Domingo, 14 Marzo 2010 16:34

D. Comunidades intencionales

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Las comunidades alternativas constituyen esfuerzos intencionales por crear una sociedad diferente y a menudo opuesta a la que las rodean. Son otra prueba de la posibilidad de una forma de vida basada en la cooperación y el mutualismo, así como una fuente importante de aprendizajes para la construcción de una cultura de paz. Se analizan algunas de los rasgos mutualistas de dos comunidades muy diversas.

El Brüderhof es una cadena de comunas cerradas cuyos miembros no guardan propiedad privada entre sí. La Comunidad Bahá'í está geográficamente dispersa, pero se destaca por su unidad de propósito, pensamiento y acción. En ambos casos, su cultura de paz no es heredada sino producto de una decisión conciente y del esfuerzo diario por construir una sociedad más humana y pacífica.

Las comunidades alternativas constituyen esfuerzos intencionales por crear una sociedad diferente y a menudo opuesta a la que las rodean. Por esta razón, ofrecen la posibilidad única de estudiar los resultados, fortalezas y debilidades de diferentes enfoques en la construcción de una cultura de paz y mutualidad a una escala reducida. Sus miembros generalmente comparten una misma visión social, política o espiritual, además de aportar con tareas y recursos.

Las hay de toda índole, desde las seculares con fines netamente económicos, hasta las religiosas con fines más bien espirituales. Las de tipo religiosa suelen agrupar a miembros de un mismo credo. Algunas constituyen comunas, aunque este no es siempre el caso. Sus propósitos pueden incluir: permitir a sus miembros compartir una vida que concuerde con sus principios religiosos; unirse en servicio a las diversas necesidades de la sociedad que las rodea; y ofrecer al mundo un modelo en acción de un estilo de vida diferente.

En esta sección nos concentraremos en dos comunidades alternativas de tipo religiosa, el "Brüderhof" y la Comunidad Bahá'í. Hay varios motivos por esta elección: primero, representan en muchos sentidos dos extremos de la gama de comunidades de fe; segundo, están entre las más duraderas, mejor conocidas y al alcance de todos para poder apreciar su estilo de vida; y finalmente, el presente autor está familiarizado con ellas, habiendo participado personalmente en ambas.



A. El Brüderhof

El Brüderhof (literalmente 'aldea de hermanos') es una cadena de comunidades cristianas fundada en Alemania e Inglaterra en los años 1920 por el filósofo y conferencista público Eberhard Arnold, inspirado en el Movimiento Juvenil en Alemania tras la I Guerra Mundial. Durante la II Guerra Mundial, sus miembros migraron a Paraguay, único país dispuesto en ese momento a recibir a una comunidad pacifista de varias nacionalidades europeas. Finalmente, en las postrimerías de los años 1950 e inicios de los 1960, pasaron a establecerse en Norteamérica. Actualmente el Brüderhof cuenta con comunidades en varios estados del noreste de los Estados Unidos (Nueva York, Pensilvania y Connecticut), el sur de Inglaterra, Alemania y Australia. Sus poblaciones varían desde doce hasta unas 400 personas, para un total de más de 2.500 miembros.

El Brüderhof se cuenta entre las "iglesias de la paz" de la rama anabaptista, que incluye los Hutteritas, Shakers, Amish, Menonitas y otras, con sus raíces en la Reforma del siglo XVI en Europa. Su estilo de vida se fundamenta en las enseñanzas de Cristo, particularmente sus preceptos de amar al prójimo como a sí mismo, tratar al otro como se quisiera ser tratado, la no violencia, la compasión por los pobres y el espíritu del "Sermón de el Monte". Toman como modelo la vida a los primeros cristianos en Jerusalén, quienes no guardaban para sí la propiedad privada, sino que compartían todo entre ellos y con los pobres.

El máximo órgano rector es el 'Brotherhood' [hermandad], que se compone de aquellos miembros que se han comprometido de por vida con el Brüderhof, habiendo sido bautizados tras un período a veces difícil y prolongado de profundo cuestionamiento y auto-cuestionamiento, tanto privado como público. A menudo el 'Brotherhood' se reúne de noche o durante un momento del fin de semana para cantar, orar y dialogar. Todas las decisiones importantes son tomadas por la totalidad del 'Brotherhood' y por unanimidad, no por voto mayoritario ni por consensos negociados. Si no se puede llegar a la unanimidad sobre algún tema, se deja para otra ocasión, con la esperanza de que mientras tanto el 'Espíritu' guíe a los miembros. El 'Brotherhood' también nombra a los 'Servants of the Word' [Siervos del Verbo], cuya función es velar por el bienestar de cada uno y la buena marcha de la comunidad como un todo, así como los demás funcionarios como los administradores, directores de las escuelas, etc.

Las relaciones entre los miembros se rigen por los principios de amor y justicia. La norma más estricta es la absoluta prohibición de la murmuración, o el hablar mal de otro a sus espaldas. Otras son la sinceridad y franqueza y el saber perdonar y pedir perdón. Si un miembro tiene un problema con otra persona, no suele pasarlo por alto, peor aun contarle a un tercero. Más bien conversa con la otra persona y cada uno admite su propia responsabilidad o culpa en el asunto. Si no se logra resolver el problema, se pide el apoyo de otros miembros y, si esto no es suficiente, se lleva el asunto ante la comunidad. Cuando un miembro siente que personalmente se ha comportado de una manera inapropiada o que ha tenido una actitud negativa, no es raro que espontáneamente lo exprese frente al 'Brotherhood' en una de sus sesiones, pida disculpas a todos y los pida ayuda a superarlo.

El propósito del Brüderhof es expresar los principios de su fe en su forma de vida y sus acciones cotidianas. Por tanto, no se acostumbra hablar mucho de sus creencias, sino principalmente cuando algún visitante pregunta específicamente, o como parte de una presentación durante algún acto especial. No obstante, sus enseñanzas están por doquier: en la letra de las miles de canciones que entonan constantemente y en toda ocasión; en las moralejas de los numerosos cuentos e historias que se suelen narrar en familia y en comunidad; en la forma seria pero bondadosa como se corrigen los desaciertos en tanto niños y jóvenes como adultos; y, muy especialmente, en el ejemplo de vida que cada uno y la colectividad se esfuerza por dar.

El Brüderhof pone mucho énfasis en la vida familiar. Incluso los visitantes son integrados dentro de alguno de los hogares, al igual que los solteros y viudos. Se practica la castidad antes del matrimonio y la fidelidad de por vida dentro del mismo. No existe el divorcio sino máxime la separación, sin la opción de volver a casarse o tener relaciones íntimas con otra persona. Se da primera prioridad a los niños, quienes reciben mucha atención de todos, aunque las expresiones físicas de cariño son mínimas. Reciben su educación preprimaria, primaria y, en algunos casos, secundaria, dentro de la misma comuna, donde además de la formación académica aprenden diversas artes y oficios, a realizar labores esforzadas, a interactuar positivamente con los demás y a formar su carácter. Los hijos no se hacen miembros automáticamente, sino que después del colegio deben decidir por sí mismos si desean continuar en el Brüderhof o no, a veces tras haber salido de la comunidad para trabajar o estudiar.

La típica comuna del Brüderhof está ubicada en un terreno de varias decenas de hectáreas en un área rural. La aldea o 'hof' consiste de varios edificios multifamiliares, una escuela, oficinas, talleres, etc. En el centro hay una gran sala comunitaria, que sirve de comedor además de escenario para las artes músico-dramáticas y salón para reuniones comunitarias, matrimonios, funerales, etc. Cada familia tiene su propio departamento, aunque varias familias suelen compartir una misma área para cocinar y lavar los trastes. Algunas veces se come en familia, particularmente los desayunos y las cenas de entre semana, y las demás comidas se comparten en el comedor comunitario. Siempre se comienza con canciones seguido por un momento de silencio antes de comer, y se termina con más canciones.

No existe la propiedad privada, sino que se comparte todo en común. Nadie recibe sueldo ni maneja su propia cuenta bancaria. La persona al hacerse 'miembro bautizado' cede todos sus bienes a la comunidad en forma irrevocable. Durante sus primeras cinco décadas, vivían continuamente al borde de la pobreza, después de lo cual se estabilizaron sus negocios y, por ende, sus ingresos. No obstante, sus miembros están comprometidos con un estilo de vida sencilla y la austeridad voluntaria. El producto de sus actividades se destina a una cartera común y se dedica al cuidado de todos sus miembros por igual y a diversos proyectos humanitarios.

Todo el mundo trabaja, la mayoría dentro de la misma comuna, pues consideran que el trabajo compartido es el camino hacia la verdadera comunidad. El Brüderhof se mantiene mediante varios negocios, que incluyen la manufactura de juguetes, letreros y muebles de madera, la elaboración de equipos terapéuticos para los discapacitados, la publicación de libros, la agricultura y otros. Además, atienden a muchas de sus propias necesidades como la educación preprimaria y primaria, los servicios de salud básica y odontológica, la construcción de inmuebles y fabricación de enseres, el cultivo de algunos alimentos y su preparación en cocinas industriales, la hechura y el lavado de ropa, etc. Cada uno aporta lo que puede a estas actividades, incluyendo los niños, discapacitados y ancianos, quienes desempeñan un rol importante en la vida y el trabajo de la comunidad, cada uno de acuerdo con su capacidad.

Aunque la vida del Brüderhof se desenvuelve en comunas, sus miembros no se aíslan de la sociedad circundante, sino que se involucran en sus actividades y prestan sus servicios como voluntarios en diversas instituciones educativas, hospitalarias, penitenciarias, de servicio social y otras beneficencias. Colectivamente han atendido a refugiados, marchado en protestas contra la guerra, luchado contra el racismo, trabajado por abolir la pena de muerte, colaborado en proyectos en los barrios bajos de las grandes urbes, participado en misiones de ayuda humanitaria en los países en desarrollo, etc. Recientemente se formó la "Brüderhof Foundation", a través de la cual realiza numerosas obras caritativas, como "Breaking the Cycle", un programa educativo para la resolución alternativa de conflictos en los colegios.

El Brüderhof está abierto a los visitantes, pues se quiere que la gente conozca y comparta su vida desde adentro. De esta manera es posible servir de 'testimonio' ante la humanidad de un estilo de vida distinta. Sin embargo, no se trata de un atractivo turístico, por lo que no se alientan las visitas muy cortas. Se sugiere que la estadía inicial sea de 2 a 3 días, seguida posteriormente por una permanencia más larga si la persona se siente especialmente atraída al Brüderhof. No obstante, tampoco es un refugio o centro de retiro. Se espera que el invitado comparta en todos los aspectos de la vida cotidiana, que incluye dormir poco, comer poco y trabajar mucho, además de disfrutar de la placentera compañía de un grupo de personas dedicadas a construir y vivir una cultura de paz.

 

B. La Comunidad Bahá'í

La Comunidad Bahá'í es un caso singular por varios motivos. Primero, no se aísla en una comuna como otras, sino que vive y se involucra en la sociedad en general, intentando transformarla desde adentro: "estar en el mundo sin ser del mundo". En segundo lugar, tampoco es socialmente excluyente, sino que promueve la unidad de la humanidad y la eliminación de toda clase de prejuicio, sea éste de raza, etnicidad, cultura, religión o nacionalidad. En tercer lugar, pese a ser una comunidad de fe, no tiene sacerdotes ni clero, sino que se organiza bajo un modelo administrativo de rasgos singulares que es digno de estudiarse en la búsqueda de mecanismos para la construcción de una cultura de paz.

Esta comunidad fue creada en el año 1844 por el Báb en Persia, donde fue conocida inicialmente con el nombre de "Bábí". Creció rápidamente, lo cual atrajo una tenaz persecución por parte del clero musulmán y sus seguidores.1 Tras el martirio del Báb en 1850, pasó bajo la guía de Bahá'u'lláh, de quien obtuvo su nombre definitivo "Bahá'í", se expandió por todo Oriente Medio. Tras cuarenta años de exilio y prisión debido a sus enseñanzas, Bahá'u'lláh falleció en Palestina en el año 1892, dejando las riendas de la comunidad a su hijo 'Abdu'l-Bahá, quien la expandió por Europa y Norteamérica. Al morir en 1921, 'Abdu'l-Bahá nombró a su nieto Shoghi Effendi como 'Guardián' de la comunidad, quien logró su establecimiento en el resto del mundo. Actualmente es dirigida por la Casa Universal de Justicia y cuenta con unos seis millones de miembros residentes en más de 247 países y territorios, convirtiéndola en la comunidad religiosa de más rápido crecimiento en el mundo y la segunda por extensión geográfica después del cristianismo.

La Comunidad Bahá'í está organizada por medio de consejos electos, llamados 'Asambleas Espirituales', que administran los asuntos de la Fe a nivel local y nacional. Son llamadas a velar por el bienestar no sólo de la propia comunidad, sino también del resto de la sociedad. "Preocupaos fervientemente por las necesidades de la época en que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y requisitos", exhorta Bahá'u'lláh. La máxima autoridad a nivel mundial es la Casa Universal de Justicia, con su sede en el Monte Carmelo, dotada por Bahá'u'lláh mismo de la autoridad para legislar en todos los asuntos no establecidos en las Escrituras Bahá'ís. Esto precautela la unidad de la comunidad bahá'í a la vez que la permite mantenerse al día en un mundo en cambio constante. El entramado mundial que forman los consejos bahá'ís locales, nacionales e internacional de gobierno aportan al mundo un nuevo modelo descentralizado de administración.

El proceso electoral bahá'í es único. Excluye toda forma de electoralismo o presentación de candidaturas. Todos los miembros adultos, hombres y mujeres, pueden ser electores y ser elegidos. La elección se hace por voto secreto y por pluralidad de votos. Este sistema permite a cada elector la mayor oferta posible de 'candidatos', pues los electores tienen la oportunidad de votar en conciencia con libertad absoluta de elección. El propósito es elegir a los miembros que posean en mayor grado las aptitudes espirituales que les permitan servir a la comunidad y administrar sus asuntos. Los electores son llamados a considerar "los nombres de aquellos personas que mejor combinan las cualidades necesarias de lealtad incuestionable, devoción desprendida, mente bien preparada, habilidad reconocida y experiencia madura". En consecuencia, las personas de reconocida madurez, experiencia y humildad tienden a ser las elegidas, y no aquellas que serían suficientemente atrevidas o lo bastante egoístas para presentarse al cargo. Aunque un sistema como éste difiere de los usos políticos convencionales, en la práctica resulta sorprendentemente eficaz.

El proceso de toma de decisiones empleado por los bahá'ís - conocido como 'consulta' - es asimismo original. En esencia, la consulta procura construir consensos de una manera que promueva la unidad de las partes en vez de su división. Anima a la expresión de la diversidad de opiniones y actúa para controlar la lucha por el poder, tan común en los sistemas tradicionales de toma de decisiones. No está basado en la confrontación, sino busca una diversidad de puntos de vista y el análisis desapasionado de las ideas, no la confrontación de posiciones. Como procedimiento para buscar la verdad y lograr el consenso, estos principios admiten ser aplicados en un amplio campo de temas, o lo que es igual, en todas las esferas en que se requiera de colaboración y decisiones. Estos principios se emplean no sólo en las propias instituciones sino también en los negocios personales, en las escuelas dirigidas por bahá'ís y en la vida cotidiana de las familias.

Los participantes tratan de hablar franca y desprejuiciadamente, pero también con la mayor cortesía y dignidad, motivadas únicamente por el deseo sincero de servir. También procuran escuchar atentamente los puntos de vista ajenos, aun si no concuerden con ellos en principio. Al presentarse una idea, ésta pasa a ser propiedad de todo el grupo y ya no del individuo. El grupo se esfuerza por lograr la unanimidad, pero un voto por mayoría puede ser suficiente para llevar adelante una decisión. Una vez tomada una decisión, toda la comunidad la apoya, incluso los que no votaron a favor de ella. No caben los "informes de minoría" o "posturas de oposición". Si la decisión está descaminada, esto se hace evidente en la ejecución. Este compromiso con la unidad de acción garantiza que si la decisión fracasa, la culpa sea atribuible a la idea misma, y no a la falta de apoyo, permitiendo de este modo a toda la comunidad aprender de la experiencia y mejorar su consulta y decisiones.

La 'autoridad' en los asuntos comunitarios descansa en los consejos administrativos como tales, pero sus miembros individuales carecen de autoridad o posición especial fuera de sus sesiones. El cargo de moderar o coordinador de las sesiones no otorga más peso que del resto de miembros, e incluso puede ser rotativo. Se procura evitar que se centre la atención de la comunidad en la personalidad de algún individuo, pues esto podría causar división entre sus miembros. Incluso la única foto existente de Bahá'u'lláh es archivada en el Centro Mundial Bahá'í para evitar la tendencia a concentrarse en su persona y olvidarse del espíritu y las enseñanzas, que son lo más importante. La fotografía de 'Abdu'l-Bahá sí se coloca en los hogares, pero únicamente como recordatorio de su ejemplo perfecto de lo que debe ser la vida de un bahá'í.

A diferencia de la 'autoridad, el 'poder' reside en cada miembro de la comunidad: poder para levantarse en servicio a los demás. La persona humana posee poderes materiales, intelectuales y espirituales imprescindibles para el avance de la civilización. Liberar estas potencialidades creativas plantea un desafío a las instituciones y la comunidad toda de estimular el desarrollo y ejercicio de estos poderes. Incluso, a fin de lograr esto, la Comunidad Bahá'í cuenta con otra institución complementaria, la de los 'Consejeros', encargada de aconsejar, capacitar, estimular y 'empoderar' a los miembros individuales y cuerpos elegidos. No se trata de una casta eclesiástica, pues carecen de autoridad decisoria dentro de la comunidad, no poseen autoridad especial para interpretar las enseñanzas, sus obligaciones no incluyen funciones sacerdotales, y son nombrados por un período fijo, después del cual vuelven a ocupar sus puestos habituales dentro de la comunidad.

En el fomento del poder de la comunidad para actuar, se promueve la participación universal como principio rector, a través de varios canales. En lo administrativo, además de las instituciones mencionadas, existen diversos comités y comisiones que aprovechan los talentos y el entusiasmo de gran número de miembros. Los adultos participan en las elecciones anuales de sus diversas instituciones, durante las cuales son alentados a consultar entre sí y remitir sugerencias a las instituciones para su consideración. Otro espacio para esto es la Festividad de cada 19 Días, donde cada comunidad local se reúne para orar, oír informes, consultar y remitir sugerencias a la Asamblea Local. En estas ocasiones, desde el miembro más pequeño puede hacer oír su voz, lo que convierte a esta Festividad en la piedra angular de la actividad comunitaria, un "foro democrático instalado en la raíz misma de la sociedad", pues aporta un componente sustancial de gobernación de base, proporciona cierto nivel de coordinación y autoridad y permite la cooperación a escala global.

Otra forma de participación universal es mediante las contribuciones a los diversos fondos bahá'ís, las cuales son estrictamente voluntarias y confidenciales. Se considera un privilegio el poder aportar de manera regular, sin importar el monto sino el y espíritu de abnegación que lo motiva. El trabajo de la Comunidad Bahá'í se financia enteramente por los aportes voluntarias de sus miembros, pues el hecho de recibir fondos de fuentes externas podría comprometer la integridad de sus decisiones y acciones. Estos fondos son administrados por las instituciones correspondientes, pero los miembros de éstas no reciben ningún sueldo por sus servicios, los cuales se prestan con total entrega y en forma voluntaria en su tiempo libre. Cuando se requiere de una dedicación mayor y el individuo lo necesite, se puede destinar un estipendio para su sustento diario, norma que se aplica incluso a los miembros de la misma Casa Universal de Justicia.

Una implicación importante de la ausencia de un sacerdocio es la práctica bahá'í de la investigación independiente de la verdad, libre de toda imitación ciega. Puesto que actualmente la educación y el conocimiento están al alcance de prácticamente todos, se considera que cada individuo tiene la capacidad y obligación de indagar por sí misma y de decidir sobre los asuntos de la vida mediante la oración, reflexión y consulta con otros. Para posibilitar esto, las escrituras bahá'ís han sido traducidas hasta ahora a más de 800 lenguas distintas. La búsqueda de un bahá'í incluye el estudio de la ciencia, que los bahá'ís consideran el complemento de la religión. Otra aplicación de este principio es la forma como los bahá'ís transmiten sus enseñanzas con otros. Si bien evitan el proselitismo agresivo, están deseosos de compartir el mensaje bahá'í con quienquiera que exprese interés. Acostumbran celebrar "reuniones hogareñas" o tertulias informales en las casas de los propios bahá'ís, que suelen consistir de una charla breve sobre alguna enseñanza bahá'í, seguida de un diálogo abierto y carente de presiones, y finalmente refrescos en un ambiente cálido y hospitalario.

Con este fin, la Comunidad Bahá'í se esfuerza por promover la educación universal en todo el mundo, ya sea mediante el establecimiento de instituciones educativas a todo nivel y la formación de los educadores. Los padres buscan la mejor educación posible para sus hijos y ellos mismos procuran un permanente perfeccionamiento, hasta ocupar las primeras filas de excelencia e innovación en sus respectivos oficios y profesiones. En estos empeños se fomenta la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer. Incluso si en una comunidad no se puede educar a todos los niños, se da preferencia a las niñas, considerando que de ello depende el avance de su comunidad, ya que la mujer es la primera educadora de la humanidad.

Esto no se limita a la formación física e intelectual, sino que se pone mucho énfasis en la educación espiritual. Donde ésta no se imparte en el sistema educativo, la misma Comunidad Bahá'í capacita a maestros y organiza clases de educación espiritual para sus propios hijos y el resto de la sociedad. Además de impartir valores morales y la formación del carácter, el currículo incluye el estudio de la vida, obra y enseñanzas esenciales de los Fundadores de todas las grandes religiones universales del mundo, como el hinduismo, judaísmo, zoroastrianismo, budismo, cristianismo, islam, y la Fe Bahá'í. También se enseñan muchos de los principios básicos bahá'ís como el abandono de todas las formas de prejuicio, la igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres, la unidad esencial de las religiones, la eliminación de los extremos de pobreza y riqueza, la educación universal, la búsqueda independiente de la verdad, la armonía entre la ciencia y la religión y el establecimiento de la paz mundial.

Un modo de vida: El modo de vida que procuran cultivar los bahá'ís es aquél que estimule el desarrollo personal y comunitario. La oración y meditación diaria les liberan de pautas condicionadas y les abren a nuevas posibilidades. Consideran el trabajo en actitud de servicio a la humanidad como la mejor forma de adorar a Dios, y sus templos se conciben como los ejes de diversas instituciones humanitarias. Participando en proyectos de desarrollo socioeconómico con personas de diversas procedencias, derriban los prejuicios tradicionales. Evitando el uso del alcohol y otras drogas, salvo las prescritas por motivos médicos, preservan la mente, el cuerpo, la familia y la sociedad para poder servir mejor al bien común. Fomentan la erradicación del vicio de la murmuración, la cual debilita la confianza entre la gente y arruina el clima de unidad del que depende el progreso humano. Se concede gran importancia a las instituciones del matrimonio y la familia como base de la sociedad humana.

La Comunidad Bahá'í participa cada vez más en proyectos de acción social y desarrollo económico y social por todo el mundo, comenzando desde inicios del Siglo XX en Irán, donde se crearon colegios, clínicas y otros servicios sociales, entre ellos el primer colegio iraní para niñas. Actualmente son cerca de 1.300 proyectos, sobre todo en países en desarrollo en Asia, África y Latinoamérica, que incluyen guarderías, escuelas tutoriales, centros de alfabetización, dispensarios médicos y clínicas locales, educación sanitaria, proyectos agrícolas, campañas de reforestación, consejería para alcohólicos y centros de investigación medioambiental. La programación de las emisoras de radio bahá'ís abarca no sólo este tipo de asuntos, sino también el realice de la cultura nativa. Surgidos del análisis de las necesidades locales por parte de las Asambleas Espirituales Locales, los proyectos bahá'ís de desarrollo son esencialmente actividades que parten de la base de la sociedad. Sin duda esto explica el carácter autofinanciado de la mayoría del trabajo. Con recursos muy limitados, la Comunidad Bahá'í ha emprendido en los últimos años toda una serie de esfuerzos destinados a hacer frente a los problemas del subdesarrollo y degradación medioambiental. Lo que distingue el enfoque bahá'í es la integración de principios espirituales, sociales y administrativos desde perspectivas novedosas. Lo significativo del empeño no radica ni en la cuantía ni en la escala, sino en la novedad y esperanza que su modelo ofrece al mundo.

La Fe Bahá'í enseña que la unidad es el requisito fundamental para lograr la paz global. "El bienestar de la humanidad," dijo Bahá'u'lláh, "su paz y seguridad son inalcanzables a menos y hasta que su unidad esté firmemente establecida." Entre las medidas que la comunidad bahá'í promueve que contribuyen a esta unidad figuran: una federación de naciones, una lengua internacional auxiliar, la coordinación de la economía mundial, un sistema mundial de educación, un código de derechos humanos para todos los pueblos, un mecanismo integrado para la comunicación global y un sistema mundial de moneda, pesas y medidas. Bahá'u'lláh abogó por la necesidad de un gobierno mundial en esta época de vida colectiva de la humanidad. Debido a este énfasis la Fe bahá'í ha apoyado a las Naciones Unidas desde su origen. La "Comunidad Internacional Bahá'í" tiene estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social (ECOSOC) y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y ha desarrollado programas conjuntos de desarrollo con otras agencias de la ONU. Sus oficinas en Nueva York, Ginebra y otros países participan con regularidad en conferencias, congresos y seminarios sobre la vida socioeconómica de nuestro planeta.

Los bahá'ís constituyen un microcosmos en el que están representadas la práctica totalidad de las naciones, grupos étnicos, culturas, profesiones y clases sociales, incluyendo a más de 2.100 grupos étnicos diferentes. De este modo ejemplifica su principio central de la unidad de la humanidad y su creencia que ha llegado el día de su unificación en una sociedad global. Observan en los acontecimientos mundiales el avance de fuerzas históricas destinadas a derribar barreras tradicionales de raza, clase, credo y nación y que con el tiempo darán lugar una civilización universal. Llaman a los pueblos de la tierra a aceptar el hecho de su unidad y ayudar en los procesos de unificación. Ofrecen su experiencia como fuente de estimulo para los que comparten su visión.2

Un aspecto importante de la unidad de la humanidad es la unidad religiosa. Los bahá'ís promueven una cosmovisión según la cual todas las religiones adoran a un mismo Dios, sin importar qué nombres o cualidades hayan atribuido a lo largo de la historia en nuestros débiles intentos por comprenderlo. Ese único Dios ha enviado guía a la humanidad de edad en edad a través de los Mensajeros divinos que han fundado a las grandes religiones del mundo, en un mismo proceso civilizatorio progresivo. De este modo, las distintas religiones universales -hindú, judía, zoroastriana, budista, cristiana, islámica y bahá'í) representan diferentes revelaciones de la palabra y voluntad de Dios y la respuesta de la humanidad a ellas.

Los miembros de la Comunidad Bahá'í provienen de religiones variadísimas, habiendo reconocido en las enseñanzas de Bahá'u'lláh la más reciente de esta serie progresiva de revelaciones divinas. Se llevan con personas de toda religión en un espíritu de amistad y compañerismo, asisten a los lugares de adoración de sus amigos de otras religiones y los invitan abiertamente a participar activamente en sus propias reuniones devocionales, círculos de estudio y demás reuniones. Demuestran de este modo que la religión no necesariamente debe ser causa de división, odio y conflicto. Incluso sus templos están dedicados a la unidad de las religiones, con sus nueve puertas y su cúpula central que representan los muchos caminos que llevan a la unidad bajo un mismo Dios. En su interior no existen imágenes de ninguna clase, ni hay sacerdotes que dicten sermones, sino que únicamente se leen y cantan las sagradas escrituras de las distintas religiones del mundo.

 

C. Conclusiones

Aunque a una escala quizás menor que los casos analizados en los artículos anteriores, las comunidades intencionales constituyen otra prueba de la posibilidad de una forma de vida basada en la cooperación y el mutualismo, así como una fuente importante de aprendizajes para la construcción de una cultura de paz. Al igual que los casos anteriores, su cultura no es mero producto de la herencia sino de una decisión conciente y del esfuerzo diario por construir una sociedad más humana y pacífica.

 


Notas:

1. Hoy el país se llama Irán, donde la Comunidad Bahá'í sigue siendo perseguida por el clero musulmán y el Gobierno Islámico Revolucionario.

2. Para mayores informes, véase http://info.bahai.org/spanish/index.html. Además, Karlberg (2004:123-176) ofrece un análisis extensivo de la comunidad bahá'í, a modo de estudio de caso con la modalidad "énica".

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