidente. Por otra parte, el parlamento taiwanés es tan conflictivo que se han dado peleas físicas entre sus miembros. Se cree que, ante la ausencia de los medios tradicionales para la expresión de los desacuerdos políticos en público, al ser impuesto el sistema parlamentario occidental que supone una oposición abierta, ésta acaba siendo mal manejada. En otras palabras, donde no existen normas o ritos culturalmente aceptables para la expresión y negociación de los conflictos, es probable que éstos salgan de control. A veces la presión social por mantener la armonía puede dar lugar a mayores conflictos. La competencia al interior de un grupo que en teoría constituye una unidad armoniosa, suele ser más feroz e involucrar emociones más intensas que en culturas donde la competencia se percibe como algo normal.

 

C. Conclusiones

Hemos analizado dos tipos de cultura de paz - uno de occidente y otro de oriente - que se observan entre las denominadas 'naciones modernas'. Estos ejemplos demuestran que los elementos psicoculturales y socioestructurales de una cultura no son estáticos e inalterables. Antes bien, responden a un claro propósito de lograr una sociedad armónica y pacífica, una serie de decisiones conscientes en cuanto a las maneras de lograr ese propósito, y el esfuerzo constante por plasmar dicha decisión en prácticas sociales tangibles. Difieren sus percepciones respecto a la relativa importancia del individuo frente a la comunidad, pero en ambos casos existe un fuerte compromiso con el bienestar colectivo. Además, las dos culturas analizadas ponen mucho énfasis en la socialización de la niñez en estos esquemas mentales y sociales.

 

 


Notas:

 

1. Esta descripción es adaptada de Ross [1993:160-165], quien cita a autores como Fredrik Barth, Ralph Bolton, Frede Castberg, Harry Eckstein, Marianne Gullestad, Marida Hollos y Natalie Rogoff Ramsøy.

2. Esta descripción es adaptada de Tannen [1998:208-236].

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