Martes, 02 Marzo 2010 14:17

C. Supervivencia del más fuerte

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En el presente artículo se realiza un análisis crítico del ‘Darwinismo Social’, un préstamo epistemológico de las teorías de la ‘selección natural’ y la ‘supervivencia del más apto’, seguido por un repaso de dos de sus aplicaciones prácticas: la selección del más egoísta y agresivo; y la eugenesia y el racismo científico. Se concluye que estos conceptos, supuestamente derivados de la obra de Darwin, son en realidad aberraciones pseudocientíficas confeccionadas con el propósito de legitimar y justificar una serie de crímenes de lesa humanidad a lo largo del último siglo y medio.

1.   Una contradicción paralizante

Pocos creen que este mundo sea tan perfecto que no pueda mejorar; más bien las mayorías desean vivir en una sociedad de justicia, unidad y paz. No obstante, cuando se presenta alguna propuesta para la construcción de tal mundo, muchos suponen que es imposible debido a alguna falla inherente e insuperable en la naturaleza humana. En su declaración del 1986 titulada “La Promesa de Paz Mundial”, dirigida a ‘los pueblos del mundo’ con ocasión del Año Internacional de la Paz, la Casa Universal de Justicia describe este dilema como sigue:

“…la agresión y conflicto han llegado a caracterizar de tal forma los sistemas sociales, económicos y religiosos, que muchas personas han sucumbido a la creencia de que dicha conducta es intrínseca a la naturaleza humana y que, por lo tanto, no se puede erradicar. Con el afianzamiento de este punto de vista, se ha producido una contradicción paralizante en los asuntos humanos. Por una parte, gentes de todas las naciones proclaman no sólo su buena disposición, sino también su anhelo de paz y concordia… Por otra parte, se acepta con conformidad la tesis de que los seres humanos son incorregiblemente egoístas y agresivos y, por lo tanto, incapaces de construir un sistema social que sea a la vez progresista y pacífico, dinámico y armónico…. Conforme la necesidad de la paz se vuelve más apremiante, esta contradicción fundamental, que impide su realización, exige una reevaluación de los supuestos sobre los cuales se basa esta perspectiva común respecto al destino de la humanidad”.[1]

Al leer estas palabras y reconocer su importancia, comencé a estudiar las causas de este pesimismo tan arraigado y buscar maneras de superarlo. Una de las maneras de tratar esta contradicción paralizante es desmitificar las creencias populares subyacentes y difundir los adelantos científicos que presentan un panorama muy diferente de la naturaleza humana. De estas creencias, una de las principales es el mito de que la selección natural y la supervivencia del más apto hayan hecho del ser humano inherentemente competitivo y agresivo. Esta noción, erróneamente atribuida a Charles Darwin, ha servido para legitimar y justificar diversos sistemas opresivos, injustos y violentos durante más de siglo y medio, desde la eugenesia y el racismo científico, hasta el imperialismo, fascismo, nazismo y la lucha entre grupos nacionales o raciales.

No es mi intención cuestionar la idea de la evolución, sino más bien de que ésta haya favorecido el una naturaleza egocéntrica, agresiva, mezquina y violenta en el ser humano. En otras palabras, aún aceptando la evolución, no hay nada que nos obligaría admitir una interpretación conflictiva de la misma. Todo lo contrario, es mucho más probable que la evolución hubiera favorecido el desarrollo de las propensiones y capacidades de compasión y reconciliación, reciprocidad y mutualismo, cooperación y generosidad, empatía y prosocialidad. Veamos por qué.

2.   Sobre el origen del darwinismo social

Charles Darwin, en su tratado sobre “El Origen de las Especies” [1859], presenta su famosa teoría de la ‘selección natural’, según la cual los individuos poseedores de rasgos mejor adaptados a los cambios en su entorno tendrían mayores probabilidades de sobrevivir y reproducirse que otros. Esto resultaría en la ‘selección natural’ de dichas características en ese nicho ambiental y su propagación en la especie en esa comunidad local, diferenciándola de la misma especie en otros entornos. En palabras del mismo autor:

“Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el principio fuerte de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su forma nueva y modificada”.[2]

Poco tiempo después, Herbert Spencer, en sus “Principios de Biología” [1864], sugirió que la selección natural avanzaba mediante lo que llamó la “supervivencia del más apto” o del “mejor adaptado” en la lucha por la vida. Esta ‘lucha’ era entendida no meramente como un esfuerzo por sobrevivir, sino también y especialmente una lucha de vida y muerte contra otros seres vivos o en competencia con ellos. Pese a las repetidas objeciones de Darwin, pronto estas dos ideas – selección natural y supervivencia del más apto – se fusionaron en la mente de las masas con el nombre ‘Darwinismo”, como permanecen hoy en día.

3.   Las dinámicas sociopolíticas de la ciencia

Para la elaboración de su teoría, Darwin fue influenciado aparentemente por el pensamiento social de su época, particularmente en el famoso “Ensayo sobre la Población” de Thomas Malthus, quien proponía un control estricto sobre los pobres para evitar que se procrearan. También refleja en varios aspectos las teorías capitalistas de los economistas escoceses de su tiempo. Darwin había advertido contra el uso de su teoría para explicar los fenómenos sociales, pero no pudo escaparse de las dinámicas sociopolíticas de la ciencia, en el cual las teorías de los científicos suelen reflejar –consciente o inconscientemente– las actitudes sociales de su época, y las refuerzan. El biólogo evolutivo Richard Lewontin sostiene Darwin tomó la economía política de principios del siglo diecinueve y la amplió para incluir a la totalidad de la economía natural, que su teoría de la selección sexual reproduce en el mundo animal aquellas normas victorianas que regían en las relaciones entre los hombres y mujeres de clase media.[3]

La ‘visión interactiva del mundo’, según la cual todos los seres conviven en una relación de reciprocidad y simbiosis, fue reemplazada por Darwin y sus sucesores con una perspectiva en la cual los seres vivos y su medioambiente – las fuerzas internas y externas de la naturaleza – operan independientemente. Su única vinculación es pasiva, pues ante los problemas planteados por su entorno, los organismos presentan una gama de soluciones en forma aleatoria, y las correctas son preservadas y se multiplican. Lewontin observa que esta perspectiva ha tenido fuertes “reverberaciones políticas”, pues “implica que el mundo se encuentra fuera de nuestro control, que debemos tomarlo como nos venga y hacer nuestro mayor esfuerzo por atravesar el campo minado de la vida utilizando cualquier equipamiento que nos hayan proporcionado nuestros genes para llegar ilesos al otro lado”.[4]

Por tanto, los científicos sociales no demoraron en convertir esta versión agonista del darwinismo en lo que llegó a ser conocido como ‘Darwinismo Social’, un préstamo epistemológico tomado de las teorías de ‘selección natural’ y ‘supervivencia del más apto’, pese a las objeciones del mismo Charles Darwin. Según esta  noción, la ‘selección natural’ favorecía a aquellos individuos y grupos en competencia mejor adaptados a las exigencias del entorno social; y el conflicto entre ellos resultaba en progreso social conforme los más aventajados superaban al resto. De este modo, el Darwinismo Social se inspiró en las convenciones sociopolíticas y económicas de su tiempo y, a su vez, sirvió para reforzarlas en un lazo de realimentación que fortalecía y ampliaba inmensamente el estatus quo.

4.   Aplicaciones Prácticas del Darwinismo Social

Hemos tratado algunos aspectos conceptuales en las nociones derivadas de la teoría original de Darwin, pero el valor de una idea se comprueba en su aplicación. Las aplicaciones prácticas del Darwinismo Social pueden agruparse en dos categorías, las cuales evidencian su verdadera naturaleza, que es realmente lamentable:

En primer lugar, sirvió de fundamento teórico para el Racismo Científico, el uso de diversas disciplinas para inventar tipologías por las cuales clasificar a las poblaciones humanas en razas físicamente distintas que se consideraban inherentemente superiores o inferiores. Esto, a su vez, servía de apoyo para la Eugenesia, el uso de varios métodos para favorecer la reproducción de razas y rasgos más deseables y disminuir la de las menos deseables. Los dos fueron sirvieron en la Alemania nazi para justificar las discriminaciones, persecuciones, investigaciones antiéticas, y demás crímenes de lesa humanidad que culminaron en el desenmascarado de sus últimas implicaciones políticas en el genocidio del Holocausto.

En segundo lugar, el Darwinismo Social fue utilizado para legitimar el desarrollo y la continuación de estructuras sociales basadas en la competición y el conflicto, la agresión y violencia. Sirvió para legitimar las políticas de tipo laissez faire que otorgaban protección jurídica a los más adinerados y poderosos, y para justificar el abandonar a su mala suerte a los más pobres y marginalizados. Los adinerados se habían enriquecido debido a su superioridad innata, mientras que los pobres eran seres inferiores que no debían ser protegidos por la “Ley de los Pobres” (en el tiempo de Darwin), sino extinguirse naturalmente para el bien de la humanidad toda. También ha servido de respaldo moral para instituciones injustas como el feudalismo, la esclavitud, la neo-esclavitud e incluso las condiciones laborales opresivas de hoy. El mercado era una selva, y la competición por los recursos limitados su ley, en la cual únicamente los mejores competidores sobrevivían y el resto era devorada. Era un mundo de fieras, de competencia brutal, y la acumulación capitalista desenfrenada concordaba con las leyes del universo.

También sirvió para legitimar el uso institucionalizado de agresión, represión violenta y guerra contra pueblos menos poderosos. La guerra era el gran selector natural que invariablemente coronaría con victoria a las naciones más ‘aptas’. Ayudó a justificar y racionalizar el barbarismo de dos devastadoras guerras mundiales entre lo que se habían considerado las naciones más civilizadas y razas superiores del mundo. Aún hoy se aprovecha para convencer al pueblo hambriento de la necesidad de un complejo industrial militar enorme, poderoso, costoso e improductivo para sostener la carrera armamentista a nombre de la disuasión y la seguridad nacional.

Analicemos en mayor profundidad estas categorías para ver por qué ya no se consideran científicamente válidas. Trataremos brevemente la primera, para luego dedicar más tiempo a la segunda.

5.   Racismo Científico y Eugenesia

Las diversas teorías agrupadas bajo el nombre de Darwinismo Social fueron tomadas por su medio primo, Francis Galton, para proponer en el año 1865 una versión ‘moderna’ de la Eugenesia, una pseudociencia supuestamente encargada del ‘mejoramiento’ biológico de la raza humana, que se apoyaba en el denominado ‘racismo científico’. Esto fue rechazado por el mismo Darwin, quien aclaró que, aunque la ayuda a los débiles podría contrarrestar la selección natural, el no hacerlo introduciría el peligro aún mayor de perder el “instinto de solidaridad”, que él consideraba “la parte más noble de nuestra naturaleza”, por lo que subrayaba más bien la importancia de otros enfoques como la educación.

Nunca se ha podido llegar a un acuerdo sobre cuáles rasgos genéticos serían los realmente ‘mejores’, o simplemente preferencias culturales o particulares. A pesar de los intentos por mantener ‘puras’ a las razas, ahora sabemos que la diversidad genética producida por el ‘mestizaje’ puede ser enriquecedora. Incluso la investigación genética ha llevado a desechar el uso del término ‘raza’, sino en el sentido de ‘raza humana’ y habla más bien de ‘etnias’ y ‘pueblos’.

No obstante, durante ocho décadas la eugenesia y el racismo científico sirvió de justificación para diversos abusos, discriminaciones y violaciones de derechos humanos, y crímenes de lesa humanidad, empleando métodos que iban desde el control de natalidad y la segregación hasta la eutanasia y el genocidio. Finalmente, dos guerras mundiales brindaron a la humanidad una extraordinaria oportunidad de observar de primera mano las horrendas consecuencias de aplicar estas falsas ciencias. Tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que incluían el Holocausto y la Bomba Atómica, fueron rechazadas por la comunidad científica como anacronismos antiéticos y peligrosos.

Científicos de diversas disciplinas y países se han reunido repetidas veces bajo los auspicios de las Naciones Unidas para redactar declaraciones al respecto. En “La Cuestión Racial”, divulgada en el año 1950 y revisada en 1951, 1967 y 1978, se afirma que "los conocimientos científicos disponibles no apoyan la noción de que los grupos humanos difieran en su capacidad innata…".[5] En la “Declaración sobre Raza y Prejuicio Racial” del 1978,[6] se agrega que "todos los pueblos del mundo poseen las mismas facultades para alcanzar el mayor nivel de desarrollo intelectual, técnico, social, económico, cultural y política" y que “las diferencias entre los logros de los diferentes pueblos son enteramente atribuibles a factores geográficos, histórico, políticos, y culturales.” En la “Declaración sobre Principios de Tolerancia” del año 1995[7] se continuó el desarrollo de los nuevos valores y actitudes de igualdad y armonía racial.

6.   Del Darwinismo Social al Conflicto y la Violencia

Hoy, la forma más obvia que tomó el Darwinismo Social bajo el Racismo Científico y la Eugenesia ha sido desacreditada y destituida en todo el mundo, pero su forma más sutil, como fundamento ‘científico’ de la institucionalización del conflicto y la violencia, sigue vigente a escala mundial. Es este falso credo que una humanidad atribulada debe ahora superar y reemplazar con nuevos avances científicos.

Una de las nociones subyacentes en este enfoque es que la selección natural habría sido causa de niveles cada vez mayores de competencia, conflicto y violencia en la sociedad. Según esta versión, hubo una época en la que los seres humanos poseían diversos grados inherentes de agresividad y ternura, de competencia y cooperación, de avaricia y generosidad, de dominación y compañerismo, etc. Los más agresivos fueron asesinando a los más gentiles y los más competitivos fueron dejando que los más solidarios se murieran de hambre. Con el tiempo, los portadores de aquellas supuestas ‘debilidades genéticas’ de ternura, cooperación, generosidad y compañerismo se fueron extinguiendo, mientras que quienes poseían los ‘genes’ más agresivos, competitivos, avaros y dominantes produjeron mayor cantidad de descendencia, dejándonos como especie humana con una predominancia de las características conflictivas. Esto, según sus proponentes, explica por qué el mundo actual está tan lleno de agresión y violencia, conflicto y competencia, guerra y matanza.

No obstante en la Declaración de Sevilla sobre la Violencia, escrita y firmada por 20 de los principales científicos en sus respectivas disciplinas, tal no es el caso: “Es científicamente incorrecto decir que en el transcurso de la evolución humana haya habido una selección mayor para el comportamiento agresivo que para otros tipos de conducta. En todas las especies estudiadas a profundidad, el estatus dentro del grupo depende de la capacidad para la cooperación y para desempeñar las funciones sociales que conciernen a la estructura de dicho grupo.[8] Veamos por qué.

7.   Adaptabilidad como la habilidad de responder al cambio

El primer error en esta noción es el de suponer que la selección natural depende de la supervivencia de los rasgos más fuertes, entendidos como mayor potencia física, agudeza mental, o agresividad anímica. En realidad la teoría original predica la supervivencia del más adaptable, es decir el que mejor se adapte a las exigencias de un medio cambiante. Al respecto se atribuye a Darwin la frase tan citada: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde ante el cambio”. Sin importar si Darwin lo dijo o no, resume bien la idea de que aquellos seres cuya fisiología y comportamiento es mejor adaptado a su entorno logra sobrevivir y dejar más descendencia, mientras que los menos adaptados se extinguen más rápidamente y dejan menor descendencia.

Cuando se extinguieron los dinosaurios, a pesar de su tamaño, fuerza física y agresividad, las especies que sobrevivieron fueron los más pequeños y débiles, pero mejor adaptados a las nuevas condiciones en su entorno. En el caso de los seres humanos, nuestra notoria debilidad fisiológica y vulnerabilidad obliga a preguntar más bien qué comportamientos nos han posibilitado no sólo sobrevivir sino prosperar y multiplicarnos. Las personas no podían sobrevivir por mucho tiempo solas, peor reproducirse, por lo que la supervivencia humana siempre ha dependido de nuestra organización en sociedades. Y resulta que al actuar varios de sus miembros con agresividad, violencia, competición, mezquindad, etc. se debilita una sociedad y se disminuyen sus probabilidades de supervivencia, por lo que tales comportamientos habrían sido maladaptivos.

Tampoco la selección natural ha operado a través de la guerra, otorgando la victoria a los pueblos o ‘razas’ más agresivos y guerreros, y eliminando a los más bondadosos y pacíficos. Después de todo, ¿cuáles de los pueblos del mundo han sido los más exitosos en asegurar la supervivencia de sus genes mediante la guerra? ¿Han sido los más agresivos y competitivos, los más fuertes y guerreros? El hecho es que alguna vez en su trayectoria, todos y cada uno de los pueblos del mundo han conquistado a unos y han sido conquistados por otros. En la gran mayoría de casos, su victoria o derrota no se ha debido a alguna diferenciación en agresividad emocional, fuerza física, inteligencia o carácter, sino a factores circunstanciales como la geografía, su historia reciente y la tecnología disponible. En todos los casos, ninguno de los rasgos genéticos resultó ser mejor adaptado, ya que todos mataron y murieron por las mismas causas.

Los Bizantinos pudieron resistir los embates de los musulmanes de Medio Oriente debido a la tecnología desarrollada por una cultura conquistada por sus antepasados. Esto duró hasta que encontraron una entrada los descendientes de las hordas mongoles que habían superado a dichos musulmanes utilizando la ciencia de éstos, quienes habían reorientado su atención desde sus previas conquistas hacia el cultivo de lo conquistado. Los descendientes de los Visigodos dominaron a los Incas con el acero que habían heredado de los descendientes de los marroquíes musulmanes que les habían conquistado en la península ibérica hacía 800 años mientras recogían los pedazos de un imperio romano decadente que los había dominado apenas décadas atrás. Los europeos más agresivos murieron tan fácilmente de la peste como después los nativos más pacíficos de las Américas de las enfermedades importados por aquellos.

En todos estos casos, ¿cuáles características se mostraron más aptas? Ninguna, pues todos ellos mataron y murieron por las mismas causas. A la final el único beneficio que han dejado es aquello que lograron crear y construir; y a la larga quien ha sido perjudicado por sus desmanes es la humanidad toda.

8.   La cooperación como comportamiento adaptativo por excelencia

Si se acepta que en los seres humanos, la selección natural se ha basado en el comportamiento, entonces sería lógico concluir que tendría que haber favorecido la capacidad de reconciliar diferencias y lograr cooperación, mutualismo y paz, pues era lo único capaz de garantizar nuestra supervivencia colectiva en el largo plazo. En palabras de el antropólogo Ashley Montagu:

Sin cooperación entre sus miembros, ningún colectivo puede sobrevivir. La sociedad humana ha perdurado debido a la capacidad cooperativa de sus miembros, la cual ha hecho posible tal supervivencia… No lo lograron los individuos aventajados en aislamiento, sino los grupos. En las sociedades humanas, los individuos con mayores probabilidades de sobrevivir eran aquellos más capacitados por sus comunidades para hacerlo".[9]

Esto ha sido confirmado por estudios entre las culturas autóctonas en el mundo entero,[10] la mayoría de las cuales fomenta entre sus miembros actitudes de cooperación, mutualismo y reciprocidad, y reprimen enérgicamente las manifestaciones de agresividad, violencia, competición, mezquindad. No obstante, no todos los investigadores de las distintas disciplinas parecen ser conscientes de esto. Por ejemplo, los antropólogos Howell y Willis afirman:

La gran mayoría de investigadores asevera que la ‘agresión’… constituye una parte íntegra de la naturaleza humana; y que los impulsos y comportamientos agresivos de alguna manera han de ser dirigidos y controlados para poder sostenerse las relaciones humanas con el tiempo en un entorno social… Queremos promover un enfoque alternativo, cuestionando el supuesto de que la agresión sea un impulso humano innato.

“No se puede negar que en la sociedad occidental la agresión se considera parte de la naturaleza humana, pero tal vez esto nos dice más acerca de la sociedad occidental que sobre la naturaleza humana. Deseamos sugerir que no se puede suponer a priori un impulso agresivo en los seres humanos. En contraste, existe mucha evidencia a favor de la presencia de una tendencia innata hacia la sociabilidad. Los seres humanos son a priori seres sociables; es su capacidad para cooperar la que les ha posibilitado sobrevivir, no sus impulsos agresivos”.[11]

Louis Leakey et al. ofrecen mayores detalle respecto a las dinámicas que podrían haber causado una selección natural a favor de la cooperación:

“A lo largo de nuestra historia evolutiva reciente, particularmente a partir del surgimiento de la cacería como modo de vida, deben haber existido enormes presiones selectivas a favor de nuestra capacidad para cooperar como grupo… Fue tan grande la presión selectiva hacia la cooperación, la conciencia de grupo y la identificación, y tan extenso el período durante el cual operaba, que no puede haber evitado incorporarse de alguna medida en nuestra configuración genética”.[12]

Peter Corning, biólogo y científico de sistemas, agrega:

El comportamiento cooperativo ha sido la clave de la evolución humana desde antes de que parecíamos humanos, hace 5 millones de años cuando un pequeño simio bípedo que medía menos de un metro tuvo que sobrevivir y reproducirse exitosamente ante la presencia de más de 20 especies de grandes predadores que cazaban en manada, para quienes estos pequeños protohomínidos serían una presa ideal. Únicamente mediante la acción colectiva podían estos animales sobrevivir y defenderse contra tales predadores. Por tanto, parecería plausible… que en realidad la cooperación no sea algo que hayamos inventado en los últimos siglos, sino que sea esencial para comprender las características de la naturaleza humana.[13]

9.   El pensamiento darwiniano y la cooperación

Muchos suponen que el Darwinismo se basa principalmente en una prevalencia del conflicto, y que Darwin mismo creía que la competición fuera un aspecto necesario de la condición humana. Por ejemplo, en “Darwin’s Blind Spot”, Frank Ryan afirma que “La selección darviniana se basa exclusivamente en la lucha del individuo por sobrevivir”, que “la perspectiva darviniana… resulta en un énfasis extremo en la competición y la lucha” y que “las relaciones cooperativas no encajan cómodamente con la lucha competitiva que es elemento central de la evolución darviniana”.[14] Es erróneo suponer que Darwin creía en la competición y el conflicto como necesarios a la condición humana. Más bien, él observaba que la verdadera capacidad humana residía en nuestra habilidad para realizar actividades complejas en colaboración y sentir empatía con otros. Es interesante notar que el mismo Charles Darwin, en su libro “El Origen del Hombre” utiliza la frase “supervivencia del más apto" sólo dos veces, pero menciona la palabra “amor” en 95 ocasiones.

En “Nature’s Magic”, Peter Corning sugiere más bien que fueron aquellos que malinterpretaron a Darwin, como Huxley y Spencer, quienes enfatizaron los aspectos conflictivos de su teoría. Explica que la lógica de Darwin se centra, no en la competición, sino en la supervivencia y reproducción, las cuales podrían requerir de competición o de cooperación, dependiendo de las exigencias de la situación. La selección natural no es un mecanismo, sino una metáfora, un ‘término paraguas’, que abarca todo factor que determine la supervivencia diferenciada en un contexto dado, que podría ser de cooperación o competición. Ambas son comunes en la naturaleza y las dos son esenciales para la vida, medios hacia el fin de la supervivencia y no fines en sí mismas.

El mismo Darwin apreciaba plenamente el rol de la cooperación y ayuda mutua en la naturaleza, por lo que escribe:

Diversos tipos de animales son sociales; encontramos incluso que especies distintas practican la convivencia, como por ejemplo, algunos monos americanos y las bandadas de grajos, grajillas y estorninos… El servicio mutuo más común en los animales superiores es el de advertirse entre sí del peligro por medio de los sentidos unidos de todos…. Los animales sociales también se prestan numerosos servicios menores entre sí; los caballos se mordisquean y los vacunos se lamen en búsqueda de parásitos externos…. Los animales también se prestan servicios mutuos más importantes; es así como los lobos y algunos otros predadores se ayudan mutuamente para atrapar a una presa. Los pelícanos pescan en concierto. Los babuinos hamadryas voltean piedras para hallar insectos, etc.; y cuando encuentran una grande, se reúnen cuántos puedan, la voltean juntos y comparten el producto de su labor. Los animales sociales se defienden mutuamente entre sí. Ante un peligro, los bisontes machos de Norteamérica dirigen a las hembras y los terneros hacia el interior de la manada, mientras que defienden el exterior….

Incluso en la sociedad humana, Darwin reconoció la importancia de la cooperación para la supervivencia y la vinculó con la selección natural, aunque dentro de un marco de conflicto entre tribus:

No se debe olvidar que… un aumento en el número de hombres bien dotados y un adelanto en las normas de moralidad, sin duda otorgará una enorme ventaja a una tribu contra otra. Una tribu de numerosos miembros quienes, por poseer en alto grado el espíritu de patriotismo, fidelidad, obediencia, valentía y compasión, estuvieran siempre prestos a ayudarse entre sí y a consagrarse al bien común, sería victoriosa sobre la mayoría de las demás tribus; y de esto resultaría una selección natural.[15]

10.        El Darwinismo Social como legitimación de políticas laissez faire

¿Significa esto que la cooperación debe necesariamente primar en toda sociedad humana? ¡En absoluto! No hay ninguna justificación teórica o empírica para semejante afirmación. Karlberg aclara:

“…afirmaciones como estas no necesariamente niegan la existencia del conflicto y la agresión en la sociedad humana. Antes bien, aparentemente el ser humano posee un potencial evolutivo tanto para el conflicto como para la cooperación. El que uno de estos potenciales se desarrolle más plenamente que el otro depende en gran medida de nuestro entorno cultural, como lo demuestra el hecho de que las expresiones de conflicto y cooperación varían considerablemente entre diferentes sociedades”.[16]

Esto nos trae al uso del Darwinismo Social como fundamento científico de las políticas económicos de tipo laissez faire y los extremos desestabilizantes a los cuales llevan. Ha servido, por una parte, para legitimar la excesiva acumulación de poder y riqueza en manos de unos pocos y, por otra, para justificar la extrema miseria a la cual se ha abandonado a las masas de la humanidad. No obstante, esta interpretación individualista y competitiva se debe a un claro malentendido de las implicaciones de utilizar las leyes de ‘selección natural’ y ‘supervivencia del más apto’ como analogías de las relaciones sociales. Veamos por qué.

11.        Redefinición de la selección natural y aptitud en términos sociales

La ‘adaptabilidad’ particular de un rasgo genético sólo resulta en evolución si es capaz de reproducirse y extender sus beneficios a toda la especie dentro de un hábitat, no meramente producir ventajas a corto plazo para los individuos. Para que se aplique esta analogía, la ‘adaptabilidad’ social no podría significar meramente el avance para una única organización, como algunos suponen, sino más bien que los aspectos distintivos de un arreglo social innovador sean reconocidos como excepcionalmente beneficiosos para la población y, por tanto, replicados para mejorar el bienestar de la sociedad humana como un todo. Por ejemplo, durante varias generaciones, numerosos enfoques habían intentado aliviar la pobreza y fracasado, pero cuando Muhammad Yunus desarrolló su modelo microfinanciero, éste se difundió como un reguero de pólvora y cambió el mundo en pocos años. Su verdadero valor no consistió en que el Banco Grameen hubiera superado a todos los demás, sino en que el modelo mismo haya promovido el surgimiento de miles de instituciones microfinancieras y sus clientes.

Las clases de ventajas competitivas que muchos asocian con la selección natural en el mundo social, poco o nada tiene que ver con la adaptabilidad social, política o económica de la especie humana. En el sistema político de hoy, los partidos políticos suelen llegar al poder por influencias y subterfugios que de ninguna manera promueven el bienestar y progreso de los pueblos. Con frecuencia las instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales surgen o desaparecen debido a otros factores financieros y/o políticos que nada tienen que ver con su habilidad para satisfacer las necesidades de la sociedad. El sistema económico prevaleciente posibilita a las empresas más grandes destruir o absorber a las más pequeñas, aún cuando éstas últimas estuvieran mejor capacitados para responder de manera favorable al mercado. Nada de esto tiene que ver con la idoneidad social de una institución individual, mucho menos la de la sociedad humana en su conjunto.

12.        El Darwinismo Social como pretexto para justificar las inequidades

El hecho es que la selección natural y supervivencia del mejor adaptado no siempre se aplican a las estructuras más fuertes, sino principalmente a las más débiles, y entonces a menudo como pretexto para dejar que se extingan. El Darwinismo Social se emplea como excusa para interpretar situaciones claramente injustas como naturales e inevitables, como acordes con las ‘leyes del universo’: Cuando una gran industria de calzado se instala en un zona y deja sin su medio de sustento a cientos de familias dedicadas a la zapatería artesanal, se dice que es la supervivencia del más fuerte; así es la vida; mala suerte. Tras el descalabro financiero del año 2008, cuando algunas de las empresas más fuertes de los Estados Unidos enfrentaban la bancarrota, en vez de desaparecer fueron rescatadas por el gobierno por miles de millones de dólares, mientras que miles de empresas pequeñas y medianas fueron abandonadas a la ‘ley de la selva'. Si fuera aplicado indiscriminadamente a toda estructura social –grande o pequeña, fuerte o débil– muchas de las que ahora se yerguen inviolables serían prontamente descartadas como inadecuadas a las necesidades actuales de la sociedad.

Por dar algunos ejemplos adicionales, el actual sistema mundial de producción y consumo acaba rápidamente con las fuentes de recursos naturales de las cuales depende su existencia. El sistema agonista del partidismo está en clara bancarrota política, pese a lo cual continúa aplicándose por que sirve los intereses de pequeñas cúpulas de poder. La creciente acumulación de riqueza y poder en cada vez menores manos, generada por la versión contemporánea de capitalismo desenfrenado, destruyen las esperanzas de miles de millones de seres humanos en todo el planeta, mientras amplifica peligrosamente la ya extrema volatilidad de la economía mundial. Estas son claras evidencias de la operación de otras consideraciones que nada tienen que ver con la selección natural y que están poniendo en grave peligro la viabilidad de la raza humana como un todo.

13.        La selección social es artificial, no natural

En realidad, el proceso que más se aplica a los fenómenos sociales no es la selección natural sino la artificial, un concepto importante pero ampliamente ignorado del “Origen de las Especies”. Darwin inicia el libro con este tema y lo dedica considerable atención en relación con el desarrollo de varias cepas de la grosella espinosa europea. La selección artificial comienza cuando la gente escoge las especies silvestres de plantas y animales mejor adaptadas para la domesticación, y continúa con la subsiguiente selección de las mejores especímenes de cada especie para fines de reproducción. Por este medio se han desarrollado nuevas y mejoradas cepas con las características que busca el ser humano, como su tamaño, productividad, resistencia a las enfermedades o el clima, etc.

En la selección natural, las modificaciones se producen por medio de mutaciones genéticas aleatorias, que no requieren de ninguna decisión ni acción por parte de sus beneficiarios. En la selección artificial, en cambio, la alteración es resultado de una escogencia consciente y deliberada. Las estructuras de la sociedad deben modificarse cuidadosamente para adaptarse a cambios en el entorno social si han de reproducirse de generación en generación y seguir vigentes o ‘sobrevivir’. El consumidor elige conscientemente aquellos productos que mejor satisfagan sus necesidades y las empresas adaptan cuidadosamente sus ofertas a las demandas del mercado. El elector vota deliberadamente por aquellos candidatos que mejor se ajustan a su concepción del perfil ideal para el puesto, mientras que los postulantes suelen ajustar su perfil a lo que piensan que busca el electorado. Cuando una sociedad encuentra que sus sistemas e instituciones ya no sirven los propósitos para los cuales fueron creados, los abandona y los reemplaza por otros que más se ajustan a sus aspiraciones. Tal fue el caso de la Perestroika cuando la ex Unión Soviética abandonó su estructura de estricta planificación central a favor de una economía de mercado.

14.        La selección artificial debe ser racionalizada para el bien común

No hay nada natural, aleatorio o espontáneo en ninguna estas decisiones; son tomadas conscientemente y ejecutadas deliberadamente. Ahora bien, en una cultura agónica como la actual, estas decisiones con frecuencia son tomadas en base a los intereses limitados de minúsculos núcleos de poder, que se esconden tras el disfraz de la ‘selección natural’ para convencer a las masas perjudicadas de que todo está como debe ser. Si actuáramos de manera colectivamente racional, como exige la selección artificial en lo institucional, las escogencias serían realizadas tomando en cuenta el bienestar a largo plazo, no de una pequeña minoría, ni siquiera de las mayorías numéricas, sino del sistema social como un todo. El historiador Shoghi Effendi expresa como sigue las implicancias de esto:

“Si los ideales largamente acariciados y las instituciones largamente veneradas, si ciertas convenciones sociales y fórmulas religiosas han dejado de promover el bienestar de la mayoría de la humanidad, si ya no cubren las necesidades de una humanidad en continua evolución, que sean descartadas y relegadas al limbo de las doctrinas obsoletas y olvidadas. ¿Por qué éstas, en un mundo sujeto a la inmutable ley del cambio y la decadencia, han de quedar exceptuadas del deterioro que necesariamente se apodera de toda institución humana? Porque las pautas legales, las teorías políticas y económicas han sido diseñadas sólo para proteger los intereses de la humanidad toda, y no para que la humanidad se vea crucificada por la conservación de la integridad de alguna ley o doctrina determinada”.[17]

15.        Conclusiones

Se vuelve cada vez más evidente que el conflicto y la agresión ya no sirven los intereses de la humanidad – si alguna vez lo hicieron –, y que la colaboración y ayuda mutua son lo que mejor satisfacen nuestras necesidades colectivas. De hecho, ya no hay motivos para creer que la competición, el conflicto, la agresión y el egoísmo hayan tenido algún rol en la supervivencia de la especie humana, ni que hayan prevalecido en nuestra evolución. Del mismo modo como la capacidad para colaborar y ayudarse mutuamente ha sido necesaria para llegar hasta aquí, el futuro de la humanidad dependerá igualmente del predominio de estas características, tanto a nivel individual como en lo colectivo.

 

Preguntas de Estudio:

Después de leer el texto, responda a las siguientes preguntas en sus propias palabras:

  • ¿De qué manera surgió el concepto de ‘supervivencia del más adaptado’?
  • ¿Cuáles son sus implicaciones para el conflicto y la contienda?
  • ¿De qué manera puede interpretarse la ‘supervivencia del mejor adaptado' en apoyo de conclusiones mutualistas y cooperativas?
  • ¿Cuál se aplica mejor a la sociedad humana: la selección natural o la selección artificial? ¿Por qué?

 

Notas:

[1] Casa Universal de Justicia, “La Promesa de Paz Mundial”, octubre de 1985. Declaración a “los pueblos del mundo” con ocasión del Año Internacional de la Paz (1986).

[2] Darwin, C.R. “On the origin of species by means of natural selection, or the preservation of favored races in the struggle for life”. Londres: John Murray, 1859, p. 5.

[3] Lewontin, Richard: “Biology as Ideology - The Doctrine of DNA”. Nueva York: Harper-Collins Publishers, Inc., 1991, p. 10.

[4] Ibid, p. 109.

[5] UNESCO, "La Cuestión Racial", 1950,

[6] UNESCO, "Declaración sobre Raza y Prejuicio Racial", 1978.

[7] UNESCO, "Declaración sobre Principios de Tolerancia", 1995.

[8] UNESCO, Declaración de Sevilla sobre la Violencia, redactada y suscrita por 20 Premios Nóbel con ocasión del Año Internacional de la Paz en Sevilla, España, el 16 de mayo de 1986.

[9] Montagu, A. On being human. Nueva York: Hawthorn, 1966.

[10] Por ejemplo, véase Leakey et al. [1977], Bateson [1985] y Carothers [1989].

[11] Howell, Signe y Roy Willis, eds.Societies at Peace: Anthropological Perspectives. Nueva York: Routledge, 1989, pp. 1-2.

[12] Leakey, Richard, y Roger Lewin. Origins: What New Discoveries Reveal About the Emergence of Our Species. Londres: MacDonald and Jane’s, 1977, p. 209.

[13] Corning, Peter A. Institute for the Study of Complex Systems. Conferencia sobre “Cooperation in the Natural World” en Universidad de Cambridge. URL: http://archive.org/details/HowardRheingoldIFTFStanfordHumanitiesLabPeterCorning.

[14] Ryan, Frank. “Darwin’s Blind Spot: Evolution beyond Natural Selection”. Houghton Mifflin Harcourt, 2002, pp. 15.24, 50–53, 84–97.

[15] Darwin, Charles. “El Origin del Hombre” (The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex), 1871.

[16] Karlberg, Michael: “Beyond the Culture of Contest – From Adversarialism to Mutualism in an Age of Interdependence”. Oxford: George Ronald Publisher, 2004, p. 77.

[17] Effendi, Shoghi. ““Llamado a las Naciones – Extractos de los Escritos de Shoghi Effendi”. Casa Universal de Justicia, editor. Buenos Aires: EBILA, 1977, p. 29.

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