Viernes, 16 Marzo 2012 09:15

E. Cuestión del canibalismo

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Varios de los pueblos del mundo han practicado el canibalismo en un momento u otro de su historia. Es percibido por muchos como un acto salvaje, cruel y sanguinario, e incluso interpretado por algunos como evidencia de que los seres humanos seamos violentos y agresivos por naturaleza. No obstante, con un análisis más detenido de sus significados culturales, se encuentra que el ‘endocanibalismo’ o ingesta de la carne de los miembros del propio pueblo, puede haber sido originalmente un rito funerario motivado por sentimientos de pertenencia y solidaridad, y que el ‘exocanibalismo’, practicado en miembros de otros pueblos, había tenido motivaciones más simbólicas que lo anteriormente conjeturado. Estas conclusiones constituyen una evidencia más en una serie de pruebas que emplazan a la generación actual a revisar los supuestos tradicionales respecto a la incapacidad de la humanidad para construir una sociedad pacífica y unida.

 

1. Antecedentes

La mayoría de las especies de mamíferos, a excepción del león y algunas otras bajo situaciones extremas, parecerían tener un ‘mecanismo de inhibición’ instintivo contra el consumo de la carne de su propia especie. En el caso de los perros, por ejemplo, cuando se ha mezclado con su comida los restos de otros canes, han rehusado tocarla. El ser humano, sin embargo, aparentemente carece de este tabú. Los científicos siguen tratando de entender en dónde y cómo desapareció esta inhibición, y por qué.

La palabra caníbal proviene de Caribes o ‘Caríbales’, el nombre de un conjunto de pueblos antropófagos1 precolombinos del norte de Sudamérica y parte del Mar Caribe. Sin embargo, hay otros pueblos a lo largo de la historia que han sido observados practicando el canibalismo, cuyas leyendas se refieren a un tiempo pretérito cuando lo practicaban, o cuyos restos arqueológicos delatan este hecho.

En realidad, según los antropólogos, varios de los pueblos del mundo han practicado el canibalismo en un momento u otro de su historia. Aunque son cuestionables los informes de antropofagia entre los Australopitecos de hace 2-4 millones de años, se han identificado evidencias de canibalismo entre los Pitecántropos y Sinántropos de hace 300 mil años y los Neandertal de hace 100-30 mil años. Incluso entre la especie actual de Homo Sapiens o humano moderno, hay numerosos pueblos que han practicado la antropofagia en África,2 las Américas,3 Asia,4 Europa5 y Oceanía.6

 

2. El Problema Inicial

Para algunas culturas, el canibalismo resulta repulsivo y se considera una extrema agresión. En consecuencia, algunos científicos sociales –principalmente de occidente–, estudiando las costumbres antropófagas a través de sus propios filtros culturales, lo han interpretado como un acto salvaje, cruel y sanguinario. Tales informes, llegados desde el sanctasanctórum de la ciencia y sumados a la imaginación del artista, han dejado en la mente popular imágines de salvajes hambrientos que cocinan a misioneros gordos en inmensas ollas, y tribus sanguinarias cazando a sus vecinos para devorarlos.

Estas conjeturas han engrosado la lista de presuntas ‘evidencias’ planteadas para apoyar la tesis de que el ser humano sería agresivo y violento por naturaleza y, por tanto, incapaz de erradicar la guerra y demás formas de violencia estructural. Esto ha servido para justificar la existencia y continuación de la guerra y otras formas de violencia, y para oponerse a toda propuesta orientada a eliminarlas. Por ejemplo, Raymond Dart, en su artículo “The Predatory Transition from Ape to Man”,7 buscan hacer sentido de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, recurre a nuestra historia caníbal:

Los anales de la historia humana, salpicados de sangre y repletos de carnicería, desde los registros más remotos de Egipto y Sumeria, hasta las atrocidades más recientes de la Segunda Guerra Mundial, concuerdan –– mediante el canibalismo primitivo universal, los sacrificios animales y humanos o sus sustitutos en las religiones formalizadas, y las prácticas generalizadas de arranque de cabelleras, cacería de cabezas, mutilación de cuerpos y necrofilia entre toda la humanidad –– en proclamar este diferenciador sanguinario común, este hábito depredador, esta marca de Caín, que aparta al hombre dietéticamente de sus parientes antropoides y lo alía más bien con los carnívoros más mortíferos.8

 

3. Existencia del Canibalismo

Nuestro propósito aquí no es negar el hecho de que ha existido la antropofagia, sino más bien buscar una mejor comprensión de la misma a la luz de descubrimientos arqueológicos y antropológicos recientes. En este artículo nos proponemos demostrar que existen otras interpretaciones menos pesimistas para la existencia del canibalismo entre los seres humanos.

Un malentendido común es el supuesto de que la antropofagia fue motivada por el hambre. Se ha demostrado que por lo general no se debió a una falta de proteína animal, salvo en unos pocos casos excepcionales como los Saé y Guayupé de Sudamérica. Como dice el famoso paleoantropólogo Richard Leakey en “People of the Lake”,

[El canibalismo] no es sólo una manera de suplementar la dieta; es parte del contexto cultural de la sociedad. De hecho, los cuerpos humanos no constituyen una fuente particularmente rica en proteínas. Por ejemplo, si un grupo promedio de recolectores-cazadores decidiera incluir a los humanos en su menú para suplir la mitad de sus necesidades proteínicas, tendría que sacrificar a un hombre cada dos días. Quizás sea teóricamente factible, ¡pero difícilmente sería un estilo de vida viable!9

Existen ciertos signos que emplean los arqueólogos para determinar si los fósiles que encuentran representan un caso de canibalismo: huesos largos partidos para extraer la médula, desarticulaciones, aperturas en la base del cráneo, cortes en los huesos, restos óseos juntos al hogar, desperdicios de cocina, señales de la aplicación de fuerza por hombres, etc.

No obstante, no todos los informes de la antropofagia son confiables, especialmente en relación con los hallazgos más antiguos que corresponden a los Australopitecos. En este caso está en discusión si ciertas ‘evidencias’ son señales de violencia y canibalismo, o simplemente los efectos de fuerzas, presiones y movimientos geológicos dentro del yacimiento a lo largo de los milenios. Como explica Helmuth, “Su gran edad, la manera de su fosilización y su preservación en brechas de caliza, sólo pueden darnos supuestos relativamente imprecisos”.10 Otras presuntas ‘pistas’ se creen haberse producido por las mordidas de animales salvajes, como leopardos, hienas y cocodrilos.

Con esto no queremos decir no haya habido canibalismo hace cientos de miles o incluso millones de años, sino que aún si fuera el caso, no debemos mirar estos actos a través de nuestros filtros culturales ‘modernos’, como actos desesperados o atrocidades violentas. El transcurrir del tiempo puede alterar profundamente las ideas y creencias, significados culturales y simbolismos religiosos. Como veremos a continuación, algunos estudiosos señalan su función cultural e incluso solidaria. Algunos antropólogos, después de haberse entrevistado con caníbales directamente, informan que no expresaron ninguna repugnancia al hablar del hecho, sino que más bien enfatizaron el fino sabor de la carne humana. Esto demuestra el carácter relativo de nuestras costumbres y leyes morales, las cuales no siempre toman la misma forma o significado cultural; y esto explica por qué los antropólogos definen el canibalismo como “la costumbre de consumir carne humana, en asociación con determinadas ideas”.11

En este sentido, la antropofagia ha sido clasificada socialmente en dos tipos generales: el endocanibalismo (dentro de un mismo círculo social) y el exocanibalismo (fuera de ese círculo). Al estudiar sus significados culturales se aprecia que el endocanibalismo era motivado por sentimientos de pertenencia y mutualismo, y que el exocanibalismo tenía raíces más simbólicas de lo que antes se creía. Hermann Helmuth, en su artículo “Cannibalism in Paleoanthropology and Ethnology”, analiza estos dos tipos en cierta profundidad; y el presente artículo aprovecha en gran parte su trabajo.

 

4. El Endocanibalismo

El endocanibalismo, también conocido como ‘patrofagia’, es la ingesta ritualizada de la carne de los miembros de la propia tribu o grupo social. Algunos han supuesto erróneamente que era motivado no sólo por el hambre, sino además por una falta de simpatía hacia la víctima, o incluso un franco enfado u odio. Por ejemplo, en su libro “On Aggression”, el etólogo Konrad Lorenz dijo de los huesos quemados que se hallaron juntos a la primera evidencia arqueológica del uso humano del fuego: “El hombre de Pekín, el Prometeo que aprendió a preservar el fuego, lo utilizó para azar a sus hermanos: junto a los primeros rastros del uso regular del fuego yacen los huesos mutilados y tostados del mismo Sinanthropus pekinensis”.12 Su compromiso con la tesis de la agresión humana inherente le cegó a toda posibilidad de que esos restos carbonizados fueran el resultado de una cremación, o de que su carne salvara las vidas de unos sobrevivientes reacios durante una hambruna. No le quedó más que suponer que, tan pronto como el hombre había dominado el fuego, su ‘instinto asesino’ lo había impulsado a volverlo en contra de su propia familia. El antropólogo Ashley Montagu explica esto como sigue:

Los huesos quebrados del hombre de Pequín podrían ser los restos de individuos que murieron durante una hambruna y bien podrían haber sido consumidos por sus acompañantes sobrevivientes. Sucesos de este tipo han sido registrados entre la mayoría de pueblos de los que se tiene conocimiento. Sin embargo, no existe registro de pueblo alguno, ya sea prehistórico, analfabeto u otro en los anales de la historia humana, que haya tenido el hábito de matar a sus prójimos con la finalidad de convertirlos en su cena…. ¿Lorenz cree seriamente que el hombre de Pekín acostumbraba preparar ‘hermano a la brasa’?13

Las evidencias antropológicas nos presentan un cuadro muy diferente a la imagen popularizado de unos salvajes agresivos. Por lo general, el endocanibalismo fue motivado por sentimientos de amor, respeto y solidaridad hacia el muerto. En muchos casos simplemente era la costumbre funeraria, a veces incluso cumplida por respetar los deseos del difunto. La quema y el entierro se usaban para la disposición de los desechos; el tratar como basura al cuerpo de un ser querido se consideraba cruel y bárbaro. A través de nuestros filtros culturales actuales, posiblemente percibamos la ingesta de nuestros amigos y parientes difuntos como un acto salvaje e insensible, congruente con una naturaleza humana violenta y agresiva. Sin embargo, si más bien la antropofagia fúnebre fuera la norma hoy en día, tal vez habríamos señalado la quema y el entierro de los cuerpos como prueba de una naturaleza rencorosa en el ser humano.

Con frecuencia la antropofagia o el canibalismo fúnebre eran motivados por un deseo de perpetuar la vida del difunto mediante su asimilación dentro del cuerpo propio. Era un medio para transmitir hacia la siguiente generación la personalidad y el alma del difunto mediante su absorción dentro de la vida propia y la de la tribu como un todo. De este modo, los seres queridos permanecerían siempre presentes y unidos con la tribu, tanto física como espiritualmente. Hay en esto un paralelo interesante con el rito cristiano de la comunión, en el cual el cuerpo y la sangre de Jesús se ingieren simbólicamente en forma del pan y vino.

Lejos de ser señal de agresión, era un acto de profundo afecto, motivado por sentimientos de solidaridad y pertenencia. Por ejemplo, el etnólogo Thurnwald reportó que cuando fallecía un joven de la tribu australiana Turrbal, era la costumbre comer su cuerpo. El joven era conocido y amado, por lo que, sin importar en dónde vagaba su alma, no se dejaría descomponerse su carne.14

Otro motivo del endocanibalismo era el de ayudar en la preservación del modo de vida de la tribu a través de la repetición de un rito, generando de este modo una conciencia de continuidad y manteniendo el orden existente. Por ejemplo, en el norte de las Islas Bougainville, cuando nacía un infante dentro de una familia importante, un hombre era sacrificado, ingerido y su cabeza enterrada. Según Riesenfeld, esto guardaba relación con una leyenda según la cual pelearon dos hermanos, uno de los cuales fue dado muerte y devorado, mientras que el otro se convirtió en fundador de la tribu y de su cultura. Este ‘mito fundacional’ ha sido repetido desde ese entonces para que el recién nacido siguiera el sendero correcto desde el inicio, formándose así dentro del orden de la vida tribal.15

Otro ejemplo de endocanibalismo practicado como medio para preservar las tradiciones tribales era la recreación del ‘Mito del Fuego’ en Nueva Guinea acerca de cómo había llegado al hombre por primera vez el fuego, el cual había sido encendido mediante un acto de cópula. La ceremonia consistía de realizar el coito con una muchacha mientras que otros encendían un fuego con largos palos rojos. Entonces se echaba a la muchacha en el fuego, se comía su cuerpo, y los huesos eran pintados de color rojo y guardados en una choza. El propósito era de repetir el Mito del Fuego, reiterar la creencia de la gente en él, y continuar la tradición de la vida tribal como fuerza cohesiva.

Un motivo más mágico de tanto el endocanibalismo como el exocanibalismo, era el de adquirir los poderes y las cualidades de los fallecidos y así perpetuarlos. Esto se debe a que, en muchas culturas, ciertas partes del cuerpo se consideraban la sede de poderes especiales o cualidades preciadas, o poseedores de valor simbólico. Por ejemplo, la grasa se consideraba la sede de poderes extraordinarios. Los Dieri de Australia cortaban la grasa del rostro, el vientre, los brazos y las piernas, y la repartían para que todos pudiesen compartirla, mientras que en América del Sur la grasa era derretida, mezclada con chicha y tomada como bebida.

También en Sudamérica, se creía que el alma residía en los huesos, por lo que se mezclaban sus cenizas en una bebida para compartir. El corazón y la sangre se consumían crudos en el Valle del Cauca en Colombia, a fin de asegurar la absorción de la fuerza del muerto. El hígado, el corazón y los intestinos poseían grandes poderes mágicos para los Chebero y, como parte de un culto a la fertilidad, a la esposa del cacique de los Cubeo se le daba de comer el pene de un hombre muerto para incrementar su fertilidad.

Finalmente, algunas sociedades practicaban lo que podría llamarse el ‘canibalismo curativo’. Por ejemplo, se reporta que como último recurso en la sanación de un muchacho enfermo, el pueblo Klemantan de Indonesia mataba a una de sus hermanas para aplacar al espíritu malvado que atormentaba. Luego se le daba de comer de su carne, a fin de obtener la mayor ventaja de su sacrificio.

 

5. El Exocanibalismo

El exocanibalismo consistía en la ingestión de la carne de alguien que no era miembro de la misma tribu o aldea. Varían los motivos del mismo, pero en este caso también son de índole primordialmente simbólica y ritual, como veremos a continuación. Uno de los principales propósitos del exocanibalismo era el de cobrar venganza o expresar odio o menosprecio, como por ejemplo masticar la carne del enemigo mientras se mofaba de él con palabras de desprecio y desdén. Los Arawak practicaban el canibalismo para vengarse de sus enemigos hereditarios, y uno de sus peores insultos era “la carne de tu madre se ha atascado entre mis dientes”. Entre los Guaraníes, los niños sumergían sus manos en la sangre aún tibia de sus enemigos caídos, con la finalidad de volverse audaces y valientes y para vengarse del bando opuesto por haber matado y comido a sus parientes.

A veces el propósito del exocanibalismo era el de quitarle a la víctima sus poderes, a fin de evitar que su alma retornara y se vengara de sus asesinos. Por ejemplo, los Sumos cortaban en pedazos los cuerpos de sus enemigos caídos y se los comían, no sólo como insulto postmortem, sino además para cerciorarse de que estuvieran privados de todo poder para hacerles daño. Los Parintintín de Brasil también se comían los ojos, la lengua y los músculos de brazos y piernas de sus enemigos muertos, para que jamás pudieran ver, hablar, caminar y disparar de nuevo, desquitándose de este modo de sus asesinos. Mediante la destrucción de los órganos necesarios para la venganza, se aseguraban de que los muertos no les serían una amenaza en el futuro. De modo similar, algunos actos de exocanibalismo fueron practicados meramente por su efecto disuasivo, ya que inspiraban miedo y terror entre las tribus no caníbales, asegurando así que no atacaran.

Como en el caso del endocanibalismo, un motivo importante fue la transmisión de poderes y calidades. Las mujeres ancianas ingerían la carne y grasa de hombres muertos para preservar su salud y vitalidad al absorber su vida dentro de sí. Se creía que la carne de las mujeres mejoraba la potencia sexual. Con frecuencia se trataba de un asunto altamente ritualizado que seguía reglas estrictas y requería de una red de obligaciones. Por ejemplo, en la Isla Salomón de Nissan y en las Carolinas, para poder ingerir a una mujer, los ritos exigían que un hombre consiga y ofrezca a la víctima, que otro la sacrifique, y que otro más la coma. En la región polinesia, se creía que los personajes importantes como caciques poseían más ‘Maná’, por lo que se consumía sus cuerpos para poder participar de sus poderes mágicos. En el Valle del Cauca, únicamente los guerreros tenían derecho a devorar a sus homólogos del otro bando y así recibir para sí sus fuerzas y destrezas.

En algunas culturas, al futuro rey se le obligaba consumir la carne humana, sin lo cual no sería coronado ni se le permitiría gobernar. Esta costumbre, denominada ‘canibalismo real’ tenía como propósito endurecerlo, siendo algo cruel y horrible, ya que un rey tenía que estar preparado para realizar actos terribles. Consideraban que los sentimientos humanitarios podrían a veces interponerse entre él y su deber, por lo que al rey se le obligaba soportar estos horrores para insensibilizarle. Entre los Ovimbundu, por otra parte, el canibalismo real se practicaba con la finalidad de perpetuar una institución. Se decía que el legendario Rey Wamba Kalunga había tenido una predilección para la carne humana. Desde ese entonces, todo aspirante a rey tenía que devorar la carne de un esclavo cebado, a fin de asegurar la continuidad de esta costumbre. Esto obedecía a una creencia en el poder de la repetición, y en que aquello que había sido instituido alguna vez por un gran rey como la esencia de la realeza, debía ser reproducido perennemente.

También hubo formas exocanibalistas de los ritos fúnebres. Por ejemplo, entre los Jaga de África, se decapitaba a un esclavo o enemigo sobre una tumba para saciar con su sangre la sed del muerto. Entonces una porción de su carne era agregada a la sepultura como alimento para el difunto, y otra porción era consumida por el pueblo, con miras a transportarse del mundo de los vivos al mundo de los muertos mediante la ingestión de la misma comida. No se trataba de una costumbre fúnebre para beneficio de los deudos, sino un rito necesario para el fallecido y que debía ser compartido por los vivos, un caso de antropofagia relacionada con la comunión o identificación con el muerto.16

Finalmente, se ha denominado ‘canibalismo judicial’ al hecho de ejecutar y devorar a un miembro de la propia tribu como castigo por un delito grave como asesinato. Aunque la víctima haya sido miembro de la misma tribu o grupo, estos actos punitivos son mejor clasificados como exocanibalismo, ya que los delincuentes eran y siguen siendo considerados parias o no ciudadanos. Es interesante que varias formas de castigo y coerción sean definidas actualmente por los sociólogos como casos de altruismo institucionalizado, no actos de barbarie como antes se creía, ya que ayudan a mantener un orden social de cooperación y mutualismo.

 

6. Otros Casos Similares

Existen otros casos de canibalismo y prácticas afines que no encajan exactamente dentro del esquema endo/exo, pero sí arrojan luces sobre el tema que nos ocupa – si la antropofagia y costumbres similares apoyan la tesis de que el ser humano sea inherente agresivo y violento – un ‘asesino’ instintivo.

Algunas culturas sacrificaban a personas como ofrendas para alimento de los dioses, con la intención de que éstos también compartieran con la tribu en las fuerzas del muerto y, por extensión, en la vida de la tribu. Un caso especial de este tipo de tito se observó en Nueva Zelanda. Cuando un cacique enemigo caía abatido durante una guerra entre tribus, cesaban temporalmente las hostilidades mientras la otra tribu cortaba en pedazos y asaba el cuerpo del jefe muerto. Una porción de su cuerpo era ofrendada a los dioses y otra porción era consumida por la tribu para recibir su fuerza, valentía y poderes tabú. Si los dioses aceptaban este sacrificio, continuaba la guerra; caso contrario, terminaba pelea.

Koch ha reportado sobre varias tribus africanas que comían los cadáveres de miembros de su propia tribu y de otras tribus, a quienes ellas mismas no habían matado. Explica que ellos “tienen la creencia de que, quien ingiere la carne de un cadáver es poseedor de poderes siniestros y mágicos, capaz de convertirse en animales salvajes”.17 Helmuth reflexiona sobre la cosmovisión y el razonamiento que subyace en esta costumbre como sigue:

Uno puede suponer que entre estas tribus, la creencia en la metamorfosis del muerto en su animal tótem y así la transmigración de las almas, resultaba en el consumo de la carne de los cadáveres para poder mudarse en animal… Desde luego, había que evitar el camino directo hacia esta transformación, es decir, la muerte. Por tanto, se alcanzaba el objetivo de manera indirecta mediante la ingestión de un ser humano que ya era capaz de asumir la forma de un animal.18

Varios de los pueblos del mundo han tenido la costumbre de reunir y guardar partes humanas como trofeos para darles buena suerte, adquirir poderes mágicos, expresar desprecio y burla, o cobrar venganza. Los Jíbaro y Mundurukú creían que las tsantsas (cabezas reducidas) les traerían buena suerte por dos motivos: porque en el proceso de preparación las cabezas tratadas recibían poderes mágicos; y porque los ancestros otorgaban apoyo y protección al titular del trofeo una vez satisfecho su deseo de venganza. También los pueblos guaraní y omagua consideraban muy valiosos e importantes los trofeos de cabezas. Los araucanos fabricaban copas de los cráneos de sus enemigos muertos en señal de desdén y burla, mientras que los Huanca, Incas y quechuas disecaban y rellenaban las pieles de sus enemigos, producían tambores con su cuero y elaboraban flautas con sus huesos para fines similares.

Cada uno de los casos anteriores comparte algo en común con el endo- y exocanibalismo: que los motivos subyacentes eran socioculturales y ritualistas, antes que impulsados por alguna agresión innata o violencia inherente. No obstante, se han registrado casos en tiempos más recientes de personas perturbadas que han cometido la antropofagia dentro de un marco delictivo. Lo que ha sido calificado como ‘canibalismo criminal’ se ha reportado entre asesinos que han intentado ocultar las evidencias mediante la ingestión de los restos de sus víctimas. La enfermedad mental y paranoia han sido culpadas en algunos casos, como son los homicidas Jeff Dahmer y Ed Gein; y la megalomanía ha sido planteada como causa en el caso de dictadores como Idi Amin de Uganda y Jean Bedel Bocassa de la República Centroafricana.19

Al otro extremo del espectro se encuentra la antropofagia de emergencia o de supervivencia, que consiste de actos excepcionales y desesperados, impulsados por el peligro de la inanición entre personas que deploraban el tener que recurrir a tales actos. Entre los casos documentados de este fenómeno se encuentran los siguientes: Un grupo de 90 migrantes norteamericanos que atravesaban la Sierra Nevada hacia el oeste en el invierno del año 1846, fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y, después de consumir sus provisiones alimenticias, se vieron obligados a recurrir al canibalismo. Cuando la ciudad de Leningrado se encontraba sitiada durante la Segunda Guerra Mundial, sus habitantes tuvieron que escoger entre morir de hambre y el canibalismo. En el año 1972, los miembros de un equipo uruguayo de rugby salieron con vida cuando estrelló su aeronave en los Andes de Chile. Los equipos de rescate no pudieron llegar debido a las condiciones climáticas. El equipo únicamente pudo sobrevivir después de consumir la carne de sus muertos. La Expedición Franklin hacia de la región ártica de Canadá durante los años 1881-84 siguió esta misma pauta. Según los informes de prensa, la hambruna forzó a la gente a recurrir al canibalismo en Corea del Norte en los años 1997-1998, cuando incluso se vendía en las calles carne de origen evidentemente humano.20

En su sentido estricto, los antropólogos no consideran estos casos extremos un verdadero canibalismo, el cual se presenta más bien como una costumbre social o rito cultural. Como vimos en lo anterior, se han encontrado muy pocos casos históricos de antropofagia a causa del hambre, y ningún caso donde la carne humana se haya consumido como fuente estable de proteína.

 

7. Consideraciones Finales

Hemos visto que la antropofagia ha sido practicada por numerosos pueblos a lo largo de la historia humana. Vimos que el endocanibalismo era motivado principalmente por sentimientos de solidaridad y afecto, aunque que el exocanibalismo tenía motivos menos amigables. Sin embargo, ahora está claro que ambas formas fueron motivados principalmente por los significados simbólicos y ritualistas atribuidos al hecho, y únicamente en casos extremos por una naturaleza desquiciada o una carencia de nutrición proveniente de otras fuentes. En un intento por comprender de qué manera evolucionaron estas prácticas, se han recopilado estadísticas de la incidencia de endocanibalismo versus exocanibalismo entre recolectores-cazadores y nómadas por un lado, y agricultores y sedentarios por otro. Consta un resumen de los resultados en la tabla a continuación:21

 

Endocani-balismo

Exocani-balismo

1. Tribus caracterizadas por:

a) Una economía de cazadores-recolectores, agricultura ausente o insignificante

b) Siembra y cultivo como forma básica de economía de subsistencia (maíz, yuca)

 

14

 

2

 

6

 

32

2. Tribus caracterizadas por:

a) Mínima diferenciación social, organización en bandos nómadas o seminómadas

b) Organización social sésil, en forma de aldeas

 

13

 

3

 

4

 

34

Aquí se aprecia claramente que los cazadores-recolectores y los nómadas practicaban más endocanibalismo, mientras que los agricultores y aldeanos eran más exocanibalistas. Existió en exceso de 2 a 3 veces más endocanibalismo entre los cazadores-recolectores y nómadas, y de 11 a 17 veces más exocanibalismo entre los cultivadores y habitantes de aldeas. Esto demuestra que, así como la vida nómada de caza y recolección fue anterior a la agricultura sedentaria, el endocanibalismo también existió antes del exocanibalismo. Helmuth concluye que “esto implica que tienen mayor edad los sentimientos de amistad en conexión con el consumo de carne humana que los sentimientos hostiles o mágicos”,22 y Becher sugiere que esto se debe a que es más fácil que sus motivaciones pasen de amor y respeto al odio y desdén, que a la inversa.23

Estas conclusiones constituyen una evidencia más en una serie de pruebas que emplazan a la generación actual a revisar los supuestos tradicionales de una naturaleza humana inherentemente agresiva y violenta y por tanto incapaz de construir una sociedad pacífica y unida. En este sentido, Helmuth también llegó a la misma conclusión:

La creencia en la transmisión de cualidades, el temor a la venganza, el castigo de los delitos, la repetición de un mito, un cierto amor y sentimiento de pertenencia, o incluso la total indiferencia del sujeto hacia el dolor y la esencia del objeto consumido, no guardan relación alguna con las emociones agresivas. El supuesto de sentimientos o comportamientos agresivos en el hombre hacia su prójimo, no se justifica sin cumplir con determinadas condiciones, ya que esta suposición tampoco representa más que la aplicación de ideas deducidas de la situación presente a otra pasada. Con la misma justificación, uno podría argumentar que la práctica de la patrofagia por parte de un indígena o aborigen implica una larga historia de sentimientos amigables, afectuosos y de cariño. Una comparación de las modalidades de pensamiento y motivación humanas en culturas distintas y recientes, nos posibilita rechazar como demasiado dogmáticas las nociones anteriormente aceptadas.24

Aunque el exocanibalismo haya decaído en una práctica rodeada de odio y venganza, el mero hecho de que la antropofagia haya podido sufrir una transformación cultural tan profunda, y que posteriormente ambas formas hayan llegado a ser tan repugnantes para las sociedades contemporáneas, demuestra que, lejos de ser obligados por el determinismo de una supuesta programación genética, los seres humanos poseemos una inmensa capacidad para el cambio sociocultural, capacidad que ahora debemos aprovechar para lograr la transición de la actual cultura de violencia a una nueva cultura de paz.

 


Notas:

1. La palabra antropofagia proviene del griego ἄνθρωπος o anthropos, “se humano” y φαγειν o phagein, “comer”. Abarca: el canibalismo humano o ingestión de la carne humana por otro ser humano; el auto-canibalismo o ingestión de la propia carne de uno; los ‘devoradores de hombres’ o animales depredadores que consumen la carne humana; y la hematofagia humana o consumo de la sangre humana por parte de animales. En el presente artículo, estaremos utilizando el término únicamente en el primer sentido.

2. En África, numerosas tribus como los Fan o Fang y Jaga; los Ovimbundu o Umbundu en Angola; los Momvu, Baluba, Bakondja, Basongo, Mabudu, Azande y otras tribus de África Central.

3. En las Américas, los Cayena de la Guayana Francesa; los Tupinambá, Boehm, Parintintín y Surara de la Amazonía; los Tupí-Guaraní, Aminapä, Botokudos del sudeste del continente; los Amahuaca, Omagua, Chebero o Jebero del noroeste del continente; varias tribus de Colombia como los Tucano, Guayupé, Quimbaja, Arma, Picara, Putima, Pijao, Pozo, Tupinamba, Cubeo; los Caríbales, Waika, Arawak o Arahuacos en el norte del continente Suramericano y el Caribe; los Sumo, Chorotega, Nicarao de Centroamérica; y los Hopi, Iroquois, Jumano en Norteamérica, entre otros.

4. En Asia, los Masagetas e Isedones al oriente del Mar Caspio según Herodoto; en el Monte Carmelo de Oriente Medio; en el Valle Swat de Afganistán; los Kallatians de la India; en Teshik-Tash de Uzbekistán; en Zhoukoudian o Chouk Outien de la China; y los N’gandong y Sumatra de Indonesia, entre otros.

5. En el continente europeo, Krapina de Croacia; Weimar-Ehringsdorf, Hohlestein, Doebvritz, Bad Frankenhausen, Neuessing de Alemania; La Quina, La Chapelle, Le Moustier, La Ferrassie de Francia; Monte Circeo de Italia; y los pueblos eslavos, entre otros.

6. En Oceanía, varios pueblos aborígenes de Australia, entre ellos los Dieri, Turrbal, Theddora y Ngarigo; los Klemantan de Indonesia; varias de las Islas Salomón; y algunas de las Islas Carolinas, entre otros.

7. Dart, Raymond. “The Predatory Transition from Ape to Man”, International Anthropological and Linguistic Review, Vol. I, 1953, pp. 201-8. Citado en Ashley Montagu, ed. Man and Aggression. Nueva York: Oxford University Press, 1973, p. 5.

8. Ibíd. pp. 207-8.

9. Leakey, Richard y Roger Lewin. “People of the Lake – Mankind and its Beginnings”. Nueva York: Avon Books, 1978, p. 231.

10. Helmuth, Hermann. Cannibalism in Paleoanthropology and Ethnology. En Ashley Montagu, ed. Man and Aggression. Nueva York: Oxford University Press, 1968, 2da edición 1973, p. 231.

11. Helmuth 1973, p. 234 (énfasis mío).

12. Lorenz, Konrad, “On Aggression”. Nueva York: Harcourt, Brace & World, 1966, p. 239.

13. Montagu, Ashley. “The New Litany of ‘Innate Depravity,’ or Original Sin Revisited”. En Ashley Montagu, ed., Man and Aggression. Nueva York: Oxford University Press, 1968, 2ª edición, 1973, p. 12.

14. Thurnwald, Richard. Kannibalismus. En: Reallexikon der Vorgeschichte, hrsg. v. M. Ebert, Bd. 6, Berlin, 1926, p. 207-12, citado en Helmuth 1973, pp. 234-5.

15. Riesenfeld, Alfonse. The Megalithic Culture of Melanesia. Leiden, Holland: E. J. Brill, 1950.

16. Volhard, Ewald. Kannibalismus – Studien zur Kulturkunde. Bd. 5, Stuttgart: Verlag Strecker und Schröder, 1939, citado en Helmuth 1973, pp. 237-8.

17. Koch, R. Anthropologische Beobachtungen gegentlich einer Expedition an den Viktoria-Nyanza. In: Z. Ethnol. 40, 1908, p. 465, citado en Helmuth, 1973, p. 236.

18. Helmuth, 1973, pp. 236-7.

19. h2g2 - revista en línea, Cannibalism, 24 de abril de 2001, URL: http://h2g2.com/dna/h2g2/A530687.

20. Ibíd.

21. Helmuth, 1973, p. 241. Fuente: Handbook of South American Indians (Steward) y World Ethnographic Sample (Murdock). Las muestras son tomadas principalmente de Sudamérica, donde hay abundantes datos, y extrapoladas al resto del mundo, donde los datos son más escasos.

22. Helmuth, 1973, p. 244.

23. Becher, H. Die endocannibalistischen Riten als Früheste Erscheinungsform der Anthropophagie. En: Z. Ethnol. 92, 1967, pp. 248-53, citado en Helmuth 1973, p. 244.

24. Helmuth, 1973, p. 250.

 

[1]Montagu, Ashley. “The New Litany of ‘Innate Depravity,’ or Original Sin Revisited.” En Ashley Montagu, ed., Man and Aggression. Nueva York: Oxford University Press, 1968, 2ª edición, 1973, p. 12.

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