Jueves, 11 Marzo 2010 23:32

D. La Hegemonía Cultural

Written by
Rate this item
(0 votes)

El mito del agonismo ineludible constituye una hegemonía cultural por que fomenta, por medios no-coercitivos como la representación, una cosmovisión popular que naturaliza la posición de ciertos segmentos sociales dominantes y mantiene el estatus quo mientras aparenta servir los intereses de las demás clases sociales. Se analiza sus supuestos beneficiarios y se concluye que en realidad todos los sectores sociales, tanto dominantes como dominados, resultan perjudicados a largo plazo, pues sus costos superan en mucho sus aparentes beneficios cortoplacistas. Se demuestra que el atribuir una teoría de conspiración no es defendible ni ventajoso, sino que todos somos cómplices de su reproducción y responsables de corregirlo. Finalmente se explora la necesidad y posibilidad de un futuro orden mundial post-hegemónico.

 

 

 

 

A. ¿Una Hegemonía del Agonismo?

Algunos autores han sugerido que la implantación de la cultura del agonismo en todo el mundo no es meramente casual o fortuito, sino que constituye parte de una 'hegemonía cultural' de dimensiones planetarias. ¿Qué significa esto?

1. Definición de Hegemonía

Originalmente, la palabra 'hegemonía' se refería el territorio de una entidad política que era dominado por otra. Antonio Gramsci [1971] redefine la 'hegemonía cultural' como la capacidad de algunas clases sociales para proyectar su propia forma de representar el mundo sobre otros, no mediante la fuerza física, sino por su 'liderazgo cultural'. Desde Gramsci, el término 'hegemonía' se popularizó y ha caído en mal uso, llegando a emplearse para hablar de cualquier relación de dominación-sumisión. Es importante, entonces, tener claro que se refiere específicamente a:

"...la capacidad de las clases sociales dominantes para cultivar, por medios no-coercitivos, una cosmovisión popular que naturalice sus posiciones sociales dominantes y haga que estos arreglos estructurales parezcan servir los intereses de las demás clases sociales. La fuerza no es necesaria, siempre y cuando las clases sociales subordinadas consientan a su propia subordinación en base al supuesto de que sea inevitable o que en realidad sirva sus mejores intereses" [Karlberg 2004:20].

2. Naturalización y Hegemonía

Este proceso aprovecha el fenómeno de la 'naturalización' de las relaciones sociales, mediante la cual el 'sentido común' adquirido desde la cuna respecto a lo apropiado y digno, lo bueno y malo, dificulta ver el mundo de otra forma que aquella con la cual fuimos criados. Explica Karlberg [2004:21-22]:

"Dicho de manera sencilla, a menudo resulta difícil colocarse fuera del universo discursivo en el cual se ha nacido y criado, e imaginar cómo se vería el mundo desde afuera de él. Además, puede ser complicado incluso reconocer que se vive en una formación discursiva cultural e históricamente determinada. En la medida que dicha dominancia hegemónica ha sido eficaz, no parecerá un constructo cultural en lo absoluto, sino simplemente la 'realidad' misma - normal, natural e inevitable... De este modo, nacimos al interior de un mundo de constructos culturales que no fabricamos nosotros mismos".

De este modo, por ejemplo, un solo hacendado podía mantener su dominio sobre cientos de esclavos mediante el fomento de la creencia hegemónica de que éstos necesitaban de sus amos para poder vivir, que no serían capaces de cuidarse solos. Durante siglos se logró excluir a la mujer de la participación en muchos aspectos de la esfera pública por medio de supuestos hegemónicos sobre su rol 'apropiado' en la sociedad. Toda explicación alternativa era rechazada de plano, pues no coincidía con la forma socialmente 'aceptable' o hegemónica de interpretar la realidad. "[L]a hegemonía... se consigue de modo relativamente imperceptible, mediante el cultivo del consentimiento a un orden social determinado... junto con la marginalización de las alternativas. De este modo, la dominancia hegemónica otorga legitimidad a algunos códigos culturales y simultáneamente desacredita a otros". [Karlberg 2004:19-22]

Por dar otro ejemplo, inicialmente se decía que la universalización de la educación estaba "destinada a eliminar toda inequidad artificial y dejar que las desigualdades naturales encuentren su propio nivel". El determinismo biológico atribuía esas 'desigualdades naturales' a supuestas diferencias genéticas entre individuos y razas [Lewontin 1991:23-27]. Una vez destruida la credibilidad de teorías de esta índole, se pasó a analizar el nivel de esfuerzo realizado por el individuo. En ambos casos, el dictamen hegemónico era que cuando un estudiante no obtenía la mejor educación posible, la causa se encontraba siempre al interior del mismo individuo y su capacidad o voluntad para competir con los más exitosos, mas no en las estructuras de la sociedad. De este modo se pudo pasar por alto problemas más profundos como el acceso diferenciado a una educación de calidad, el hecho de que las pruebas de inteligencia favorecen a personas de determinada cultura, o que las expectativas de los maestros respecto a la capacidad de sus estudiantes, creadas por sus prejuicios sociales y raciales, influyen fuertemente en el rendimiento académico de éstos.

3. Hegemonía y el Estatus quo

Asimismo, la cosmovisión del agonismo, con sus teorías pseudo-científicas y mitos populares, constituye un constructo hegemónico que sostiene y perpetúa la cultura de conflicto y violencia, la cual a su vez sirve para mantener el estatus quo. Nuevamente en palabras de Karlberg [2004:177-8]:

"La persistencia histórica de (la cultura del agonismo) puede explicarse por la teoría de hegemonía; es decir, que los códigos de las relaciones adversarias sirven primordialmente a los intereses de segmentos privilegiados de la sociedad, quienes deben a ellas su ascendencia en los asuntos humanos y actualmente ocupan posiciones sociales desde las cuales continúan cultivando esos códigos (ya sea consciente o inconscientemente), como forma de sentido común cultural".

En suma, como en el juego de monopolio, la pugna favorece al que va ganando y desfavorece al que va perdiendo. Tristemente, como vimos en el artículo "Función Social de la Ciencia", las mismas ciencias sociales han sido cooptadas en apoyo al arraigamiento de la hegemonía del agonismo. Aquí no importa el sesgo ideológico de los protagonistas, ya sea de derecha o izquierda. Al diseminar y defender las teorías agónicas, efectivamente sirven - consciente o inconscientemente - a intereses hegemónicos. Igual cosa se puede decir de aquellos 'movimientos sociales' que inflaman los ánimos de la gente en contra de su gobierno o empresa, perpetuando así el mismo juego de pugna y lucha contra probabilidades que ya están en su contra.

 

B. Reproducción de la Hegemonía

Hoy en día se vuelve cada vez más complicado controlar el comportamiento de la gente mediante el uso de la fuerza. Por tanto, se hace necesario incidir en sus ideas y actitudes, pues la gente actúa según como piensa. A continuación veremos brevemente de qué manera esto se logra.

1. Control del Pensamiento

Hoy en día, aunque existe una aparente libertad de expresión, esto no significa necesariamente libertad de mente. Los actuales sistemas de control del pensamiento son altamente sofisticados, habiendo recibido un gran impulso en las últimas décadas, particularmente en Estados Unidos e Inglaterra. En este último país, por ejemplo, a raíz de la Primera Guerra Mundial se formó el Ministerio de Información que logró convertir al pueblo pacifista en una población fanáticamente antialemana.

Según el renombrado activista Noam Chomsky, en una entrevista para el BBC de Londres, este desenlace dejó una profunda impresión en el mundo empresarial, dando lugar al moderno sector de relaciones públicas. También fue notado por intelectuales norteamericanos, quienes elaboraron el concepto de la 'construcción de consensos'. Incluso atrajo la atención de Hitler, quien culpó de su derrota a la superioridad propagandística anglo-americana y juró que 'la próxima vez' Alemania estaría preparada. En todo el mundo ha dado lugar a un enorme sector dedicado al control del pensamiento y de las actitudes para fines comerciales, políticos y hasta religiosos. Muchos opinan con Wilson [1975a:561-2] que el ser humano "preferiría creer que saber", que es "absurdamente fácil de adoctrinar" e incluso que "lo busca".

En el caso de la hegemonía del agonismo, existen numerosos mecanismos de coerción virtual o control del pensamiento, manejo de las actitudes y manipulación de los sentimientos, que se emplean para mantener y reproducir la hegemonía. Cada uno de los actores sociales que directamente o indirectamente saca partido de la cultura del agonismo, no sólo aprovecha y se beneficia de la hegemonía por ella generada, sino que contribuye a la profundización y consolidación de sus mitos y prácticas. Consciente o inconscientemente propaga mensajes que apoyan y fortalecen la cosmovisión agónica, a la vez que otros mensajes que debilitan cualquier propuesta alternativa que pondría en duda sus supuestos básicos.

2. Cómo Evitar el Cambio Social

La primera tarea a emprenderse a la hora de reproducir una hegemonía existente es la preservación - a todo costo - del estatus quo.1 Bajo el título "Cómo Evitar el Cambio Social", Alfie Kohn enumera las siguientes "cinco maneras sencillas de perpetuar el estatus quo" [1992:189-192]:

1. Restringir la Visión: Centrar tanto los problemas como sus soluciones a nivel del individuo, a fin de distraer la atención de las verdaderas "causas estructurales de los escollos sociales e individuales". Al tratar como casos aislados y puntuales, en vez de problemas sistémicos, tanto la corrupción en las altas esferas como la miseria que ésta genera, se procura mantener intacto el sistema responsable de la una y la otra. Por ejemplo, Kohn observa, "Está muy bien ayudar a los desamparados caso por caso, pero el cuestionar las políticas y estructuras económicas que ocasionaron el problema, sólo serviría para invitar cambios drásticos - y esto se procura evitar a todo costo".

2. Promover la Adaptación: Fortalecer el deseo y la capacidad de la gente para conformarse al mundo tal y como éste se les presenta, a seguir ciegamente las modas del momento y a ajustarse a las demandas del mundo en vez de pensar y actuar independientemente. Los libros de autoayuda, de tanta acogida hoy en día, están repletos de consejos sobre cómo alcanzar el éxito siguiendo las reglas impuestas por el estatus quo. Los cambios introducidos por quienes controlan el discurso social son tan graduales que casi no los sentimos. Viene a la mente el experimento en el cual se colocó una rana en agua caliente y saltó afuera enseguida, mientras que otra fue puesta en agua fría y se le aumentó tan paulatinamente la temperatura que la rana pudo acostumbrarse poco a poco, y finalmente murió de hipertermia. Asimismo, el pueblo se cocina a fuego lento en la olla de la hegemonía cultural del agonismo, y no se da ni cuenta.

3. Fomentar el Egocentrismo: El estatus quo se protege cultivando en las personas una mentalidad individualista, egocéntrica y consumista. Los medios masivos están llenos de mensajes que incitan a la gente a "mimarse" por que "se lo merece". Incluso muchos terapeutas modernos, promotores del movimiento del potencial humano y guías espiritualistas de tipo new age tienden a centrar la atención del individuo en su propio bienestar, felicidad y deseos, a menudo a expensas de las cruentas necesidades de quienes le rodean. "Al alentarte a atender tus propias necesidades" - dice Kohn - "efectivamente desvían tu atención de las estructuras sociales. Date gusto y deja que el resto del mundo se las arregle - ¿qué mejor estrategia hay para perpetuar las estructuras existentes?"

4. Prescribir el 'Realismo': Las propuestas de cambio social son objeto de burla como sueños de los ignorantes y necios. Aquello que apoya el estatus quo es ensalzado como sólido 'realismo', mientras que propuestas contrarias son descartadas a la ligera como 'utópicas'. Expresiones ligeras como 'así es la vida', 'así es el mundo' y 'así es la naturaleza humana' aplican una sutil pero poderosa presión social por conformarse. Más bien se presta mucha atención a propuestas para cambios superficiales, que sirven para distraer la atención de los problemas de raíz y asegurar que las personas se frenen de promover reformas 'demasiado profundas'.

5. Justificaciones y excusas: Muchas personas apoyan con su trabajo o negocio a estructuras agónicas y corruptas, mientras apaciguan su consciencia aduciendo que su verdadero propósito es el de 'cambiar el sistema desde adentro', o que su participación es sólo por un período corto, hasta poder independizarse y dedicarse a otra cosa. De este modo se salvan de tener que efectuar un cambio verdadero, pues el 'sistema' jamás les permitirá realizar más que reformas superficiales. Es el caso del empleado público en un organismo dominado por una estructura de corrupción, por ejemplo, o participa en las fechorías del resto, o se queda sin empleo.

3. Medios de Control Social

En su entrevista con el BBC de Londres, Noam Chomsky, voz radical por la paz durante más de cuatro décadas, agregó a la lista que antecede otra serie de medios de control social mediante la manipulación del pensamiento popular, algunos de los cuales mencionamos a continuación:

Ocultar la Verdad: Chomsky opina que los gobiernos y empresarios poderosos procuran ocultar la verdad de la gente y que los medios masivos ofrecen una mera ilusión de libertad de expresión. Por ejemplo, aunque la oposición popular ante la guerra en Irak, incluso antes de que comenzara, era muy superior a la que hubo contra la guerra en Vietnam de los años '60, se logró ocultar este hecho y crear la ilusión de un apoyo mucho más masiva de lo que en realidad había.

Censurar la Oposición: A los más expresivos en contra de la guerra o a favor del movimiento por la paz, no se les concede una voz en los grandes medios masivos como el New York Times. El propio Chomsky es prácticamente ignorado en los Estados Unidos, pues el "establishment" otorga poco espacio a sus escritos, los editoriales importantes rehúsan publicar sus libros y los principales periódicos se niegan a reseñarlos. Una vez un periodista se defendió diciendo "¿Cómo sabe Ud. que me estoy autocensurando?" ante lo cual Chomsky respondió "Estoy seguro de que Ud. cree cada palabra que pronuncia. Lo que estoy diciendo es que si Ud. creyera en algo distinto, no estaría sentado ahí".

Falso Consenso: Chomsky denuncia que "los medios masivos fabrican el consenso, desempeñando un rol de propagandistas y satisfaciendo los deseos de sus amos sin que se les pida siquiera". Explica que a lo largo de la historia, los intelectuales han sido (en su mayoría) servidores del poder. Por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial, los intelectuales europeos y norteamericanos se mostraron en extremo entusiastas sobre las posibilidades de sus respectivos países. Las pocas excepciones acabaron en prisión.

Las Distracciones: Chomsky señala que las masas son embaucadas mediante el fomento de las aspiraciones consumistas, atontadas día tras día con un entretenimiento embrutecedor y engañadas por reportajes noticiosos que no inducen al cuestionamiento.

En este sentido, observamos que se mantiene a la gente ocupada en una carrera por avanzar económicamente, para que no ocupen sus energías en la búsqueda de cambios estructurales. Se genera en las masas una falsa impresión de elección libre, ofreciendo una amplia gama de bienes de consumo y fomentando amplios debates en torno a sus relativas virtudes. Se distrae la atención popular de los verdaderos problemas mediante la repetición ad nauseum de asuntos menores como si fueran de importancia vital. Se enfatiza el aspecto representativo y electoral de la democracia, para que la gente se quede contenta y no busque procesos democráticos verdaderamente participativos, sino que "deje a los expertos manejarlo". De este modo se mantiene a las masas fuera del ruedo a la hora de tomar aquellas decisiones que importan más.

Fomentar el Temor: Otra estrategia tan común como ignorada, es la de infundir temor en las masas a fin de convencerlas de cuánto necesitan a sus líderes. Por ejemplo, en los Estados Unidos, después del 9 de septiembre del 2001, apareció una serie televisiva "Close to Home" (Cerca de Casa) que sirve para fomentar la psicosis de inseguridad en el público estadounidense. De este modo se aseguran los dirigentes de volverse indispensables ante los ojos del gran público.

Imponer las reglas: Si la gente no sucumbe ante las estrategias que anteceden, siempre queda el último recurso de fijar las reglas del juego de manera agónica, para que los actuales vencedores sigan ganando. Karlberg [2004:179] sugiere ver las instituciones culturales como "juegos que operan según reglas específicas" que, en una cultura de contienda, casi siempre requieren que los jugadores compitan entre ellos. El resultado final, aun cuando algunos de los jugadores intervengan mediante la protesta social, es la perpetuación del estatus quo:

"Estas reglas aseguran no sólo que habrán ganadores y perdedores, sino que los jugadores más poderosos tengan las mayores posibilidades de ganar. Cuando los menos poderosos aceptan participar en estos juegos, consienten a jugar según las reglas que tienden a promover su propia derrota. Las estrategias agónicas de cambio, como es la protesta social, son congruentes con estas normas competitivas. No sólo legitiman las viejas contiendas, sino que forman parte de ellas. Y nuevamente, aseguran que los contendientes más poderosos sean los que con mayor probabilidad se impongan".

Cultivar el pesimismo: Se pensaría que un pueblo cada vez más educado no se dejaría engañar por estos mecanismos. Sin embargo, el sentimiento de desengaño al darse cuenta de estos artificios ha generado en muchos un gran escepticismo hacia el gobierno, la prensa, las profesiones, etc. Esto incluso ha obrado contra el motivo por crear consciencia de estos artilugios propagandísticos, pues en vez de alentar un mayor activismo popular ha promovido un sentimiento de impotencia y desesperanza en muchas personas.

4. Representación Identitaria

Por último, los poderes hegemónicos utilizan una táctica llamada la representación diferencial, que significa simplemente maximizar las propias virtudes mientras se minimizan las del otro. Asimismo, se minimizan los propios defectos y se maximizan los del otro. Tal es el caso del mito según el cual un pueblo dominado sería incapaz de cuidarse sólo, cuyo propósito es que éste siga dependiendo de la capacidad del pueblo dominante para cuidarla. Otro ejemplo es la formación de una identidad nacional heroica y gloriosa y la simultánea satanización de un país vecino, a fin de predisponer a la guerra a los hijos de la patria.

El poder de la identidad es muy grande, pues representa la esencia de lo que es o se considera una persona o grupo. Al respecto, la teórica Gayatri Chakravorty Spivak habla de un "esencialismo estratégico", que es utilizado por las nacionalidades, grupos étnicos y movimientos minoritarios para representarse temporalmente a sí mismos con una identidad específica, diseñada para alcanzar un objetivo en particular.

Ahora bien, se podría decir que el mito del agonismo constituye una especie de esencialización estratégica de la raza humana como un todo. Surge entonces la pregunta: ¿Qué ventaja podría obtener algún sector de la sociedad del hecho de definir de manera reprochable a toda la raza humana? Es decir, ¿para qué esencializar a toda la humanidad con una representación negativa, no sólo a uno que otro sector de ella? Es esta la pregunta que intentaremos responder a continuación.

 

C. ¿Quién se Beneficia del Agonismo?

¿Cui bono? ¿Quién se beneficia? Para poder afirmar que la cultura del agonismo constituye una hegemonía, es necesario identificar las partes beneficiarias y qué beneficios reciben de ella. Ya se han analizado las ventajas que le dio a Europa Occidental durante el período de la conquista y colonización. La naturalización del mito del agonismo como sine qua non de la condición humana, no sólo les permitió a los pueblos europeos limpiar su conciencia mediante la justificación de las atrocidades cometidas durante la conquista, sino que además les posibilitó dominar la voluntad de los pueblos colonizados. Pues el mito gemelo de la superioridad europea y - por ende - la inferioridad de los demás pueblos y razas, al ser acogido por éstos últimos, les llevó a aceptar su situación de subordinación como algo natural y necesario.

Sin embargo, ¿por qué ha continuado reproduciéndose y fortaleciéndose el discurso agónico tras la independencia de estas colonias? ¿Se debe simplemente a los lazos de realimentación que suelen arrastrar a todo sistema social en un espiral de 'autocatálisis' más allá de los límites de su propia utilidad? ¿O hay algo más que lo motiva? Si su diseminación y permanencia se debiese tan sólo a la inercia, posiblemente se habrían consolidado con fuerza similar otras configuraciones culturales coexistentes en todo el mundo, cosa que aparentemente no ha sido el caso. Más bien se observa como día a día la cultura del agonismo va ganando terreno y tomando hasta los lugares más recónditos del planeta, cual cáncer en plena metástasis.

Debemos suponer, entonces, que alguien sigue beneficiándose de la propagación de sus mitos, al menos lo suficiente como para realizar un esfuerzo por perpetuar su acción hegemónica. Kohn [1990:13] dice que uno de los motivos de la popularidad que goza el determinismo biológico - el concepto de que nuestra genética, cerebro, hormonas, etc. determinan un comportamiento egoísta y violento - es "un deseo de preservar el estatus quo." Explica que "Quienes son bien servidos por el actual esquema social y económico tienen un interés en justificar dicho régimen, como algo no meramente beneficioso sino inevitable". Cita a Erich Fromm, quien señala que tales argumentos constituyen una "expresión del deseo de comprobar el valor de nuestras disposiciones sociales aduciendo que siguen los dictados de la naturaleza humana". Como dijo Leon Eisenberg [1972:124]:

"El creer que la agresividad o territorialidad reflejan la naturaleza humana es confundir algunos hombres por todos los hombres, la sociedad contemporánea por todas las sociedades posibles y, mediante una transformación notable, justificar lo que es con lo que tiene que ser. La represión social se convierte en respuesta ante la violencia humana en vez de su causa. El escepticismo en cuanto al ser humano sirve para mantener el estatus quo. Es un lujo para los ricos, un bálsamo para los sentimientos de culpa de los políticamente inactivos, un consuelo para quienes siguen disfrutando de las beneficios del privilegio".

A continuación, entonces, analizaremos lo que Kohn [2004:58] describe como los "poderosos intereses que se benefician de tales supuestos", que abarcan no solamente los grandes poderes económicos, políticos e ideológicos, sino además - por sorpresivo que sea - a la población en general.

1. Beneficiarios Poderosos

Veamos en primera instancia aquellos beneficiarios que ostentan el mayor poder en la sociedad actual:

a) El Complejo Industrial-Militar: Los primeros beneficiarios que vienen a la mente al hablar de la cultura mundial del agonismo son aquellos que proveen los bienes y servicios que hacen posible la guerralas fuerzas armadas. En esta categoría se incluye no sólo el personal de las fuerzas armadas, sino además y especialmente todo el 'complejo industrial-militar'2 que provee para la guerra y se alimenta de la misma..

Según el SIPRI Yearbook, publicado anualmente por el "Stockholm International Peace Research Institute", se estima que el gasto militar alcanzó un aproximado mundial de US$ 1.200.000.000.000 (1.2 trillones de dólares), sólo en el año 2007. Muchas personas perderían sus privilegios y gran parte del "complejo militar-industrial" perdería su mercado mundial de armamentos en caso de una reducción importante en ese presupuesto.

En un mundo sin la amenaza y realidad de los conflictos armados internacionales, sería imposible justificar tanto gasto improductivo. No es sorprendente, entonces, que se haya puesto tanto empeño en convencer a los pueblos del imperativo del poder disuasivo y de la importancia de un conflicto armado en particular, y en difundir mitos sobre la inevitabilidad histórica de la guerra, sus supuestos beneficios económicos y demográficos, etc. Es otra versión más del viejo truco de generar un problema para poder vender la solución.

b) Los gobiernos: Aunque hagan llamados periódicos a la unidad nacional, con frecuencia los gobiernos sacan provecho de la cultura del agonismo, pues éste facilita el cumplimiento de la máxima política "divide y reinarás". Asimismo, el mito del agonismo "sirve para desviar la atención de las acciones de quienes forman las políticas y de las condiciones socioeconómicas opresivas, las cuales podrían identificarse como fuentes de tal violencia, y concentrar nuestra mirada más bien en una 'realidad' biológica ante la cual debemos resignarnos" [Kohn 2004:58].

También se valen los gobiernos de los conflictos internacionales, ya no como medio para ampliar sus territorios, sino como cortina de humo. Cuando el descontento del pueblo se acerca a un nivel peligroso, resulta útil poder desviar su atención hacia una riña con otro país. Al inflamarse las pasiones patrióticas de las masas, se tienden a olvidar o dar menos importancia a los problemas internos del país. Noam Chomsky, en su entrevista con el BBC de Londres, afirmó por ejemplo que "una y otra vez, los Estados Unidos ha respaldado a terroristas y creado conflictos para precautelar las riquezas de una pequeñísima minoría, que se ha auto-denominado los amos del universo".

c) Grandes Corporaciones: Otro grupo beneficiario es el de los actores dominantes en el mercado mundial, desde algunas empresas nacionales hasta las grandes corporaciones transnacionales. El mercado ideal de Adam Smith era caracterizado por un sinnúmero de pequeños competidores, de tal modo que ninguno de ellos tendría un impacto significativo en el mercado por sí solo, sino como parte de una tendencia cumulativa. Esto no se ha dado, sino que se han ido polarizando cada vez más los extremos de riqueza y pobreza, hasta que hoy en día vemos como un solo especulador puede dejar sin sustento a miles de familias y causar pánico en las bolsas de valores, y los gobiernos se ven obligados a rescatar a empresas gigantes para evitar el colapso de todo el sistema. Kohn [1990:24-5] presenta una serie de referencias que soportan fuertemente este caso:

"El antropólogo Marshall Sahlins [1976:Cap.3] demuestra que la idea de la selección natural ha sido reconfigurada como explotación, avaricia y competencia por los sociobiólogos y convertida en algo marcadamente similar a las dogmas en las cuales se fundamenta nuestro sistema económico. Michael Ghiselin [1974:34-35] ha hecho explícita esta conexión, afirmando sin rodeos que la naturaleza funciona según los preceptos del liberalismo capitalista.

"Y algunos científicos sociales no han perdido tiempo para aventajarse de esta novedosa versión del argumento de la naturaleza humana. Dice el economista conservador Gary Becker [1978:100,104] que 'Una vez establecida la base genética de los deseos humanos, se podrá determinar cuáles políticas funcionarán y cuáles no... Y aunque no existen evidencias sólidas que apoyen la teoría, sin embargo la bioeconomía constituye una defensa poderosa de las perspectivas laissez-faire de Adam Smith..."

d) Grandes Financieros: Aquellos que controlan más recursos se llevan la ventaja, pues la hegemonía del agonismo asegura que quienes ya iban dominando el mercado sigan haciéndolo. El dinero atrae más dinero y los hijos de los privilegiados heredan sus privilegios. Karlberg [1997:42] lo compara con un juego de Monopolio en el que uno de los jugadores va ganando. Cuando un nuevo jugador desea entrar, en vez de aceptar que se repartan nuevamente las fichas, el ganador insiste en que no se puede alterar la posición actual de cada uno de los jugadores. Así que el recién llegado está obligado a comenzar el juego con deuda. Al respecto Kohn [1992:196] dice:

"Al igual que con otros aspectos del estatus quo, aquí hay más en juego para quienes menos poder poseen. A quienes se les ha negado la oportunidad de ganar un sueldo decente, de vivir la vida con dignidad, de decidir sobre lo que les afecta, tal vez les extrañe la afirmación de que la competencia resulta destructiva. Después de todo, podrán argüir, "mi única esperanza es entrar a la carrera y tratar de ganarles en su propio juego".

"No es coincidencia que ésta sea precisamente la respuesta a la opresión que fomentan quienes ostentan el poder. En primer lugar, rara vez funciona la estrategia, pues quienes ya van ganando están en mejores condiciones de adjudicarse futuros concursos... En segundo lugar, la participación en la competencia ayuda a perpetuar la situación que dio lugar al problema en primera instancia. Nadie se beneficia más de una sociedad no competidora que quienes han sido estafados por la sociedad competidora".

e) El Sistema Judicial: En varios países del mundo, los mayores ingresos para quienes trabajan dentro del sistema jurídico provienen de los litigios legales. A tal punto que algunos acuden a los sitios de accidentes y peleas con el fin de incitar a las partes involucradas a que se enjuicien. Y mientras más convencida está la persona de los mitos de la cultura agónica, más probable es que acepte el reto de un litigio en los tribunales. La abogada Anne Strick [1996:16-17,110], reconocida analista jurídica, señala que la ética de pugna en el actual sistema acusatorio:

"...sirve no sólo a los abogados y jueces que lo administran directamente, sino a los poderhabientes en todo ámbito de la sociedad. Pues la modalidad contradictoria otorga ventajas particulares a los poderosos, por lo que la mayoría de sus beneficiarios adoran el procedimiento acusatorio 'como a sus madres' y permanecen ciegos ante sus defectos, o bien sostienen que pese a sus defectos sirve un bien mayor, o incluso se esfuerzan por ocultar su fraude ante la mirada del público. Pero esto no lo hace menos estafa, pues por naturaleza el enfoque confrontacional para la resolución de controversias no hace ningún bien al resto de nosotros...

"De hecho, los ajenos a estos pleitos se encuentra en desventaja emocional en un tribunal acusatorio, con la misma certeza como el pobre se encuentra en desventaja financiera".

f) Los Medios Masivos: También los medios masivos se benefician directamente y a diario de la cultura del agonismo. Por una parte, el determinismo lineal de ésta no desafía la inteligencia de la audiencia tanto como la complejidad de la vida real. Pero por otra parte, ¿Qué serían los noticieros si no fuera por las riñas a cuchillazos entre vecinos, los duelos verbales entre politiqueros y las guerras armadas entre países cercanos y lejanos? Los deportes son anunciados como si fuesen batallas a muerte, logrando con ello inflamar los ánimos de los hinchas (y vender así más publicidad). Las entrevistas y otros programas son planificados cuidadosamente para maximizar su nivel polémico y así atrapar la atención del oyente, evitando así que cambie de emisora o canal.

Todo esto tiene una clara finalidad económica, pues al aumentar los ratings se atraen más auspiciantes, quienes estarán dispuestos a pagar más por el espacio, incrementando así los réditos. Kohn [1990:16] informa que al lanzarse la "Declaración de Sevilla", que refutaba la base biológica e inevitabilidad del agonismo social, los grandes canales noticiosos no la dieron importancia. Incluso, uno de los reporteros les respondió "Llámennos cuando encuentren un gen para la guerra".

g) La industria cinematográfica: Otro beneficiario de la cultura del agonismo es la industria cinematográfica. Primero, por que debido a las expectativas que ésta genera, una película llena de conflictos y violencia atrae más que otra más mansa. Parecería que los productores de cine estuvieran compitiendo por rodar la película más sangrienta. Además, la violencia o 'acción' en sentido agónico se transmite más fácilmente a las audiencias internacionales que los largos diálogos. Karlberg [2004:54] explica:

"Los gastos de producción de muchas películas modernas, apenas se compensan con las ventas nacionales; a menudo el beneficio se logra únicamente con su redistribución internacional. Las películas repletas de violencia y acción (además del sexo) son más rentables por que se centran en la imagen. El poco diálogo que contienen es sencillo y fácilmente traducido, y su reducida narrativa se presenta mayormente en secuencias de acción, universalmente interpretables y altamente visuales (peleas, persecuciones vehiculares, sexo, etc.). Por ende, los contenidos de conflicto y violencia resultan más provechosos a la hora de producir, traducir y exportar hacia un mercado global cada vez más competitivo".

h) Las Ciencias Sociales: Aunque resulte sorprendente, también quienes hacen las ciencias sociales - psicólogos, antropólogos, sociólogos, economistas, politólogos, etc. - se benefician de una cosmovisión según la cual el comportamiento humano es determinado por factores biológicos. Fue hace poco que estas disciplinas comenzaron a dejar los confines de la filosofía 'blanda' para pasar a ocupar un espacio propio entre las ciencias 'duras'. En su afán por legitimarse en esta pretensión, procuraron aproximarse a las ciencias naturales de la época - todavía sumidas en sus modelos mecanicistas tradicionales - concentrándose en lo tangible, medible y cuantificable. Si el comportamiento humano fuera inherente en su programación genética y neurológica, si fuese tan predecible como el del animal, si se pudiese expresar efectivamente en cifras y curvas de demanda, entonces se reduciría la brecha entre las ciencias naturales y las sociales, y aquellas tomarían más en serio a éstas. Como afirma Lewontin [1984:238], "La prometida biologización de los estudios sociales es precisamente una realización del deseo de los sociólogos, antropólogos y economistas de considerarse científicos".

2. Ideologías Beneficiarias

A continuación consideraremos algunos casos en que el beneficiario de la cultura del agonismo es toda una ideología, la cual a su vez beneficia a sus defensores.

a) Élites, oligarquías y aristocracias: Con frecuencia las élites, oligarquías y aristocracias aprovechan la hegemonía del agonismo para justificar ante sí mismos y la sociedad la perpetuación de sus privilegios desmedidos. Según Lewontin [1991:19-23], las revoluciones del Siglo XVII en Gran Bretaña y del Siglo XVIII en Francia y los Estados Unidos, sirvieron para eliminar el viejo orden de privilegios aristocráticos bajo la ideología de la igualdad.

De haberse efectuado esta igualdad mediante una redistribución efectiva de la propiedad y los privilegios, pronto habría perdido su posición la aristocracia. Así que más bien se optó por difundir el mito de una pretendida igualdad de oportunidades en la cual todos podían competir, cual cancha de juego supuestamente nivelado con las mismas reglas para todos, para que sean los mejores jugadores que ganen. Al respecto acota Friedenberg [1974:96]:

"El estratagema clásico para legitimar la distribución desigual de las retribuciones en una sociedad democrática, consiste de una competencia en la cual se aplican las mismas reglas a todos los concursantes. El sistema de estatus social se ve protegido por la naturaleza de dichas reglas, no por su aplicación inequitativa. De este modo los individuos en la sociedad aprenden a clasificarse como ganadores y perdedores y a culparse a sí mismos cuando se encuentren entre éstos últimos".

b) El 'Hombre Blanco': En la cultura de agonismo, las diversas instituciones y prácticas de la sociedad son estructuradas en forma de luchas, desde la vida económica y política hasta las universidades y los tribunales. En un entorno así, la persona más agresiva y más dispuesta a entrar en la pugna, es a menudo quien sale ganando la pelea diaria por salir adelante. Las normas culturales de muchos pueblos del mundo desalientan este tipo de comportamiento entre sus miembros, mientras que las de occidente han otorgado tradicionalmente al sexo femenino un carácter más suave y conciliador. Por tanto, con frecuencia las minorías étnicas y las mujeres se han encontrado en desventaja frente al hombre blanco en tales ambientes hostiles. Karlberg señala además que:

"...las mujeres y las minorías pueden estar en desventaja mayor aún, pues aunque las expresiones de agresión por parte del hombre o del grupo dominante suelen considerarse naturales y apropiadas, las mismas clases de expresión pueden ser percibidas como poco naturales e inapropiadas al ser utilizadas por una mujer o por una minoría subordinada. Por tanto, no se aplican a las mujeres y minorías las mismas recompensas por el mismo comportamiento agónico".

c) Los Conservadores: En general, se puede decir que quienes más se benefician del estatus quo son los que más se apegan al concepto de una biología humana ineludible: si todo va de acuerdo con los dictados irrevocables de la naturaleza, entonces el estado actual de las cosas es como debe ser. Nicholas Pastore [1949:179] encontró que 11 de cada 12 personas que sostenían que la biología determinaba el comportamiento humano, también eran conservadores. Concluye que "La controversia entre lo innato y lo adquirido, sería igualmente razonable clasificarla como política o como científica".

Kohn [1990:13] opina que se trata de un caso de "ocultar la orientación política tras una cortina de ciencia" y señala que "durante años se han presentado acusaciones de una agenda política reaccionaria que merodea detrás de la sociobiología", defensora de vanguardia del concepto de la programación genética del agonismo en la naturaleza humana.

d) Los Marxistas: Tampoco el Marxismo se salva de esta crítica. En este caso, la pugna ya no es entre actores individuales en el mercado, sino entre clases económicas enteras. Pero igual sigue siendo una lucha, la cual prevé y ha visto más de una vez una revolución sangrienta. El resultado del fomento de la ideología marxista parece ser la progresiva división de la sociedad en sectores cada vez más pequeños y la lucha entre ellos: izquierda versus derecha, oprimidos versus opresores, explotados versus explotadores, gobernados versus gobernantes, pobres versus ricos, trabajadores versus empleadores, campesinos versus citadinos, mujeres versus hombres, jóvenes versus adultos, indígenas versus blancos, homosexuales versus heterosexuales, etc. En el último análisis, estos mensajes agonistas sirven para aumentar la acogida popular del discurso marxista y por ende el poder de los partidos y movimientos que pretenden luchar bajo esa bandera.

¿Quiénes se benefician realmente de la lucha de clases? En teoría sería la clase trabajadora que se salva de la enajenación y la pobreza al "romper el yugo de la opresión" y formar una "dictadura del proletariado". Al menos es esta la visión de futuro con que se ha promovido el discurso marxista durante más de un siglo. Sin embargo, cada vez que se ha aplicado el marxismo en la práctica a escala nacional, el resultado ha sido una distribución más equitativa de la pobreza y de la enajenación, con una paulatina parálisis de la economía hasta su colapso final.

El hecho ineludible es que quienes han cosechado los frutos más selectos han sido los que han ocupado los rangos más elevados dentro del Partido Comunista. Esto se aplica no sólo en el caso de los países socialistas, sino en todo lugar donde el poder de convencimiento de la teoría de Marx ha sido explotado por el liderazgo de partidos políticos de izquierda para engrosar sus filas, incrementando de este modo su poder y sus ingresos.

e) Los Partidos Políticos: De hecho, el aprovechamiento de la cultura del agonismo es común a todos los partidos políticos, no sólo los de izquierda. Está patente en el eslogan "sin partidos no hay democracia". El partidismo político consiste en dividir a la sociedad en distintos bandos, supuestamente en base a sus intereses y/o ideologías divergentes, y hacer que entren en una pugna de poderes entre sí para ver quién logra mayores votos en las elecciones. Luego, una vez que uno de los partidos controle el 'gobierno', se toma por sentado que los demás partidos formarán la 'oposición' e intentarán por todos los medios impedir que el partido ganador gobierne.

En este tira-y-hale, los únicos que realmente parecen obtener provecho de esta pugna de poderes son las cúpulas de los partidos políticos y algunos de sus aliados. Son ellos quienes cosechan los beneficios del presupuesto estatal asignado a para mantener a los partidos políticos, de los réditos adicionales provenientes del lanzamiento de un candidato, aunque éste no gane las elecciones, de la compraventa de votos en la legislatura, etc.

f) El Racismo: Un beneficiario ideológico que prefiere quedar en relativo anonimato, pero que sigue muy activo social, política y económicamente, es el racismo. Desde mediados del Siglo XIX, la pseudociencia de la Eugenesia ha propuesto medios de darle una mano a la selección natural mediante una selección más bien artificial de materia genética más 'apta' para fines de un supuesto 'mejoramiento racial'. Alcanzó su máxima expresión en la Alemania Nazi bajo el régimen de Adolfo Hitler, por lo que tras la Segunda Guerra Mundial perdió credibilidad y pasó a tomar otras formas.

Por ejemplo, Kohn [1990:15, 276] denuncia que el Estudio de Gemelos de Minnesota, el cual buscaba una explicación genética del comportamiento humano, fue "financiado en parte por el Pioneer Fund, una fundación aparentemente comprometida con la promoción de teorías de inferioridad negra y otras doctrinas racistas". Cita un artículo en el Washington Post, el cual corrobora que "El Pioneer Fund... ha financiado investigaciones de 'mejoramiento racial' por parte de científicos que buscan comprobar que los negros son genéticamente inferiores a los blancos".

3. Cómo el Pueblo se Beneficia

Finalmente veamos de qué manera se podrían estar beneficiando de los mitos del agonismo las grandes masas de la humanidad.

a) Darle sentido al mundo: Obviamente, todos nos beneficiamos de una cosmovisión que nos ayude a darle sentido a nuestro mundo, una necesidad ineludible del ser humano. El mito del agonismo inherente es una concepción tan simple y fácil de captar, aún para personas con poca formación científica, que ha encontrado un lugar privilegiado en la filosofía popular. Además ha llegado a ser bastante sólida y respetable tras varios siglos de elaboración teórica y consolidación en las estructuras de la sociedad. No necesitamos andar tratando de darle sentido al mundo, pues esto ya fue logrado por otros, empacado y entregado, sin costo alguno. Es muchísimo más fácil y cómodo aceptar y asimilar esta visión agónica del mundo que hacer el esfuerzo de cuestionarlo, corriendo el riesgo de convertirse en objeto de burla.

b) Librarse de Culpa: El agonismo resulta ser un escape conveniente de cualquier sentimiento de culpabilidad por nuestros defectos personales. Si me comporto de manera egoísta, competitivo, agresivo, acaparador, conflictivo, y a veces hasta violento, no es culpa mía, sino de mi naturaleza como animal racional, programado en mis genes por milenios de supervivencia del más fuerte. Nos sentimos complacidos al ver que otros tienen los mismos defectos que nosotros, olvidándonos convenientemente de la máxima que dicta "mal de todos, consuelo de tontos". Se tilda de 'raros' a quienes prefieren no practicar los defectos que consideramos 'normales' en el ser humano. Como observa Jerome Kagan [1984], uno de los principales pioneros de la psicología evolutiva:

"Para poder racionalizar el aluvión de crueldad y agresión que se observa en la sociedad contemporánea, resulta útil y a veces terapéutico el creer que no siempre es posible controlar la ira, la rivalidad y la envidia. Esta racionalización acalla los sentimientos de culpa y diluye el permanente sentido de responsabilidad personal por hacerles daño a otros".

c) Librarse de Responsabilidad: Los mitos de la cultura del agonismo también sirven para librarnos de responsabilidad. ¿Para qué trabajar por un mundo de paz si los seres humanos somos agresivos y violentos por naturaleza? Mejor dedicarme a mis propios asuntos, dejar que la 'naturaleza humana' siga su curso y esperar que no me toque sufrir las consecuencias. Numerosos estudios han demostrado una relación directa entre una creencia en la naturaleza guerrera del hombre y la falta de interés en enseñar la paz a otros, trabajar directamente por la paz, o justificar un acto de guerra por parte de un gobierno [Véase, por ejemplo, Wahlstrom, Adams 1987 y Granberg 1969:546-49].

El fatalismo del determinismo biológico, genético o sociocultural es tan 'opio del pueblo' como lo fue en el tiempo de Marx su gemelo religioso, el fatalismo de la predestinación. Ambos dictan que no somos responsables de nuestros actos, sino que otra fuerza está en control, ya sea ésta la voluntad divina, la programación genética, las hormonas (masculinas o femeninas), algún desorden bioquímico que afecte los neurotransmisores del cerebro, las falencias de nuestros padres o de la sociedad en la que crecimos, o incluso los susurros de Satanás. Dice Alfie Kohn [1992:15]:

"Aun cuando no se nos exige defender directamente nuestro comportamiento, es atractiva la posibilidad de que sean inevitables nuestras acciones o actitudes. La libertad puede ser perturbadora, incluso aterradora. Y los determinismos científicos son, en términos psicológicos, la contraparte contemporánea de las doctrinas teológicas de la predestinación. Paradójicamente, el verse liberado de la responsabilidad puede constituir una experiencia liberadora".

d) El escepticismo es más 'cool': Quienes gustan de hacer gala de su inteligencia y preparación, se pueden beneficiar también del mito del agonismo. Al expresar un 'sano escepticismo' acerca de la condición humana, adquirimos un aura de objetividad, modernidad y sofisticación. Se evita admitir una esperanza en la capacidad del ser humano para crear un mundo mejor, por temor a quedar de ingenuo. Aquel que duda del hombre es admirado como 'realista', mientras que aquel que cree en el hombre es tildado de 'soñador'. En las ciencias sociales, según los psicólogos Michael y Lise Wallach [1983:25], "el escepticismo es alentado en nombre de la precisión científica... Parece que no se considera seriamente la posibilidad de que una persona se preocupe y se comprometa con el bienestar de otro como fin en sí mismo, en vez de un supuesto medio para obtener algún beneficio personal".

Esta no es meramente una impresión subjetiva, sino una realidad objetiva y medible. Cuando la psicóloga Teresa Amabile [1983:151] presentó a cien sujetos con dos críticas literarias - una negativa y otra positiva - escritas por el mismo autor respecto al mismo libro, halló que "el crítico negativo era percibido como más inteligente y competente, con mayor pericia literaria, que el crítico positivo". Concluye Kohn [1990:38-9] que,

"Si uno se siente menos vulnerable y es calificado como más competente por decir algo poco halagüeño acerca de un libro o una película, este efecto es aun más evidente (dentro y fuera del medio académico) en el caso de preguntas en torno a la naturaleza humana. No existe el riesgo de ser visto como crédulo o ingenuo cuando uno se refiere perspicazmente a los motivos ocultos - léase egoístas - de cada persona y cada acto."

e) Padres y Maestros: Muchos encuentran que resulta más fácil obtener el comportamiento deseado en los niños - al menos a corto plazo - al plantearlo como una competencia: quién puede alistarse más pronto, obtener mejor nota en un examen, patear más lejos la pelota. De este modo los niños reciben las lecciones del agonismo desde la cuna, junto con la leche materna. En consecuencia, ya no es cuestión de si o no se debe enseñar valores en la escuela, sino qué valores se deben enseñar: los de la cultura del agonismo, o las de una cultura de paz.

f) Machistas y Misóginos: El movimiento feminista ha revelado que tradicionalmente, los hombres se han aprovechado de la hegemonía del agonismo para imponer su supuesta superioridad sobre la mujer y justificar de este modo su subyugación e incluso maltrato. Karlberg [p. 85] explica:

"...las normas culturales de la agresión y competencia han servido históricamente de estructuras de dominio masculino. En el plano más obvio, esto se ha dado mediante una agresión directa y física contra la mujer por parte del hombre. En muchos períodos históricos y culturas, la agresión masculina contra la mujer ha sido aceptada como normal y natural. Dado que el hombre suele tener mayor fuerza física que la mujer, estas normas culturales han servido de estructuras evidentes de dominación masculina".

g) El bravucón de la esquina: Finalmente, aprovecha de la cultura del agonismo cualquier valentón que se esconde tras el mito de que la "fuerza da derecho" a imponer su voluntad sobre otros. Tanto nos hemos convencido de que el mundo es por naturaleza conflictiva y violenta, que ya no nos atrevemos a enfrentar al matoncillo y exigirle que cambie de comportamiento. Después de todo, "el mundo es como es y no se le puede cambiar", nos dicen. Es un mundo cruel allá afuera, donde el perro come al perro, el hombre es el lobo del hombre y sólo el más fuerte sobrevive. ¡No seas llorón y enfréntalo!

4. ¿Quiénes son Perjudicados por el Agonismo?

Hemos considerado algunos sectores sociales que parecerían beneficiarse de la hegemonía del agonismo. Sin embargo, se espera que hasta aquí el lector se haya percatado de que, en todos estos casos, es sólo aparente la ganancia del sector mencionado. Pues si es llevada a sus últimas consecuencias la situación que lo beneficia a corto plazo, cada uno acaba perdiendo más de lo que gana a largo plazo. Al analizar la sociedad entera como un solo sistema y considerar aquello que a la larga le conviene a esa totalidad, resulta que todos somos perjudicados al final. Veamos en mayor detalle como funciona esto.

a) La Teoría de Juegos: En la denominada "Teoría de Juegos", se habla de tres posibles desenlaces de toda contienda:

  • Ganar-Ganar, o de "suma positiva", donde las ganancias de ambas partes se suman (1 + 1 = 2);
  • Ganar-Perder, o de "suma cero", donde las ganancias de una parte vienen a expensas de las pérdidas de la otra (1 - 1 = 0); y
  • Perder-Perder, o de "suma negativa", donde las pérdidas de una parte se suman a las pérdidas de la otra parte (-1 + -1 = -2).

En una sociedad donde predominan las relaciones de competencia, conflicto y pugna, los "juegos" más comunes son los últimos dos: donde uno gana a expensas de la pérdida del otro (suma cero - común en las relaciones económicas y políticas) y donde ambos pierden a la larga (suma negativa, siempre el caso en la guerra y otros conflictos armados). El resultado obvio es que la sociedad como un todo no avanza sino que retrocede, llevando hacia abajo incluso a quienes aparentemente ganan en las relaciones ganar-perder.

b) El Gasto Militar: El enorme presupuesto militar - del 40% al 60% del presupuesto nacional en algunos casos - vienen a restarse del gasto social en salud, educación, vivienda, agua y saneamiento, seguridad alimenticia, desarrollo socioeconómico, etc., de la cual todos nos beneficiamos. La extrema inestabilidad y volatilidad de los mercados nacionales y mundiales pone en entredicho la futura prosperidad tanto del inversionista adinerado como del trabajador pobre. A la larga, toda la sociedad se beneficiaría al verse liberada del peso económico y social de la cultura del agonismo, incluyendo a los aparentemente beneficiados a corto plazo.

c) El Costo del Partidismo: La pugna por el poder entre partidos y candidatos no beneficia al pueblo como reza el mito, sino que a la larga lo perjudica. Consume muchos recursos del estado, que asigna parte de su presupuesto a la manutención de los partidos políticos. Además está el financiamiento de constantes elecciones entre candidatos que no necesariamente tienen los mejores intereses del pueblo como primera prioridad. Finalmente está el enorme gasto de tiempo, dinero y recursos humanos que implica el hecho de hacer que la mitad del país empuje en una dirección y la otra mitad en la dirección opuesta, anulando mutuamente sus respectivos esfuerzos en un 'juego de suma cero'.

d) La Contienda Académica: No hay duda de que las diversas disciplinas científicas han realizado grandes avances, aunque no está claro si esto ha sido debido al modelo de contienda académica o a pesar de él. Lo claro es que el debate agónico introduce importantes limitantes y obstáculos. Primero, un ambiente de pugna intelectual desincentiva la participación de muchas personas menos agresivas y conflictivas, debido a su elevado costo emocional, psicológico y relacional, y esto priva a toda la humanidad de sus aportes potencialmente muy valiosos.

En segundo lugar, una mentalidad de tipo ganar-perder promueve una perspectiva reduccionista y absolutista que tiende a restringir la diversidad de perspectivas disponibles, debido al supuesto de que una sola teoría - o incluso un solo teórico - debe emerger victorioso por encima de otros 'competidores' mutuamente excluyentes. Hay temáticas fundamentales, como la dualidad partícula/onda en la física subatómica, las discusiones en torno a la nueva visión ecológica en la biología, y el debate entre lo innato y lo adquirido en las ciencias sociales, que sólo han podido resolverse transcendiendo la epistemología agónica y admitiendo una perspectiva complementaria - sin ganadores ni perdedores - en la que convive una diversidad de explicaciones mutuamente incluyentes.

Por último, los métodos discursivos agónicos basados en el debate competitivo, generan un atrincheramiento de posiciones contrarias, hacen que el objetivo más elevado sea el de ganar el debate antes que la búsqueda desapasionada del conocimiento, y dificulta la comunicación constructiva.

e) Las Competiciones: Los argumentos que se suelen presentar en defensa del mito del agonismo incluyen los supuestos de que el competir mejora el desempeño, aumenta el nivel de interés y desarrolla el carácter, tanto en el trabajo y los estudios como en las artes y el deporte. Si fuese así, entonces todos nos beneficiaríamos en mayor o menor grado de las pugnas. Sin embargo, una mirada más profunda sugiere que estos supuestos son fruto de la mera especulación, pues contradicen los resultados de la ciencia. En su libro "No Contest - The Case against Competition", el Dr. Alfie Kohn analiza cientos de investigaciones científicas y estudios de caso en el campo, que tratan justamente sobre el valor de la competición en diferentes áreas del quehacer humano.

Los resultados son tan sorprendentes como contundentes: según los hallazgos de una investigación tras otra, en todos campos del quehacer humano, el hecho de competir - intentar ganar haciendo que otro pierda - disminuye el rendimiento, estropea la satisfacción y ocasiona problemas de comportamiento. Desvía la atención de la búsqueda de la excelencia, causa elevados niveles de estrés que disminuyen el desempeño, daña las relaciones humanas necesarias para el éxito, convierte a las actividades placenteras en onerosas, incrementa la probabilidad de los actos de corrupción, reduce la eficacia de la motivación intrínseca, y otros perjuicios más. Las únicas personas que en algunos estudios resultaron beneficiadas por la competencia pertenecían a la reducida minoría de los más aventajados, mientras que la abrumadora mayoría de personas se veía desmotivada por tales pugnas.

f) Costos Psicológicos: Finalmente, considérense los costos emocionales y relacionales que se pagan en la cultura del agonismo, con su resultante atomización de la sociedad. Cuántas amistades han sido destruidas por la competición en el aula de estudio, el lugar de trabajo e incluso el mercado. Las contiendas no son realizadas por máquinas sin sentimientos, sino por seres humanos cuyos egos pueden resultar tan golpeados como sus propuestas por el contrincante, quien llega a ser percibido en consecuencia como un enemigo.

Tal parecería, entonces, que a la larga todo el mundo es perjudicado por este mito. De hecho, según varios estudios antropológicos, el agonismo constituye un modelo social 'maladaptativo' que ha obrado en detrimento de aquellas sociedades que lo han cultivado. La supervivencia de estos colectivos ha dependido más bien del grado al cual han logrado preservar ciertos elementos estructurales de cooperación y mutualismo. La actual Cultura Agónica podría poner en peligro la viabilidad de la raza humana como un todo, de permitirlo continuar su actual espiral de escalamiento. Es causa de carreras armamentistas, de volatilidades y descalabros económicos, de inestabilidades sociales y políticas y de crecientes crisis ecológicas.

Karlberg [2004:4] admite que no faltarán escépticos que arguyan que "la naturaleza humana sí es fundamentalmente egoísta y agresivo y que las relaciones de adversarios sí constituyen una expresión inevitable de esa naturaleza", y reconoce que estos supuestos "siguen siendo ampliamente aceptados en las sociedades liberales de Occidente", pero afirma que "no sólo son equivocados sino socialmente opresivos y ecológicamente insostenibles". Richard Lewontin sostiene que quienes nos hemos comprometido con el cambio social en realidad poseemos un poderoso incentivo por saber si el determinismo biológico se fundamenta en los hechos, por que en tal caso nuestros esfuerzos serían en vano [citado en Kohn 1990:14].

 

D. ¿Puede hablarse de una conspiración?

Ya que tantos diferentes sectores en todo el mundo promueven y se benefician del mito del agonismo como inevitable en la sociedad, la pregunta que se impone es: ¿se habrán puesto de acuerdo entre ellos? ¿Será que se por debajo del mito yace una conspiración cuyo propósito es manipular los discursos culturales modernos y de ese modo definir al mundo de acuerdo con intereses limitados? De hecho, hay quienes aducen que detrás de la hegemonía del agonismo hay un complot secreto y engañoso por parte de al menos algunos de los actores mencionados en la sección anterior, quienes habrían conspirado para manipular los mensajes y acontecimientos tras telones. Sin embargo, como veremos a continuación, también hay motivos de peso para rechazar esta idea.

1. ¿Qué son las teorías de conspiración?

Una teoría de conspiración se define como un intento por atribuir determinados sucesos a un grupo coordinado que colabora en secreto para cometer actos ilegales o indebidos y para ocultar su complicidad. A menudo estas teorías surgen en contraposición a otras explicaciones de mayor aceptación. Los pretendidos cómplices suelen ser agentes poderosos que buscan engañar a la población en general. Por ejemplo, Noam Chomsky denuncia que el occidente industrializado conspira para mantener los recursos del mundo en manos de los ricos, y que sus gobiernos embaucan a los votantes para convertirlos en cómplices de esto.

No se tratan de 'teorías' en el sentido científico de la palabra, sino en su uso informal o vulgar como especulaciones infundadas o hipótesis no comprobadas. Por ello, cuando una teoría conspirativa resulta ser certera, pasa a denominarse 'conspiración', ya no 'teoría'. Algunos teóricos conspiracionistas llegan incluso al extremo de sostener un 'conspiracionismo histórico': la idea que las conspiraciones constituyen la fuerza motriz de la mayor parte de la historia humana.

2. El caso de la hegemonía del agonismo

En el caso del propósito central del presente estudio, una teoría conspirativa consistiría en afirmar que los grandes beneficiarios de la cultura del agonismo habrían tramado un complot malvado para crear y/o promover los diversos elementos discursivos que apoyan y propagan el mito del conflicto y la violencia como rasgos inherentes al ser humano y su sociedad y, por tanto, inevitables y permanentes. No se trataría sólo de planes secretos al interior de cada organización, ni siquiera de acuerdos entre algunas de ellas, sino una mega-conspiración entre varios de sus principales beneficiarios.

No se recomienda sostener tal teoría de mega-conspiración en el caso en cuestión, por varios motivos. Dos de ellos tienen que ver con la naturaleza de las conspiraciones en sí, y dos están relacionados con lo que le conviene al movimiento para una Cultura de Paz. El primero es la extrema dificultad e improbabilidad de que hayan podido llegar a un acuerdo, peor aún haberlo ejecutado, los varios estados nacionales, las fuerzas armadas de cada país, sus distintos partidos políticos, los productores de armamentos, los marxistas y demás tendencias de izquierda, las empresas locales y corporaciones transnacionales, las élites, oligarquías y aristocracias del mundo, los medios de comunicación masiva, los padres y educadores de la humanidad, y el bravuconcillo de la esquina.

En segundo lugar, es dudoso que una conspiración hubiese podido lograr el efecto observado en el mundo actual: su completa saturación de teorías y creencias que apoyan al mito del agonismo, y de prácticas e instituciones que se apoyan en el mismo. Como dice el historiador Bruce Cumings:

"...aún cuando han existido las conspiraciones, raras veces mueven la historia; marcan una diferencia marginal de vez en cuando, pero con consecuencias imprevistas propias de una lógica que se escapa del control de sus autores: he ahí el error de la 'teoría conspirativa'. La historia se mueve por las amplias fuerzas y grandes estructuras de las colectividades humanas".

En tercer lugar, prácticamente toda conspiración tiene sus soplones o whistleblowers: cómplices que por diversos motivos deciden denunciar a su grupo. No son personas ajenas al grupo que la acusan desde afuera, sino miembros descontentos que deciden revelar la información privilegiada a la que han tenido acceso. En un complot del tamaño, la complejidad y la duración que sugiere la teoría conspirativa asociada con el mito del agonismo, tendrían que haber surgido varios delatores a lo largo de los últimos siglos. Sin embargo, hasta ahora ninguno se ha hecho presente para levantar la voz de alarma y señalar un dedo acusatorio a sus supuestos cómplices.

En cuarto lugar, el atribuir a una mega-conspiración la cultura del agonismo, los mitos que la apoyan y sus manifestaciones socioestructurales, sería una manera de desplazar la culpa de tal situación hacia algún 'otro', a fin de librarnos de la responsabilidad. Es otro ejemplo más de la tendencia agónica de satanizar a una 'cabeza de turco' en la cual proyectar nuestras propias características indeseables, para luego atacarla en el afán de hacer desaparecer esos defectos. Esta clase de proyección es justamente una de las tendencias contra las cuales debemos luchar, incluso en nosotros mismos. Pues la cultura del agonismo nos pertenece a todos, tanto en sus aspectos psicoculturales como en sus elementos socioestructurales.

3. Todos somos creadores y víctimas del agonismo

Por último, aun si no se aceptan los argumentos que anteceden en contra de una 'teoría de conspiración', el hecho de asociarse con ella le resultaría contraproducente por dos motivos - uno externo y otro interno. Primero, esta vinculación suele emplearse para poner en ridículo a quienes propugnan tales explicaciones. No serviría bien a los intereses del movimiento por una Cultura de Paz el llegar a relacionarse con tales atributos como paranoia, irracionalidad y excentricidad.

En segundo lugar, sería mucho más estratégico concentrarse en ayudar a la sociedad en su conjunto a comprender los efectos nocivos de la cultura del agonismo, tanto en quienes son más evidentemente perjudicados por él, como en aquellos que aparentemente han sido sus beneficiarios hasta ahora, pues incluso éstos últimos comienzan a reconocer sus secuelas perniciosas a largo plazo. En cierto sentido, todos somos a la vez creadores y víctimas de la Cultura Agónica, como sugiere Karlberg [1997:18]:

"¿Cómo atribuir una intencionalidad única y definitiva a determinados grupos o individuos cuando sus intenciones fueron influidas por el lenguaje, los pensamientos y las prácticas de otros que les precedieron? Nuestras intenciones son moldeadas al menos en parte por disposiciones psicoestructurales que no elegimos heredar. Esto no implica que los individuos o grupos deban ser eximidos de toda responsabilidad por sus propias acciones. Más bien significa que el tema de la intencionalidad suele ser complejo y que no siempre se puede suponer una intencionalidad consciente. Tenemos libre albedrío, pero lo ejercemos dentro de estructuras mentales y sociales que no son de nuestra entera escogencia".

Si todo el mundo piensa de esta forma, sin que sea una conspiración, ¿no será que se trata mismo de la naturaleza humana? Este argumento corresponde a una falacia lógica de pensar que si suficientes personas piensan de determinada manera, tiene que ser verdad. También se asocia con el error de considerar que la amplia difusión de una característica significa que necesariamente es determinada por la genética.

4. Una dinámica sistémica de realimentación positiva

Karlberg admite que, históricamente, "algunos grupos han tenido claras ventajas sobre otros en su capacidad para propagar códigos culturales que promuevan sus propios intereses..., posiciones privilegiadas desde los cuales definir o construir nuestros mundos culturales". Incluso, a veces este influjo ha sido consciente e intencional, como en el caso de la articulación de los discursos nacionalista, militarista y de supremacía racial en la Alemania nazi. Sin embargo, con mayor frecuencia su influencia ha surgido espontáneamente:

A menudo nos inclinamos a 'ver' el mundo de maneras que sirven a nuestros intereses egoístas, sin necesariamente tener conciencia de lo que hacemos. En otras palabras, poseemos una afinidad inconsciente por ideas que coinciden con nuestra propia conveniencia. Rara vez decidimos interpretar los asuntos de una manera en vez de otra después de haber sopesado el grado al cual cada posible interpretación podría promover nuestros intereses. Más bien, nuestras percepciones de la realidad surgen de la interacción entre procesos complejos, sutiles y frecuentemente subconscientes de motivación, racionalización, socialización, etc. [1997:18]

Si esto es cierto, entonces no sería necesaria una mega-conspiración de discursividad agónica para obtener los resultados observados en el mundo. Sea esto como fuera, el hecho es que la cultura predominante homogeniza en cierto grado al pensamiento agónico y por tanto la actuación agónica. De más interés para nuestro análisis, entonces, es el hecho de que, cuando una misma cultura es compartida por los miembros de una sociedad - como en el caso del agonismo - no se requiere de un acuerdo explícito para que sus actos contribuyan hacia un mismo fin.

Cada uno, obrando dentro de lo que nuestras disposiciones psicoculturales compartidas nos dictan, se comportará de tal manera que sus acciones complementen a las de los demás, en una dinámica sistémica de realimentación positiva en la que el agonismo constituirá la forma como todos consiguen sus respectivos propósitos. La cultura tiende a generalizar el pensamiento y, en consecuencia, unificar la acción. Y como hemos visto, incluso quienes son perjudicados por la cultura del agonismo actuarán de la misma manera, siendo convencidos por la hegemonía de que esto es lo que les beneficia. Dice Alfie Kohn [1992:14]:

"Los argumentos respecto a la inevitabilidad de algo, y particularmente de la naturaleza humana, por lo general son presentados en defensa del estatus quo. Ahora bien, se podría cuestionar si los defensores de la inevitabilidad biológica tienen la intención de retrasar el cambio; incluso se podría preguntar si la amplia aceptación de los estudios en apoyo de esta posición se debe principalmente a sus implicaciones políticas. Lo que no se puede discutir, sin embargo, son las consecuencias prácticas de tal punto de vista. ¿Quiénes se benefician del dogma de la 'naturalidad' del capitalismo desenfrenado, o de la creencia en que cualquier aspecto del estatus quo sea el resultado ineludible de algo intrínseco en nuestra naturaleza? Claramente aquellos que son bien servidos por ese estatus quo".

5. El rol masificante de los medios masivos

Sin prejuicio de lo anterior, existe una configuración socioestructural en particular que sirve de masificadora de supuestos agónicos por excelencia: los medios masivos. En su famosa entrevista con el BBC de Londres, Noam Chomsky dice que la prensa occidental ha perpetuado 'la gran mentira' de que el mundo se divide entre 'ellos' y 'nosotros', siendo 'ellos' cualquier grupo que amenace la ascendencia y control del occidente en los asuntos mundiales. Opina que dada la inercia o impotencia de los medios masivos para alterar esta situación, es el deber de los intelectuales alzar la voz en pos del cambio.

Karlberg [1997:19] señala que en la sociedad contemporánea existe una "jerarquía de acceso a los medios de comunicación comerciales" en cuyos estratos más altos hay "una población relativamente exclusiva de voces de élite" que posee el mayor acceso, colocándoles en una "posición privilegiada desde la cual construir las representaciones dominantes, o definiciones preferidas, de la realidad". Sin embargo, advierte contra el facilismo de suponer una conspiración en todo ello:

"La ascendencia de un abanico notablemente estrecho de intereses e interpretaciones al interior de esta jerarquía de acceso, no implica empero que los individuos posicionados en la cúpula de dicha jerarquía estén conspirando conscientemente por fomentar definiciones de la realidad que sirvan sus propios intereses. Muchos de ellos bien podrían ser totalmente sinceros en sus empeños por simplemente interpretar el mundo - y responder ante él - como ellos lo perciben. Las formas como ven el mundo, sin embargo, a menudo coinciden inconscientemente con sus propios intereses estrechos".

6. De la Conformidad y Complicidad al Cuestionamiento y Cambio

Desde el atentado del 11 de septiembre del 2001 contra las torres gemelas del World Trade Center, se han distinguido dos tipos de conspiración: HOP (Hacer que Ocurra a Propósito) y DOP (Dejar que Ocurra a Propósito), también conocidos por sus siglas en inglés: MIHOP (Made It Happen On Purpose) y LIHOP (Let It Happen On Purpose). El primero es cuando los conspiradores proactivamente planifican y ejecutan la conspiración; y el segundo es cuando saben lo que está pasando, pero no hacen todo lo que está en su poder por detenerlo, o incluso impiden esfuerzos por evitar que suceda.

En vez de buscar a quienes señalar como culpables de una conspiración de tipo HOP, asegurémonos primero de que no estemos apoyando la cultura del agonismo por nuestra propia inacción. Debemos preguntarnos hasta qué punto nosotros mismos hemos sido conspiradores de tipo DOP, sin darnos cuenta. Deberíamos analizar nuestra propia programación psicocultural y las estructuras sociales de las cuales somos parte, para identificar los elementos agónicos, erradicarlos y cambiarlos por supuestos y estructuras más mutualistas. Entonces estaremos capacitados para facilitar este proceso en otros.

Es la tesis del presente autor que la predominancia de la cultura del agonismo se debe, no necesariamente de una ni varias conspiraciones conscientes, sino del conformismo y consecuente complicidad de los diversos segmentos de la sociedad, cada una dentro del espacio sociocultural que ocupa. El conformismo nace de la ciega aceptación e imitación de los puntos de vista y pautas de comportamiento de quienes le rodean, y el hecho de ceder ante la presión social de conformar. Convierte a sus víctimas en cómplices de la reproducción y acrecentamiento de los mismos males sociales de los cuales suelen quejarse. De hecho, todos somos cómplices en la medida en que hemos aceptado sin cuestionamiento los supuestos y las pautas sobre cuya base se construye la cultura del agonismo.

La única manera de superar nuestro propio conformismo y resultante complicidad cxon la cultura del agonismo, es mediante el cuestionamiento de sus supuestos y pautas, lo cual nos permitirá participar en la construcción de nuevos discursos, marcos conceptuales, patrones de comportamiento colectivo y estructuras sociales o configuraciones institucionales. De este modo, todos podemos convertirnos en gestores del cambio discursivo hacia una cultura de paz, cada uno dentro del ámbito social, económico y político que nos corresponde.

Y hay mucho que podemos y debemos hacer. Karlberg [1997:19] nos recuerda que el éxito de los grupos privilegiados en la construcción discursiva de la realidad está en "el grado al cual los códigos por ellos cultivados parecen normales o naturales al interior de su cultura" y que esto a su vez depende de "la medida en la cual los códigos culturales alternativos son pasados por alto o marginalizados". Insiste que "los códigos culturales nunca son completamente fijos" y que a veces "los esfuerzos por adelantar alternativas desde las márgenes son exitosos". Concluye que "las historias de las culturas pueden interpretarse al menos en parte como un proceso permanente de 'negociación' discursiva o cultural - consciente o inconsciente - entre diversos grupos sociales". Nos toca a nuestra generación participar activamente en el proceso de cambio discursivo hacia una cultura de paz.

 

E. ¿Es Posible un Mundo Post-Hegemónico?

Para cerrar este capítulo, consideremos si será posible un mundo sin la hegemonía del agonismo, y qué tendría que hacer la actual generación para contribuir a su logro.

1. La gran fluidez de las hegemonías

Las hegemonías no son permanentes ni inalterables. La historia ha demostrado que la gente puede cambiar su percepción del mundo, que ya lo ha hecho numerosas veces y que lo continúa haciendo constantemente. Es por esto que ninguna hegemonía, por más sólida que sea, puede jamás considerarse absoluta y definitiva, sino que debe ser constantemente reforzada con nuevos mensajes. Dice [Karlberg 2004: 21]:

"Las 'fronteras' discursivas se mueven y cambian con el tiempo, paralelamente con los códigos culturales que subyacen en ellas. A veces permanecen relativamente inalteradas durante períodos extensos, en otras mudan de manera paulatina e incremental, y en otras más sufren transformaciones veloces y radicales. En un período determinado de dominancia hegemónica, sin embargo, el cambio suele provenir de los márgenes - desde fuera del 'sentido común' de la cultura dominante..."

2. Cambiarlas exige mucho esfuerzo

Debemos comprender por qué motivos y mediante qué procesos se ha establecido la hegemonía del agonismo, para poder ayudar a la gente a liberarse de sus cadenas. Debemos además saber mediante qué dinámicas se cambian las hegemonías por nuevos códigos culturales, a fin de facilitar su reemplazo progresivo con una cultura de paz. Esta labor no es fácil, pues habrá que enfrentar no sólo la resistencia de quienes se benefician de la hegemonía del agonismo, sino también la inercia de la masas y su resistencia al cambio, e incluso nuestra propia inmersión en los códigos culturales con los cuales crecimos. Es un trabajo de hormiga que requiere de una amplia visión histórica, mucha paciencia con los procesos y un profundo sentido de compromiso. Karlberg [2004: 22] dice:

"...la empresa de modificar los códigos culturales establecidos suele ser una lucha contracorriente. Aún siendo del más amplio interés popular, se puede suponer que la misma población... se resista a los cambios que podrían emanciparlos de sus propias condiciones opresivas... Con esto no se pretende decir que las personas no pueden servir de agentes de cambio o reconstrucción de los mundos culturales que habitan. Considerando la fluidez de todo código cultural, siempre existe esa posibilidad. Sin embargo, tales cambios dependen de nuestra capacidad para reconocer la especificidad histórica de nuestro entorno cultural y colocarnos fuera del mismo, aunque sea sólo en nuestra imaginación al inicio".

Es cierto que la teoría hegemónica interpreta la historia como una sucesión interminable de luchas por el poder entre grupos de interés que emplean para ello las armas de la representación y cultura. Sin embargo, la deconstrucción de la cultura del agonismo y la construcción de una cultura de paz no significa reemplazar una hegemonía por otra, sino trocar un sistema vetusto que favorece la lucha por el poder con nuevas configuraciones socioculturales basadas en las relaciones de cooperación y mutualismo.

3. Un orden mundial post-hegemónico

La humanidad no está necesariamente condenada a repetir sus errores y modelos disfuncionales del pasado. Al igual que en todos los sistemas complejos y dinámicos, el pasado y presente de la humanidad no predicen por sí solos su futuro, que está sujeta a las mismas transformaciones cualitativas que experimentan aquellos periódicamente. Y aunque la pugna por el poder haya caracterizado en parte el pasado de la raza humana, no lo ha hecho por completo, como afirma Karlberg [2004:186]:

"...la lucha hegemónica jamás ha sido el único determinante de la cultura humana. El mutualismo y la cooperación también han tenido un rol significativo en la historia humana, aunque a menudo se lo haya pasado por alto. El agonismo y la lucha hegemónica representan sólo la mitad del panorama; el mutualismo y la cooperación son la otra mitad".

Aunque la teoría de la hegemonía pretende describir una dinámica inherente y necesaria a toda sociedad, en realidad no es más que la esencialización de una cultura en particular - la del agonismo - que ha servido como una hebra más en el complejo entramado creado para preservar el estatus quo mediante la perpetuación de la cultura agónica. Esta cultura, como todas las demás, está sujeta a la ley del cambio ante a las exigencias de un mundo en constante permutación. Pues a lo largo de la historia, cuando cualquier configuración sociocultural se ha mostrado inadecuada para responder a los problemas y satisfacer las añoranzas de la población, ha sido reemplazada por otras configuraciones socioculturales que mejor se ajustan a esas exigencias. Karlberg [2004:186] explica:

"...la relativa prominencia, bien sea del agonismo o del mutualismo, parece ser históricamente específica y susceptible al cambio. En este sentido, es posible que eventualmente disminuya la prominencia relativa de la lucha agónica, en respuesta a las presiones de la interdependencia mundial... [N]uestro éxito reproductivo y tecnológico como especie nos acerca día a día a un solo orden social cuyas fronteras son las del planeta y cuyas preocupaciones han resultado cada vez más complejas e intratables. Bajo estas condiciones históricas radicalmente cambiantes, el mutualismo podrá resultar ser una estrategia crecientemente exitosa para todos los grupos sociales, así como el agonismo deviene mostrándose progresivamente más anacrónica e impracticable.

"Si este es el caso, entonces las antiguas pautas de la lucha hegemónica entre grupos sociales en competencia, podrán irse menguando paulatinamente, a medida que se expandan los modelos del mutualismo y la cooperación. De este modo, se puede prever un movimiento hacia un orden mundial 'post-hegemónico' caracterizado por estructuras y prácticas sociales que promuevan los intereses colectivos más amplios posibles. Aunque posiblemente jamás se eliminen por completo las expresiones aisladas del agonismo, quizás ya no se prescriba como ideal normativo en todo aspecto de la esfera pública".

4. Agentes de Cambio Sociocultural

Este cambio, sin embargo, no se dará por sí solo. De acuerdo con los postulados de la Teoría de Sistemas, cuando lleguen a su 'punto de quiebra' las actuales disposiciones socioestructurales de la cultura del agonismo, no hay nada que garantice de que serán reemplazadas por algo mejor y no por algo mucho peor. Tengamos presente que la misma mentalidad determinista que nos podría llevar a cometer el error de creer en la inevitabilidad de una cultura de paz, es producto de la cultura del agonismo y sirve sus intereses.

Es por esto que se requiere urgentemente formar numerosos "agentes de cambio sociocultural" en todos los ámbitos del quehacer humano, a fin de maximizar las probabilidades de que sea una cultura de paz la que prevalezca. Karlberg [2004:186] desarrolla este punto como sigue:

"Aunque puede no ser inevitable un orden mundial post-hegemónico, es al menos lógicamente posible... [E]l mutualismo y la cooperación no son los únicos desenlaces posibles de tal transformación cualitativa. Sin embargo, sí constituyen resultados potenciales, por lo que merece la pena esforzarse por lograrlos. Por tanto, mi abordamiento no se deriva de un enfoque fatalista de determinismo histórico, sino de una perspectiva optimista de 'agencia histórica'. En contraste, el supuesto prevaleciente de que los individuos o grupos sociales sean incapaces de trascender los emprendimientos egoístas o las luchas hegemónicas, resulta ser el punto de vista más fatalista y determinista... Lo que se requiere, por tanto, es una mente abierta y la voluntad de evaluar y experimentar con alternativas".

5. Mundialización de la diversidad

Con frecuencia la globalización ha sido culpada de disminuir la diversidad de los pueblos. En contraste, es posible que la mundialización la aumente. Hasta ahora la diversidad ha sido delineada por pueblos enteros, pero hoy en día cada familia, cada individuo desarrolla su propia cultura. Esto augura bien para el descalabro de la hegemonía mundial del agonismo. Como lo plantea James Lull [1997]:

"...ya no es posible pensar la vida cultural en términos de una sola 'supercultura', o de una cultura común que cohesionaría a un grupo. Más bien la membresía y competencia culturales residen en la construcción y el uso de los fragmentos de estilos de vida eligen e integran las personas. Cada individuo o grupo se vincula con múltiples culturas, de acuerdo con sus roles y oportunidades sociales, sus preferencias y la medida en que participan de una variedad de experiencias".

 

 


Notas:

 

1. Al respecto, véase el credo del Compromiso Voluntario de Sumisión (“Acepto esta situación, y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla”) en http://educarueca.org/spip.php?article781.

2. Término popularizado por el Presidente estadounidense Dwight Eisenhower en su discurso de despedida del cargo (véase en http://youtu.be/T-xEcChFC6I). Definido por Samuel Huntington en “The Defense Establishment: Vested Interests and the Public Interest” como “un gran establecimiento militar permanente apoyado por – y vinculado con – una diversidad de intereses industriales, laborales y geográficos interrelacionados”.

 

aquellos que proveen los bienes y servicios que hacen posible la guerra. En esta categoría se incluye no sólo el personal de las fuerzas armadas, sino además y especialmente todo el “complejo industrial-militar”[i] que provee para la guerra y se alimenta de la misma.


[i] Término popularizado por el Presidente estadounidense Dwight Eisenhower en su discurso de despedida del cargo (véase en http://youtu.be/T-xEcChFC6I). Definido por Samuel Huntington en “The Defense Establishment: Vested Interests and the Public Interest” como “un gran establecimiento militar permanente apoyado por – y vinculado con – una diversidad de intereses industriales, laborales y geográficos interrelacionados”.

Read 8967 times Last modified on Lunes, 14 Julio 2014 15:11
Login to post comments

Acceso y Registro