Martes, 27 Julio 2010 19:30

B. Transformación psicocultural

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Como hemos visto, la ‘naturalización’ incluye la asimilación de los códigos de nuestra cultura de tal modo que nos parezcan naturales, inalterables, inevitables, imposibles de cambiar. Es justamente esto lo que ha sucedido con la cultura del agonismo y por qué se necesita formar gestores de cambio sociocultural para revertirlo. También hemos visto que su desnaturalización implica “volver consciente lo inconsciente”, en palabras de Pierre Bourdieu, y demostrar que son de hecho códigos culturales y no códigos genéticos los que nos llevan a comportarnos como lo hacemos. En este capítulo exploraremos algunas formas de lograr este cambio y promoverlo en otros.

“Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.

(Atribuido a Mahatma Gandhi)

A. Los modelos mentales

Uno de los métodos más poderosos para efectuar la desnaturalización de la cultura del agonismo es el cambio de viejos ‘modelos mentales’ en nuevos ‘marcos conceptuales’.1 Un modelo mental es un mapa interno de la realidad, que elaboramos para poder trabajar sobre esa realidad con la mente. Son supuestos, creencias, generalizaciones, prejuicios, etc. que asimilamos desde la cuna por medio de los códigos culturales que recibimos constantemente de nuestro entorno social. La formación de modelos mentales responde a la necesidad humana de comprensión, pues sin modelos mentales, no tendríamos ningún entendimiento del mundo.

La adopción de modelos mentales no es un proceso intencional. Generalmente no somos conscientes de haber formado modelos de la realidad. Por eso tendemos a pensar que la realidad y nuestros pensamientos sobre ella son lo mismo. Siendo sólo mapas, los confundimos con el territorio. Así como el pez no sabe que está en el agua hasta salir de ella, nosotros no sabemos que nuestra percepción del mundo es culturalmente determinada y sólo una forma de verlo, hasta salir de nuestro entorno cultural y aprender a ver el mundo desde otra óptica. Esta es parte del proceso de desnaturalización de la cultura.

Los modelos mentales no se limitan al pensamiento, sino que determinan nuestra forma de actuar en el mundo. Lo sepamos o no, el hecho es que actuamos acorde con nuestros modelos mentales. Son como el programa lógico que subyace detrás de todas las operaciones que hace una computadora cuando trabaja. Para cambiar esas operaciones, sería necesario cambiar el programa. Del mismo modo, si se quiere cambiar el comportamiento de un ser humano, es necesario cambiar primero sus modelos mentales.

1. Poder de los modelos mentales

Entre los modelos mentales en mayor necesidad de cuestionamiento se encuentran aquellos que afianzan los conceptos del ser humano como agresivo y egoísta por naturaleza. Paralelamente, se encuentran modelos mentales de una sociedad en que aceptamos la agresión, el egocentrismo y la competición como norma, dejando de lado las múltiples evidencias que demuestran que los avances de la civilización a lo largo de la historia han sido basados en la cooperación. Estos modelos mentales predominantes acerca de la naturaleza humana y la sociedad han dado lugar a actitudes y comportamientos que no son útiles en la comunidad global interdependiente de hoy.

El trabajo de Douglas McGregor [1977:20] en el campo de la administración, demuestra el poder de nuestros modelos mentales y cómo tienden a crear la realidad que predicen. Él afirma que los supuestos de un gerente con respecto a la naturaleza humana influencian su enfoque en la administración de los recursos humanos en el lugar de trabajo. McGregor sostiene que cada gerente posee tales supuestos, aunque no se dé cuenta de ellos. Identifica dos grupos de supuestos a los que llama Teoría X y Teoría Y.

El punto de vista convencional de la administración, la Teoría X, afirma que “los trabajadores deben ser motivados y controlados a través de la presión directa de la administración porque son perezosos, carecen de ambición, les disgusta la responsabilidad, prefieren que se les indique lo que deben hacer y se resisten pasivamente a lograr los objetivos de la organización. El dinero es el único medio para motivarlos”.

La Teoría Y defiende a otro grupo de supuestos administrativos respecto a los trabajadores. Propone que “si se les da la oportunidad, las personas serán auto-motivadas a lograr los objetivos de la organización a la vez que se esfuerzan por el crecimiento y desarrollo personales. Sus características son lo opuesto a aquellas que supone la Teoría X. La Teoría Y sostiene además que si las personas parecen estar comportándose de acuerdo a las características propuestas en la Teoría X, es sólo porque la organización en que trabajan les ha exigido hacerlo. Según este punto de vista, la tarea del gerente es la de arreglar los asuntos para que las personas puedan satisfacer sus necesidades jerárquicamente superiores de la autorrealización y el logro en el proceso del cumplir con las metas de la organización”.

El punto fundamental de McGregor que se quiere recalcar aquí es que nuestros supuestos acerca de la naturaleza humana influyen grandemente en las maneras cómo percibimos y tratamos a los demás. Aun más, nuestros supuestos tienden a crear la realidad que predicen. En el caso de los trabajadores, éstos responden a los supuestos de sus respectivos gerentes, evidenciando las características esperadas de ellos. Por eso, no se puede recurrir a la evidencia del comportamiento en la vida para “comprobar” la validez de un modelo mental respecto a la naturaleza humana, porque cada modelo tiende a generar los mismos resultados que parecen validarlo.

Es más sabio reflexionar sobre las consecuencias de cada modelo y las maneras como éste influye en la sociedad. De este modo, podremos comprender cómo ciertos modelos mentales han estado generando la cultura a nuestro alrededor. Finalmente, podemos transformar conscientemente estos modelos mentales, reemplazándolos con un nuevo marco conceptual que generará el tipo de sociedad que deseamos.

2. Cómo cambiar los modelos mentales

El ser humano suele resistirse a cambiar sus modelos mentales. Al recibir información nueva, tendemos a aceptar la que confirma nuestros modelos mentales y rechazar cualquier evidencia contraria. La mente intenta mantener la congruencia entre sus diferentes conceptos. Ante alguna inconsistencia, la resuelve por lo general dando preferencia a las estructuras mentales más antiguas. Esto obedece a un fenómeno psicológico que se llama ‘evasión de la disonancia cognitiva’ y constituye un obstáculo para el aprendizaje de nuevas formas de pensar y actuar, necesarias para el cambio sociocultural. De este modo, si se presenta a una persona dos alternativas, la primera similar a su concepción actual del mundo y la segunda radicalmente diferente u opuesta a ésta, su primer impulso será aceptar la primera y rechazar la segunda. Esta tendencia puede ser superada, pero primero la persona debe reconocer que su percepción del mundo no es la realidad en sí ni es absoluto, sino sólo un modelo limitado.

Supongamos que quisiéramos convertir un cubo de hielo en un cilindro de hielo. Habría que descongelar el cubo, verter el agua en un recipiente cilíndrico y volver a congelar el agua. Del mismo modo, los modelos mentales se encuentran ‘congelados’ en su forma actual en el inconsciente. Para poder descongelarlos es necesario volverlos conscientes. Esto nos posibilitará darlos una nueva forma como marcos conceptuales formulados conscientemente, los cuales al ser plasmados en nuevos comportamientos se ‘congelan’ como las prácticas y los hábitos deseados. Veamos cómo podría funcionar esto en la práctica. Cambiar Modelos Mentales

Un punto de partida para volver conscientes nuestros modelos mentales podría ser algo tan sencillo como preguntarse cómo piensa respecto de un tema álgido, como por ejemplo la naturaleza humana o el rol del conflicto en la sociedad. Al hacerlo es necesario ser agudamente sincero con uno mismo y no responder lo que conscientemente se idealiza, sino los supuestos inconscientes. Si esto le resulta muy difícil, una alternativa sería preguntarse qué piensa la mayoría de personas cercanas al respecto, ya que probablemente sus conceptos reflejen más fielmente aquellos que he absorbido sin querer de la sociedad.

Un segundo paso sería analizar las pautas de comportamiento que producen estos conceptos. Si actuamos como pensamos, ¿de qué manera mis conductas individuales –o nuestras prácticas sociales– reflejan estos modelos mentales? ¿Tengo tendencia a entrar en competencia con otros en diversas situaciones de la vida, aún cuando el hecho de ganar no mejoraría significativamente mi calidad de vida? Tercero, se puede preguntar qué efectos positivos o negativos tiene ese proceder en mi propia vida y en los demás. Pues según actuamos ejercemos una influencia en el mundo, para bien o para mal. ¿El hecho de competir con otros daña mis relaciones con ellos, disminuyendo así la calidad de vida para ambos?

Un abordamiento alternativo sería comenzar con algunos efectos indeseados, analizar qué comportamientos dan lugar a esos efectos y luego preguntarse por los modelos mentales que subyacen en esa conducta. Por ejemplo, si noto que las personas con quienes trabajo me responden con cierto recelo o rechazo (efecto), tal vez es por que estoy tratándoles de manera agresiva o impositiva (comportamiento). Esto podría originar en una creencia profundamente arraigada de que las personas son motivadas principalmente por intereses egoístas, por lo que deben emplearse métodos coercitivos para lograr que hagan algo por los demás (modelo mental).

En este punto es importante poder reconocer y aceptar la existencia de inconsistencias entre nuestros modelos mentales subconscientes, por una parte, y los principios más elevados que mantenemos conscientemente, por otra. Este paso puede ser muy difícil, debido a la necesidad humana de mantener cierta consistencia entre los diferentes elementos de nuestras estructuras mentales. En esta etapa, algunas personas sienten que ‘se le mueve el piso’ o ‘tambalea su universo’ y pueden incluso entrar en una crisis existencial. Para poder soportar semejante sacudón se debe tener un profundo deseo de cambio y mantener una postura humilde de aprendizaje. Hay que estar dispuesto a desaprender lo sabido hasta ahora y comenzar nuestro caminar desde cero si fuera necesario.

Por ejemplo, unos activistas por la paz descubrieron que su concepto del rol del conflicto en la sociedad era tal que en realidad no creían que el cambio sociocultural fuera posible sin entrar en conflicto con el poder político y económico. En consecuencia, las actividades de su movimiento se centraban en la confrontación, rayando con la violencia, lo cual sólo había servido para ahondar la cultura de agonismo en vez de cambiarlo por una cultura de paz. Como resultado de este ejercicio, se dieron cuenta de que sería necesario reformular todo su discurso social, desde los términos con los cuales hablaban del problema hasta sus programas operativos.

Debido a lo potencialmente desestabilizador y doloroso del proceso de descongelar los modelos mentales, es importante pasar inmediatamente a la siguiente etapa de verter el agua en un nuevo recipiente: formar un nuevo ‘marco conceptual’ que reemplace el viejo modelo mental. Este es un proceso consciente de búsqueda e investigación, de reflexión y análisis. Hay que leer bastante y escuchar a quienes han avanzado más que uno en el asunto. También hay que meditar al respecto y quedar abierto al influjo de la inspiración. Es un proceso que no termina, sino que requiere de un esfuerzo constante. Al recibir nueva información, se debe compararla con el marco conceptual para juzgar si guarda congruencia o no. Sin embargo, uno debe seguir abierto al aprendizaje y reaprendizaje durante toda la vida, aún después de haber formado un nuevo marco conceptual, pues nuestro entendimiento nunca será absoluto y definitivo.

Finalmente, hay que consolidar o ‘recongelar’ el nuevo marco conceptual, convirtiéndolo en acciones concretas. Debemos preguntarnos: ¿Cómo actuaría una persona que piensa de esta manera? ¿De qué maneras esto se contrasta con mi proceder hasta ahora? Pueden ser necesarios muchos cambios, pero no es aconsejable tratar de dominarlos todos a la vez. Es preferible fijarse unas pocas metas al inicio – una o dos, no más de tres– y practicar hasta formar un nuevo hábito. Por ejemplo, un conferencista se dio cuenta de que su lucha por la paz se había centrado casi exclusivamente en la esfera pública y se fijó la meta de aprender a disciplinar a sus hijos sin golpes ni agresiones. Los aprendizajes generados por este ejercicio le ayudarán a priorizar las siguientes metas.

3. Analogía del taburete

Pensemos en un modelo mental como un taburete que se sostiene sobre tres patas. Es sumamente débil y peligroso y queremos que la persona se pase a sentar en otro más fuerte y seguro: el marco conceptual. Para ello, tenemos que convencerles de la precariedad de su viejo modelo mental y la solidez del nuevo marco conceptual.

La primera pata es los efectos del modelo mental en la práctica. Al inicio la persona supone que son buenos porque si no fuera así, las mayorías no lo estarían utilizando. Sin embargo, al darse cuenta de sus impactos negativos, la persona quizás abandone el taburete, pero si no, posiblemente sea porque no tiene suficientes razones o recursos como para hacerlo. Después de todo, es posible sentarse en un banquillo con sólo dos patas. Además, se considera una falacia argumentar contra una teoría meramente en base a sus efectos negativos. Como mínimo se esperaría que se sienta motivada la persona a analizar las otras dos patas.

La segunda pata, entonces, sería la veracidad del modelo mental en sí. Esto se puede determinar por varios caminos. Uno es analizar de sus inconsistencias internas, revelar su irracionalidad, sus falacias lógicas, etc. Otro es plantearlo como tesis para poder contrastarlo con los avances de la ciencia, demostrando así su inconsistencia externa. Y por último se puede plantear la alternativa y demostrar sus fortalezas internas y externas. (Esto es lo que se ha hecho en las secciones que anteceden con los conceptos agresivos y egoístas de la naturaleza humana.) En este punto, la persona ya debe estar cuestionando seriamente la validez del viejo modelo mental y sintiéndose atraído hacia la opción nueva, pero posiblemente aún no convencido de que sea posible lograr el cambio que requiere.

La tercera pata, entonces, es el realismo: la mera existencia del modelo mental y de sus efectos en el mundo (realidad actual), la dificultad para visualizar sus alternativas (realidad potencial) y la duda de que sea posible llegar de la situación reinante a la deseada (realidad procedimental). Esto puede parecer de poca importancia, pero ejerce una influencia muy poderosa en la gente, pues no se basa tanto en argumentos lógicos cuanto en sentimientos: el temor a abandonar la seguridad de lo conocido, la renuencia a dejar la comodidad del conformismo, la inseguridad en cuanto a los resultados finales, etc.

Esta última pata es el resultado de la normalización y naturalización de la situación actual y se manifiesta en frases como "el mundo es como es, no quieras cambiarlo", "siempre ha sido así y siempre lo será", "si las mayorías concuerdan en esto, es verdad" y "¿en dónde se ha visto lo que estás proponiendo?".

Para superar esta resistencia, también existen varias estrategias. Una de ellas es el "anamnesis histórico": demostrar que el mundo no siempre fue así y que de hecho se trata de un fenómeno más reciente y/o menos frecuente de lo que cree la gente. Esto es importante, ya que sin ello sólo conocemos el mundo tal y como se nos ha presentado durante el breve lapso de nuestra vida. Esto también puede incluir un pequeño análisis de la evolución del concepto y de sus prácticas, a fin de demostrar de qué manera la gente llegó a pensar y actuar de tal o cual manera.

Otra estrategia es la "búsqueda de referentes": recopilar casos historiales de la aplicación del nuevo marco conceptual en la práctica. Esto puede incluir:

  • otras culturas del pasado y presente;
  • las "subculturas" existentes al interior de nuestra sociedad (como la esfera privada);
  • las comunidades intencionales y otros “laboratorios socioculturales” donde se han ensayado con éxito el nuevo esquema (como la comunidad bahá'í);
  • los individuos –sean éstos famosos o anónimos– que han ejemplificado esos rasgos en sus vidas;
  • y otros.

Una vez quemada esta última etapa, la persona debe estar lista no sólo para reconocer las falencias y los peligros del viejo modelo mental, sino aceptar la verdad y aplicabilidad del nuevo marco conceptual. El siguiente paso será ayudarle a comprometerse con la construcción del esquema alternativo en su vida y su entorno sociocultural, y a adquirir aquellas capacidades que necesitará para poder hacerlo.

4. Fuentes de modelos mentales

Teorías Científicas: Al hablar del cambio social hacia una cultura de paz, a veces la gente objeta la idea en base a las teorías pseudo-científicas formuladas como medio para justificar la conquista y colonización europea y afianzar el mito de origen de la cultura del agonismo. El gestor de cambio sociocultural que tenga la formación científica necesaria, puede ayudar a difundir los cambios de paradigma que se producen en las diversas ciencias, a medida que cambia viejas teorías basadas en supuestos agonistas por nuevas teorías que echan los cimientos para la construcción de una cultura de paz.

Entre las principales teorías agonistas que están siendo fuertemente cuestionados hoy en día encontramos:

  • la “ley de la selva” y el “Darwinismo Social” con su “selección natural” mediante la “supervivencia del más fuerte”,
  • seguidos por la Sociobiología con su “determinismo genético”;
  • el hombre visto como mero “animal racional” con un “cerebro violento” y un “instinto asesino”;
  • el “determinismo social” y la “entropía social”;
  • la “teoría del conflicto” como inherente a toda sociedad, limitada a relaciones de “acción–reacción” y “dominación–sumisión”;
  • el “homo economicus” y las teorías sobre la motivación humana basadas en la “elección racional”;
  • la guerra como históricamente forzosa y como estímulo económico, científico y tecnológico, e incluso como control demográfico;
  • y otras más.
Doctrinas Religiosas: Otra fuente de información sobre los supuestos predominantes en la sociedad, son las doctrinas de las principales religiones que se practican en el área. La religión suele tener una influencia muy poderosa en los modelos mentales de una población, por lo que no debe ser tomada a la ligera en el trabajo del gestor de cambio sociocultural. En este caso, sin embargo, cabe una advertencia: al hablar de religión, muchas personas suelen pensar en términos de ‘verdades absolutas’, incuestionables e inalterables. Estampilla Religiones

Sin embargo, la abrumadora mayoría de creencias actuales han surgido como resultado de un largo proceso de análisis, reflexión, cuestionamiento y modificación. A fin de obviar el absolutismo religioso, entonces, resulta útil tratar las diversas creencias en términos de un proceso histórico de evolución del pensamiento al respecto.

Por ejemplo, en el caso de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam): ¿cómo han surgido las imágenes agonistas de la lucha entre Dios y Satanás, de la condenación eterna al fuego infernal y de la destrucción del mundo? ¿Cómo han ido desarrollándose los conceptos sobre la naturaleza del ser humano, por ejemplo la dicotomía entre el verlo como un reflejo de Dios en potencia o como un ser caído e inherentemente pecaminoso? ¿Cuál ha sido la evolución del pensamiento respecto a la posesión de esclavos, el trato a los criminales y la posición de la mujer frente al hombre? De qué manera han venido variando las posiciones en torno al trato que debería darse a los no creyentes y los herejes, la actitud que se debería tener hacia otras etnias, culturas y pueblos y las posibilidades de que reine la justicia, unidad y paz en el mundo? Al responder a estas preguntas y otras similares desde su perspectiva histórica, se hace posible entrar en un diálogo que trascienda las pugnas interreligiosas tan características en la actual cultura del agonismo.

Unidad en Diversidad: Otro enfoque que ayuda a generar ese ambiente de mutuo aprecio y consideración es el de percibir los aportes de cada uno, no como una afronta a las creencias de los demás, sino como una contribución valiosa para la comprensión de todos. Del mismo modo como la diversificación constituye la riqueza y fortaleza del ecosistema y del mercado, así mismo la diversidad de perspectivas religiosas puede enriquecer nuestro entendimiento de las potencialidades inherentes en la cultura de paz. Es en este espíritu que se estableció en el año 1949 el Día Mundial de la Religión, que se celebra el tercer domingo de cada enero, a menudo mediante la organización de foros interreligiosos para tratar temas de la cultura de paz.2

A lo largo de los últimos siglos, estas teorías científicas y dogmas religiosas han calado tan profundamente en la ‘filosofía popular’. Tenga o no orígenes científicas o religiosas, la filosofía popular constituye una rica fuente de información sobre los modelos mentales que predominan en la sociedad actual. A menudo se encuentra plasmada en los dichos populares de una sociedad, eslóganes que son repetidas como verdades inalterables de una generación a otra, por lo que pueden conllevar una aceptación implícita e inconsciente. Otras se encuentran en las letras de las canciones populares, en los programas televisivos, en los anuncios comerciales, las camisetas de la juventud, los autoadhesivos en los automóviles, y muchos otros medios.

5. Facilitar el cambio en otros

Una vez que el gestor de cambio sociocultural haya logrado un cierto nivel de cambio en sus propios modelos mentales, estará en condiciones de facilitar el mismo proceso en los demás. Existen numerosos medios para lograr esto. Además de trabajar de uno a uno con sus contactos en forma espontánea, se pueden organizar talleres de capacitación más formales sobre aspectos de la cultura de paz.3 Si sus participantes desean algo más regular, se puede considerar la formación un grupo de apoyo o un círculo de estudio.4

Una buena manera de despertar interés en el tema es la presentación de conferencias públicas para organizaciones con objetivos afines, y en los gremios de las diferentes profesiones que pueden aportar a la construcción de una cultura de paz. Muchas veces las emisoras de radio, y los canales de televisión cuentan con espacios para todo desde entrevistas abiertas hasta programas pregrabados sobre esta temática, especialmente si se aprovechan los “Días Mundiales” como el de la paz, etc. También se pueden colocar artículos en revistas populares, temáticas e incluso científicas si se tiene esa habilidad.

En todos estos empeños, se recomienda no olvidar el gran poder de la utilización del arte como medio para llegar más directamente al corazón de su audiencia. Las canciones ayudan a fijar palabras en la mente del oyente, especialmente si vienen con un buen ‘gancho’ musical. El sociodrama y otras formas arte teatral pueden ser aprovechadas en los talleres de capacitación, grupos de apoyo y círculos de estudio. Un medio similar es el vídeo foro y el vídeo comunitario.5 Siempre es bienvenida la representación gráfica, ya sea como medio didáctico o forma de procesar los conceptos estudiados. Por último, la poesía y otras formas literarias tienen gran impacto en la población.

El gestor de cambio sociocultural querrá ayudar a facilitar procesos de ‘deconstrucción’6 de tales conceptos populares en tanto y cuanto apoyen la cultura del agonismo. Un método útil para este fin es el ‘Análisis Integral Propositivo’, que consiste en responder a las siguientes preguntas para cada concepto popular: (1) ¿Cuáles son los supuestos, implicaciones, argumentos, evidencias subyacentes? (2) ¿Qué incentivos o motivaciones se tiene para pensar o hablar en esta forma? (3) ¿Qué resultados podría producir en el mundo esta forma de pensar? El siguiente paso es proponer un dicho popular o eslogan alternativo y volver a responder a las tres preguntas para esta nueva opción. Acto seguido se comparan los dos y se elabora un plan de acción para la implementación del cambio.

 

B. Seguir el ciclo de la vida

El cambio de modelos mentales comienza desde la cuna. Hay numerosos gestores de cambio sociocultural dedicados a escribir libros, producir programas de difusión masiva e impartir cursos teórico-prácticos con el propósito de ayudar a los padres de familia a aprender y aplicar nuevas destrezas para la crianza de sus hijos durante sus primeros cinco años tan vitales para la formación de sus actitudes. Esto incluye toda una gama de intervenciones:

  • el arreglo de su entorno físico;
  • el control de su uso de medios masivos como radio y televisión;
  • cambios en la forma como los grandes hablan con los más pequeños;
  • la repetición de mensajes positivos a través de la lectura, el canto y la oración;
  • métodos más positivos para lograr una sana disciplina;
  • y muchas más.

Con la finalidad de ejercer una influencia profunda en esta etapa temprana de la vida, es de vital importancia trabajar con los padres y las madres en el mejoramiento de su vida matrimonial, no sólo como un fin en sí mismo –un propósito valioso de por sí– sino también por que sirve de base para garantizar una experiencia positiva en los hijos y darles un ejemplo en acción de una cultura de paz a nivel familiar. Hay numerosos gestores de cambio sociocultural que laboran en este campo, particularmente los consejeros matrimoniales, asesores y terapeutas familiares y quienes ofrecen cursos y talleres para el fortalecimiento de la vida familiar y de pareja. Después de aprovechar estos recursos en su propia vida, el gestor de cambio sociocultural querrá promover su uso por parte de las personas con quienes realiza sus intervenciones.

Otros gestores de cambio sociocultural trabajan para promover una cultura de paz a través de la educación formal e informal de nivel primario y secundario. Estas intervenciones incluyen:

  • la revisión de los contenidos, materiales, métodos y didácticos empleados en el aula, buscando mensajes divisionistas y agonistas a ser cambiados;
  • el rediseño de actividades recreativos, juegos y deportes que enseñan el valor de la cooperación;
  • la elaboración y divulgación de nuevos enfoques pedagógicos para el cultivo proactivo de actitudes mutualistas;
  • la realización de talleres participativos para la capacitación de los educadores en el cambio de prácticas de enseñanza que propagan la cultura del agonismo y la adopción de los nuevos enfoques; y
  • la organización de actividades extracurriculares dirigidas a posibilitar a los estudiantes a poner en práctica los principios de la cultura de paz en actos de servicio a la comunidad.

Ésta última actividad tiene un valor que no debe subestimarse, pues la energía, el entusiasmo y la creatividad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes constituyen un recurso capaz de mover el mundo, pero que comúnmente en nuestra sociedad se pasa por alto y se desperdicia, en esperar de que crezcan y lleguen a ser adultos antes de recibir de ellos algún aporte significativo.

En este sentido deben ser de particular interés los prejóvenes, comprendidos entre los 10 y 15 años de edad. Esta etapa de la pubertad, adolescencia o prejuventud es de vital importancia en el desarrollo de la identidad de la persona. Es un momento de la vida cuando se descubre que se es un individuo capaz de cuestionar los supuestos heredados de las generaciones anteriores, de pensar por sí mismo, de tomar sus propias decisiones, y de forjar para sí una nueva identidad. Este período de transición está tan lleno de peligros como lo es de oportunidades. Por esto muchos gestores de cambio sociocultural se han especializado en facilitar procesos con este grupo, ayudándoles a alinear su brújula moral con un verdadero norte en vez de dejarse arrastrar por los cantos de sirena de la cultura del agonismo, reorientando sus rebeldías y críticas hacia los verdaderos males de la sociedad y no en direcciones que finalmente obrarían en contra de sí mismos.

Una práctica que va cobrando cada vez más popularidad es el “año de servicio” que se realiza entre la graduación del colegio y el inicio de la vida laboral o los estudios universitarios. Durante este año, que Eric Ericsson llama un “moratorium”, los jóvenes suelen dedicarse a un proyecto de servicio comunitario organizado por una organización no gubernamental u otra institución, laica o religiosa. Es una oportunidad de saberse capaz de ser útil a la sociedad, cortar el ‘cordón umbilical’, independizarse emocionalmente de su reducido círculo de familiares y amigos, conocerse a sí mismo y saber quiénes son y hacia dónde van. Lejos de constituir un año de pérdida en relación con los estudios o el trabajo, quienes lo han experimentado afirman que ha sido el año más importante en su formación integral como persona. Y lo más importante, es un año de alinear su vida con los principios y acciones de la cultura de paz.

Otro segmento sumamente estratégico en la labor del cambio sociocultural es el universitario. Aunque ciertas semillas son sembradas en el ámbito colegial, es en los estudios superiores donde se afianza el estudio de las teorías fundacionales de la cultura del agonismo y se aprenden sus aplicaciones concretas mediante la reproducción y perpetuación de las prácticas e instituciones de la dimensión socioestructural de esa cultura. Además, proliferan en las universidades los movimientos sociales y políticos basados en ideologías de corte agonista, que resultan muy atractivos para los estudiantes que buscan identificarse con las fuerzas vivas de la sociedad y fijar el rumbo de sus vidas profesionales. Por lo general pasan varios años de trabajo profesional antes de que la persona se percate de lo infructuoso e incluso dañino de estas ideologías y las cambie por otras más acordes con una cultura de paz. El gestor de cambio sociocultural encuentra en este medio un campo fértil de trabajo, ya fuera su rol el de estudiante, profesor, investigador, o administrador. Se pueden redactar ensayos y estudios, ofrecer charlas y conferencias, integrar conceptos de cultura de paz dentro de cursos existentes o diseñar nuevos cursos para ofrecer, organizar eventos, grupos y movimientos, etc.

Tampoco podría faltar el trabajo entre las diversas profesiones ya en el campo laboral. Se requiere de profesionales en todos los ámbitos del quehacer humano, capaces de analizar críticamente las prácticas establecidas, identificar aquellas que reflejan y reproducen la cultura agonista, y tomar la delantera en idear, diseñar, aplicar, difundir e institucionalizar nuevos elementos y procedimientos más acordes con una cultura de paz. Estos pioneros tienden a surgir hacia las primeras filas en sus áreas, ocupadas por los promotores de los últimos avances. Entonces se encuentran en una posición estratégica para escribir sobre sus experiencias, hablar con autoridad ante convenciones y organizaciones gremiales, y ofrecerse como consultores para instituciones que buscan crecer en dirección de la cultura de paz. El impacto que pueden tener estos innovadores en la transformación de la configuración psicocultural y socioestructural de la sociedad es invalorable.

En este sentido, cabe hacer un llamado a los estudiosos de las ciencias sociales, a que dediquen sus conocimientos a la construcción de una cultura de paz. Pueden prestar servicios valiosísimos en la deconstrucción de las teorías agonista que conforman el mito de que el ser humano es incorregiblemente egoísta y agresivo, y que el conflicto es necesario y endémico en toda estructura social. Pueden colaborar en el rescate de diversos referentes mutualistas que dan cuenta de la existencia de elementos de paz cuya promoción y articulación podría aportar hacia la construcción de una nueva cultura, incluyendo el análisis de los ‘laboratorios sociales’ existentes y la elaboración de otros nuevos. Se requiere de una profunda relectura y reinterpretación de la historia y prehistoria humanas, en búsqueda de pautas y configuraciones capaces de avivar la esperanza de un futuro de paz. Los psicólogos, ya sean sociales, clínicos, evolutivos, u otros, están posicionados para analizar las dinámicas que perpetúan la cultura del agonismo y aquellas que podrían cultivar una cultura de paz. Para quienes creen que las ciencias sociales no deben ser propositivas ni involucrarse en el activismo por la paz, estas labores pueden realizarse al margen de la investigación propiamente dicha, aprovechando los conocimientos que ofrecen tales ciencias.

Y ahora que estamos en el tema, aprovechemos para emitir un llamado especial a los líderes religiosos de las diversas tendencias del mundo, a analizar críticamente sus interpretaciones, prácticas y supuestos, a fin de desarraigar de entre sus propias estructuras eclesiásticas, doctrinas y congregaciones todo aquello que perpetúe o alimenta el agonismo, a la vez rescatando y potenciando todo aquello que promocione y fortalezca una cultura de paz.

Un último recurso que suele ser subutilizado en la sociedad actual es los jubilados y semi-jubilados. Si bien es cierto que personas de toda edad y condición pueden ofrecer su tiempo libre, aquellos que han alcanzado la independencia económica de su trabajo o empleo a tiempo completo, están en una posición clave para promover la cultura de paz desde todas las disciplinas. Han obtenido la visión histórica que se requiere para colocar los asuntos en su verdadera perspectiva y tener paciencia con los procesos, en lo que a veces puede parecer un trabajo de hormiga. Han ganado la experiencia de vida necesaria para prever y evitar los tropiezos, y para reconocer y aprovechar las oportunidades que surgen en el camino. Muchos han acumulado gran capital social en la forma de contactos que podrán facilitar el logro de los objetivos planteados, y saben como organizar a las personas y trabajar efectivamente con ellas. Finalmente, disponen del tiempo indispensable para dedicar las largas horas que exige el trabajo por el cambio sociocultural. Es una de las grandes tragedias del mundo actual, caracterizado por su infatuación con la juventud, que el tremendo potencial de las personas mayores sea desestimado y sus grandes capacidades desaprovechadas, resultando en su desocupación, el decaimiento de su salud y sus facultades, y su fallecimiento prematuro.

 

C. Conclusiones

¿Es posible cambiar los modelos mentales existentes sobre la naturaleza humana y la sociedad y las conductas individuales y colectivas a las cuales llevan estos modelos mentales? La cultura de conflicto, basada en el “poder contra” y la búsqueda del interés propio, está tan profundamente arraigada en la cultura occidental que parece natural, inevitable e inescapable. De hecho, para aquellos cuyas experiencias cotidianas están profundamente sumergidas en este ambiente, otro modelo de interacción humana y social puede parecer irrealista, utópico y aun anormal.

Sin embargo, hay muchos casos en la historia humana de prácticas culturales ampliamente aceptadas que gradualmente llegaron a ser obsoletas y finalmente fueron erradicadas. Algunos ejemplos incluyen la esclavitud, la negación del sufragio universal y la privación de los derechos humanos a ciertos segmentos de la población. En una época cuando predominaba en mayor grado el modelo mental divisionista, estas prácticas parecían naturales e inevitables. Sin embargo, ahora virtualmente todos los países del mundo aceptan un conjunto de derechos básicos aplicables a todas las personas.

Además, conforme comienza a desplazarse la visión anticuada de la sociedad, surgen otros modelos, estructuras e instituciones que apoyan las nuevas comprensiones y las arraigan más profundamente. Si buscamos estas señales en la sociedad contemporánea, veremos que las iniciativas basadas en el beneficio mutuo y la reciprocidad van en aumento, tanto en amplitud como en número. Sus ejemplos incluyen los movimientos globales para proteger el medio ambiente, abogar por los derechos humanos, luchar contra la corrupción, mitigar las enfermedades y erradicar la pobreza. Estos movimientos reflejan los primeros destellos de una nueva visión de la sociedad que busca el bienestar de todos, la cual es coherente con un nuevo marco conceptual del ser humano que pone énfasis en su nobleza y capacidades potenciales.

La adopción de un marco conceptual con elementos claramente identificados sirve como una herramienta poderosa que nos ayuda a superar los modelos mentales anticuados, a la vez que afianza una nueva comprensión de la naturaleza humana y de la sociedad. La identificación de aquellos elementos que habrán de incluirse dentro de este marco conceptual, el reflexionar sobre los mismos y luego apropiarnos de ellos, desarrollando las capacidades necesarias para integrarlos en nuestras vidas, constituyen pasos imprescindibles en nuestra propio proceso de transformación.

Nuestra exploración de las falencias en los modelos mentales predominantes acerca de la naturaleza tanto del ser humano como del orden social, nos han dado algunas pautas más respecto a aquellos elementos que han de entrar en nuestro marco conceptual. Será necesario reconocer claramente la doble naturaleza del ser humano. Aunque podemos actuar de manera agresiva, egoísta, hedonista e interesada, también tenemos el potencial de desarrollar cualidades como bondad, unidad, cooperación, solidaridad y justicia. A la vez, será necesario transformar el concepto de poder, reemplazando el concepto de “poder contra” por aquel del “poder con”, el cual potencia el desarrollo de todos los involucrados, a la vez que resulta en avances más significativos para la sociedad.

De hecho, a lo largo de la historia son estas cualidades las que han impulsado el avance de la civilización y hoy en día nos pueden ayudar en la transición hacia una sociedad planetaria justa, unida y pacífica.

 

 


Notas:

1. Esta parte toma su inspiración de "Liderazgo Moral”, pp. 63-65, 133-136.

2. Para conocer más al respecto, visitar: http://www.worldreligionday.org/.

3. Como manual a la vez sencillo y completo sobre cómo facilitar talleres de capacitación, se recomienda “Capacitación de Adultos” por Eloy Anello y Juanita de Hernández. Santa Cruz, Bolivia: Imprenta Sirena, 1994.

4. Para conocer más sobre el método de los círculos de estudio, se recomienda el Study Circles Resource Center, en http://www.everyday-democracy.org/en/index.aspx, y la metodología tutorial del Instituto Ruhi, en http://www.ruhi.org/index.php.

5. Un excelente manual sobre esta metodología es “Insights into Participatory Video – A Handbook for the Field” por Nick & Chris Lunch: Insight, 2006.

6. La ‘deconstrucción’, según se emplea el término aquí, consiste en indagar cómo se ha construido un concepto a partir de procesos históricos y la acumulación de metáforas, exponiendo sus supuestos no cuestionados y contradicciones internas, y revelando que lo aparentemente claro y evidente dista de serlo.

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