Martes, 09 Marzo 2010 14:52

G. Factores Psicoculturales

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La dimensión interna de una cultura es la psicocultural - las estructuras cognitivas de la conciencia humana, tanto a nivel individual como social. Se analiza primero el proceso de 'construcción discursiva' de esta dimensión psicocultural, en un intento por comprender de qué manera se ha venido edificando el mito del agonismo y cómo construir un nuevo discurso mutualista. En segundo lugar se reflexiona sobre algunas de las dinámicas psicoculturales que reproducen - y son reproducidos por - la cultura del agonismo. Estas incluyen: la dicotomización versus la complementariedad; la formación y superación del prejuicio, los estereotipos y la intolerancia etnocéntrica; y finalmente las dinámicas de la resistencia al cambio.

En el artículo anterior, se dijo que el tejido de una cultura es compuesto de dos dimensiones - la psicocultural y la socioestructural - que forman la trama y urdimbre de dicha cultura. Los elementos psicoculturales conforman las estructuras mentales de la conciencia humana, tanto a nivel individual como social. Incluyen todo un conjunto de modelos mentales, supuestos, teorías, creencias, valores, actitudes, simbolismos, representaciones, cosmovisiones, e incluso neurosis y psicopatologías, que constituyen la estructura de la conciencia humana.

Se conoció que lo psicocultural es adquirido mediante un proceso de aprendizaje y socialización, por lo que suele ser ampliamente compartido al interior de una misma cultura. Puede haber una gran variedad de pensamientos particulares entre los individuos de una sociedad, pero la dimensión psicocultural suele constituir el armazón básico que unifica esa diversidad en un conjunto dinámico. Cada generación reproduce ciegamente, reinventa conscientemente, modifica conservadoramente, o revoluciona radicalmente sus configuraciones psicoculturales.

Finalmente se reconoció que las predisposiciones psicoculturales no se quedan en el nivel cognitivo, sino que encuentran expresión externa en la conformación de los diversos elementos de la dimensión socioestructural de una sociedad - sus prácticas comunes, normatividad, instituciones, etc. - las cuales creamos los seres humanos a imagen y semejanza de nuestras estructuras mentales internos. De ahí su importancia vital para la desconstrucción de la cultura del agonismo y la construcción de una cultura de paz.

En el presente artículo conoceremos en primera instancia el proceso de 'construcción discursiva' de la dimensión psicocultural, en un intento por comprender de qué manera se ha venido edificando el mito del agonismo y cómo construir un nuevo discurso mutualista. En segundo lugar reflexionaremos en torno a algunas de las dinámicas psicoculturales que merecen nuestra atención en el proceso de cambio discursivo.

 

A. Construcción Discursiva de la Cultura1

Una de las necesidades más básicas del ser humano es que su mundo tenga sentido, sin lo cual nos desorientamos y perdemos, volviéndonos socialmente disfuncionales. Este sentido no reside en las cosas en sí, sino que somos nosotros quienes las atribuimos significado. Un beso puede simbolizar amor o traición; una bofetada puede expresar odio o salvar de un ataque de pánico. Es necesario saber interpretar las acciones y palabras de una manera culturalmente acertada para poder convivir armoniosamente en sociedad. Una casa es tan sólo una estructura de materiales inertes; es el ser humano quien la da el sentido de 'hogar', con todo lo que ello implica. De modo análogo, nuestro 'mundo' no es sólo el entorno tangible y objetivo, sino principalmente unconstructo cultural hecho de nuestras representaciones de los diversos elementos de ese entorno y sus relaciones.

1. La Representación

La representación hace referencia tanto al proceso social de atribuir y comunicar el sentido del mundo, como al producto de este proceso. Las representaciones se asocian con tres elementos, conocidos como la ‘tríada representacional’: (1) los referentes, que incluyen objetos, fenómenos, sucesos, etc., es decir los hechos en sí; (2) los significantes, que abarcan los signos o símbolos empleados para referirse a tales hechos; y (3) los significados o interpretaciones y sentimientos relaciona¬dos culturalmente con los primeros dos.

La relación entre estos tres elementos tampoco es inherente en los mismos, sino que depende de cada cultura. Por ejemplo: (1) un hombre entra en la casa de su vecino y extrae su radio (el referente); (2) en la cultura A esto se llama 'robo', en la cultura B 'préstamo' y en la C 'compartir' (el significante); (3) en cultura A se arma un conflicto y surgen resentimientos, en cultura B se genera una deuda y se fortalecen los lazos de reciprocidad, y en cultura C crece el mutuo agradecimiento y se robustece la amistad (el significado).

No sólo las palabras empleadas para referirse a una acción (robo), sino también su interpretación (conflicto) y la emoción (resentimiento) asociada con ellas, son determinadas de manera cultural, no genética. En una cultura agónica, tal vez el 'robo' se asocie además con el orgullo de haber sido más astuto que el dueño del radio y el 'compartir' se considere un deber impuesto y oneroso del cual se quisiera escapar; mientras que en una cultura mutualista posiblemente el 'robo' se asocie con la vergüenza de haber cometido un acto antisocial y el 'compartir' se busque voluntariamente por la alegría de dar y recibir.

2. La Jerarquía Discursiva

Al hablar de 'discurso' en este contexto, no nos referimos al arte de la oratoria ni al hecho de dictar una conferencia, sino al conjunto de maneras como una sociedad piensa, habla y actúa en torno a diferentes temas. El discurso no es monolítico, sino que integran numerosos elementos que se van agrupando en varios niveles de lo que se podría llamar una 'jerarquía discursiva', como veremos a continuación.

La dimensión psicocultural de toda cultura se construye a raíz de unas unidades básicas llamadas 'códigos culturales', como son las palabras, conceptos, símbolos, acciones sueltas, etc. Mediante su uso, estos códigos se van hilando hasta formar constructos o elementos discursivos más completos, que pueden incluir conjuntos de frases, teorías, representaciones simbólicas, prácticas enteras, etc. Estos elementos discursivos, a su vez, se aglutinan en los 'discursos enteros' que constituyen los diversos campos del quehacer humano como el arte de la música, la ciencia de la biología, o una religión determinada. Estos discursos interactúan y se realimentan dentro de las 'formaciones discursivas complejas', como por ejemplo el conjunto de las artes, el cúmulo de las ciencias, o la totalidad de las religiones. Finalmente, estas constelaciones discursivas forman un solo gran conjunto que constituye el 'universo discursivo' de una cultura determinada.

Por ejemplo, algunos 'códigos culturales' sencillos podrían ser: la 'ley de la selva', la 'selección natural', la 'supervivencia del más fuerte', el 'hombre es lobo del hombre', la 'guerra de todos contra todos' y la 'paz es una utopía'. Tales palabras, conceptos y símbolos adquieren significado al hilarse en teorías científicas, obras artísticas, normas reconocidas y otros 'constructos discursivos'. Estos elementos a la vez se agrupan en los discursos enteros de campos como la Sociobiología, la 'violencia televisiva' o la función judicial, los cuales a su vez se unen con otras disciplinas científicas o formas artísticas para integrar el conjunto de las teorías agónicas, artes distópicas o instituciones públicas. Finalmente, todas estas expresiones científicas, artísticas, corporativas y otras se aglutinan para formar el universo de la cultura del agonismo.

Es muy importante comprender esta composición jerárquica de la cultura, a fin de poder diseñar intervenciones eficaces para influir efectivamente en cada uno de sus diferentes niveles. Pues el cambio sociocultural requiere de acciones diversas, desde la resignificación de palabras o símbolos, pasando por la deconstrucción de teorías y reingeniería de prácticas, hasta la reorientación de las artes y nuevos abordamientos para las ciencias. Es el efecto cumulativo del sinnúmero de tales estrategias de cambio, grandes y pequeñas, locales y globales, que está produciendo, día tras día, una progresiva modificación de la cultura del agonismo a una cultura de mutualismo y paz. Por tanto, a continuación analizaremos cada uno de estos elementos en mayor detalle.

3. Códigos Culturales

Las unidades más básicas de las cuales se construyen estas representaciones, se llaman 'códigos culturales'. Karlberg [2004, 8] las define como: "normas de correspondencia - o relaciones estructuradas - ampliamente compartidas dentro y entre los elementos complejos que constituyen una cultura determinada (es decir estructuras, tanto de la conciencia como de la organización social)", o sea, convenciones culturales compartidas que nos permiten interactuar, comunicar y entendernos. Mediante los códigos culturales, nuestra representación del mundo se torna inteligible y se puede compartir entre miembros de una misma cultura o comunidad de significado. Por ejemplo, si es cierto lo que dice el antropólogo Marc Ross (2009:19), "La noción del individuo aparte del grupo es producto del pensamiento occidental, no de la generalidad de la experiencia humana", entonces incluso conceptos tan aparentemente universales como "tú" y "yo" serían códigos con significados muy distintos en diferentes culturas.

Articulación: Estos códigos y sus representaciones a su vez se articulan en constructos culturales cada vez más amplios y complejos. En última instancia, nuestros comportamientos y prácticas se combinan en instituciones y estructuras sociales (la dimensión socioestructural); los significados y sentimientos se vinculan en paradigmas, credos y cosmovisiones (la dimensión psicocultural); y los signos y símbolos se hilan en los sistemas lingüísticos y de significación que se emplean para comunicar todo aquello. Karlberg (2004:11) ofrece el siguiente ejemplo:

...la frase "así es la naturaleza humana" se presenta superficialmente como una expresión lingüística sencilla. Sin embargo, viene asociada con toda una serie de significados y prácticas. En muchas de las culturas liberales occidentales, esta frase representa un complejo conjunto de actitudes y creencias (significados) acerca de lo inevitable de ciertos comportamientos humanos, tales como la búsqueda competitiva de intereses individuales. Además... estas actitudes y creencias se plasman en prácticas y estructuras sociales que con frecuencia toleran e incluso promueven tales comportamientos.

4. Constructos Discursivos

Estas crecientes articulaciones de códigos culturales y representaciones, se combinan en conjuntos mayores conocidos como constructos discursivos: modos culturalmente definidos de hablar, pensar y, en consecuencia, actuar en relación con determinado fenómeno. Al hablar de "discurso", generalmente se piensa en su aspecto netamente lingüístico: una alocución o presentación oral realizada ante una audiencia. Sin embargo, en este caso la discursividad social se refiere a toda la tríada representacional tratada anteriormente, la cual incluye además las dimensiones socioestructural (cosas y prácticas) y psicocultural (significados y sentimientos) a las cuales hace referencia ese aspecto simbólico o lingüístico. Incluye no sólo nuestras interpretaciones y representaciones del mundo, sino también las realidades mismas a las cuales éstas representan, pues nuestro modo de hablar y pensar acerca de la realidad incide fuertemente en la manera como actuamos en relación con ella. Como ejemplo de ello, Karlberg (2004:11) ilustra el poder de una simple metáfora2 para cambiar el mundo:

"Cuando Thomas Hobbes insinuó que se podría describir a las sociedades humanas como 'una guerra de todos contra todos', expresaba una metáfora culturalmente específica que ha ejercido una enorme influencia en el pensar y actuar de Europa y Norteamérica. Por contraste, cuando Confucio sugirió, dos mil años antes, que se podía percibir a las sociedades humanas como familias extensas caracterizadas por la necesidad de armonía interna, ofrecía una metáfora muy diferente que ha influido de manera ampliamente distinta en los pensamientos y las prácticas de los pueblos chinos".

Estos constructos discursivos también son regidos por códigos o convenciones culturales, de los cuales depende que tengan sentido en una cultura determinada y sean incomprensibles o tengan un sentido muy diferente en otra cultura. Veamos otro ejemplo de Karlberg (2004:12):

"...cuando conceptos como individualismo, egocentrismo y agresión se articulan con ideas relativas a lo que significa ser humano -como en la frase 'así es la naturaleza humana'- el constructo discursivo resultante se hace familiar y entendible según los códigos de las culturas liberales de occidente. Existen otras culturas, empero, que perciben la naturaleza humana de manera mucho más relacional y comunitaria. En tales culturas, las representaciones liberales de occidente respecto a la naturaleza humana serían relativamente incomprensibles.3 Por ende, los constructos discursivos se caracterizan por su especificidad cultural e histórica".

5. Discursos Integrados

Aumentando aun más su complejidad, los constructos o elementos discursivos se articulan en discursos enteros, que Karlberg (2004:12) define como "sistemas de representación ampliamente compartidos que otorgan modos cultural e históricamente específicos de pensar, hablar y actuar respecto a toda una clase de fenómenos". Es así que se van integrando campos del quehacer humano, vinculándose los códigos culturales con las prácticas sociales en forma de sistemas de salud y educación, relaciones comerciales y de producción, instituciones políticas y jurídicas, etc. Karlberg (2004:13) identifica algunas características comunes que comparten estos discursos:

1. Influyen en lo que puede y no puede decirse o pensarse respecto a una clase de fenómeno dentro de un contexto cultural o histórico determinado. Forman los cánones del conocimiento que constituyen las creencias o 'verdades' aceptadas acerca de estos fenómenos en una cultura y un momento histórico específicos. Por ejemplo, una teoría basada en el supuesto de que el ser humano es por naturaleza colaborador y preocupado por el bienestar de quienes le rodean, no tendría la misma cabida en círculos académicos tradicionales que una teoría basada en supuestos agónicos de la naturaleza humana. Probablemente sea tachada de utópica y descartada sin más consideración.
2. Determinan quienes poseen la autoridad para producir esos conocimientos y a quienes no se les otorga dicha autoridad. Los investigadores médicos, por lo general, son quienes han pasado exitosamente por programas universitarios financiados y controlados por los grandes intereses farmacéuticos, habiendo asimilado y reproducido el discurso de la medicina tradicional que promueve los intereses limitados de ese sector económico.
3. Definen sus 'sujetos', tanto aquellos que pueden y no pueden considerarse actores dentro del discurso, como aquellos sobre los cuales el discurso debe actuar, delimitando a su vez la manera como deben actuar dichos sujetos al interior del discurso. Por ejemplo, el discurso partidista actual otorga el poder a quienes poseen las conexiones políticas apropiadas y una personalidad suficientemente agónica, limitando el rol democrático de las grandes masas a una función meramente electoral.
4. Hacen que estos sujetos sean percibidos como personificaciones del discurso e incluso que lleguen conformarse con su lógica interna. En las relaciones de dominación-sumisión de una Cultura Agónica, tanto el dominante como el dominado pueden llegar a identificarse tan plenamente con su posición dentro de esa relación en particular que trasladan las mismas actitudes hacia otras relaciones en las cuales no tienen ese rol. Incluso llegan a percibir todas las situaciones sociales en términos de relaciones de dominación-sumisión.
5. Generan estructuras sociales que organizan y regulan las prácticas colectivas de la sociedad en congruencia con su lógica interna. Como se explica en lo anterior, las predisposiciones psicoculturales se plasman y expresan en las configuraciones socioestructurales que asimilen los supuestos y creencias, autoridades y actores, acciones y relaciones del discurso vigente en esa cultura y momento histórico.

6. Formaciones Complejas

Ahora bien, los distintos discursos que integran los diversos sistemas y estructuras de una sociedad, se enlazan y combinan en formaciones discursivas complejas, definidas por Karlberg (2004:14) como "la articulación de discursos distintos pero mutuamente compatibles, de una manera que refuerce modos similares de pensar, hablar y actuar en relación con muchas clases de fenómenos", siempre siguiendo determinados códigos o convenciones culturales. Finalmente, estas formaciones más complejas se articulan en todo un universo discursivo, una constelación de formaciones discursivas que constituyen el conjunto de estructuras mentales y sociales que caracterizan a una cultura determinada. En palabras de Karlberg [2004:75]:

"Una formación discursiva compleja es constituida por la articulación de discursos distintos pero mutuamente compatibles, de una manera que refuerce maneras similares de pensar, hablar y actuar en diversas arenas sociales -en este caso maneras agónicas de pensar, hablar y actuar en el entorno económico, político, judicial, mediático, académico y activista, entre otras. Conjuntamente, estos discursos constituyen un universo discursivo mayor - una constelación de discursos - dentro del cual las poblaciones occidentales nacen, crecen y aprenden que es normal y natural pensar, hablar y actuar de términos de competencia y conflicto.

"Estos discursos encarnan 'verdades' respecto a la sociedad humana que sustentan a las realidades sociales a las cuales dan forma. Definen la naturaleza humana de maneras que suelen escenificarse o personificarse mediante roles y comportamientos personales. También construyen instituciones sociales que organizan y regulan en consecuencia nuestras prácticas colectivas. En suma, edifican una cultura general de contienda - en sus dimensiones tanto psicoculturales y socioestructurales - que aparece como natural e inevitable para quienes se hallan en su interior".

Por ejemplo, la combinación de un sistema electoral partidista que premia con poder político a quienes poseen más medios económicos, un sistema judicial cuyas leyes y tribunales favorecen a quienes más tienen, y un sistema económico que fomenta una creciente acumulación de riquezas en cada vez menor porcentaje de la sociedad, genera en su conjunto una estructura perversa de privilegios excesivos que se autoperpetúa en detrimento de los verdaderos intereses a largo plazo de la sociedad en su conjunto.

7. Generalización del Discurso

Es justamente esta característica generalizada, omnipresente y todo-penetrante del universo discursivo, con la estrecha congruencia interna entre y dentro de su constelación de discursos que todo lo invaden y todo lo abarcan, la estrecha complementariedad de sus hechos y practicas sociales dominantes, los constantes aluviones de palabras e imágines que las representan desde todos los sectores, y las correspondientes 'verdades' y sentimientos anunciados por igual desde los laboratorios científicos, los púlpitos eclesiásticos, los podios académicos y las aceras de la calle - es justamente esto lo que determina que quienes nacemos y crecemos dentro de la actual cultura de agonismo, fácilmente caemos en el error de percibirla como una realidad natural, normal, necesaria e inevitable, el mundo como es, ha sido y será por siempre jamás. Esta situación se complica aún más por el hecho de su amplitud geográfica, ya que la cultura de pugna y conflicto se ha extendido fuera de los confines de sus regiones de origen, llegando a arraigarse firmemente en todos los rincones del mundo.

Esta aparente solidez, permanencia y universalidad de los discursos de la cultura agónica, amenaza con desalentar a cualquier potencial Agente de Cambio Sociocultural y disuadirlo de continuar en sus esfuerzos hacia un mundo diferente. No obstante todo ello, en realidad el universo discursivo es supremamente fluido y maleable. De hecho, cambia constantemente y los poderes del status quo constantemente gastan ingentes esfuerzos y recursos en reforzar y mantener las formaciones discursivas que favorecen sus intereses limitados y preserven sus privilegios exclusivos.

En otros artículos consideraremos de qué manera llegó a imponerse en todo el mundo la actual cultura del agonismo, de qué manera mantiene su posición dominante y continúa extendiéndose hacia cada rincón del planeta, así como varias estrategias que puede aplicar el agente de cambio sociocultural para contrarrestar su influjo. Pero por ahora consideremos algunos ejemplos de los tipos de cambios psicoculturales que se podrían promover.

 

B. Algunas Dinámicas Psicoculturales

Posiblemente el cambio psicocultural más importante y urgente en la actualidad sea la desconstrucción y sustitución de aquellas teorías científicas que prestan su apoyo al mito de que el ser humano es egoísta, agresivo y competitivo por naturaleza y que la sociedad funciona en base a los principios de la división en diversidad y del conflicto. En la sección anterior se trató en cierta profundidad varias de estas nociones, así como las alternativas que se han planteado para reemplazarlas, trabajo que debe ser profundizado y diseminado con la mayor amplitud posible. A continuación se bosquejan algunos de los aspectos psicoculturales que reproducen - y son reproducidos por - la cultura del agonismo y debemos conocer para poder participar en la construcción de una cultura de paz.

1. El Pensamiento Dicotómico

Uno de los obstáculos que posiblemente se opongan a esta labor es la tendencia en la actual cultura del agonismo a ir a los extremos, polarizar los debates y dicotomizar los temas. Por ejemplo, se ha notado una propensión, al decir que el ser humano no es necesariamente egoísta, agresivo, competitivo y guerrero, a suponer que esto equivale a afirmar que es naturalmente mutualista, cariñoso, cooperador y pacífico. En realidad lo único que se está proponiendo es que el ser humano tiene la capacidad para ambos, que no es obligado por la genética o algún otro factor a actuar de ninguna de las dos maneras, sino que tiene la libertad para elegir.

Otra dificultad que plantea la dicotomización es que torna invisibles algunos de los aspectos más importantes del problema. Como explica Tannen [1998:219], uno de los problemas con los dualismos polarizados es que se pasa por alto las áreas de coincidencia, traslapamiento o similitud en la búsqueda de los puntos de contraste. Los aspectos de un problema - o de una persona - que no caben fácilmente en la una polaridad o la otra se vuelven invisibles o inaceptables".

La superación de este rasgo particular de la cultura del agonismo constituye otro aspecto del trabajo de cambio psicocultural que se nos llama a realizar en la construcción de una cultura de paz. Aunque el pensamiento dual pueda ser inherente al funcionamiento del cerebro, el pensamiento dicotómico no lo es, pues existen culturas que más bien se centran en las complementariedades, como explica Tannen [1998:219]:

"La filosofía china contempla numerosos dualismos - como mundo humano y natural, tranquilidad y movimiento, yin y yang - pero no como opuestos irreconciliables en permanente conflicto, sino como complementarios, asociaciones necesarias, que interactúan para formar un síntesis mayor. La figura del yin y yang gira continuamente y cada mitad - blanca y negra - contiene una porción de la otra mitad. Este aspecto de la filosofía china se ha llamado la "no dualidad", por que se contrasta con la tendencia occidental a pensar en términos de dualismos polarizados".

2. Los Prejuicios y Estereotipos

Otra dinámica que nace de las operaciones de la mente pero se expresa en formas culturales es el prejuicio. Así como el sistema digestivo transforma los alimentos que consumimos en elementos utilizables por el cuerpo, de modo análogo la mente 'digiere' la información que recibe para poder integrarla dentro de sus estructuras cognitivas. En ambos casos, el proceso es automático e inconsciente. Por ejemplo, un infante oye el lenguaje hablado en su entorno, y su mente comienza a abstraer reglas gramaticales de manera inconsciente, sin que nadie se lo haya explicado. Es por ello que sus primeras frases pueden errar de aplicar reglas gramaticales en situaciones que no lo ameriten, con palabras como 'haiga" (haya/traiga), "sabo" (sé/creo).

Del mismo modo, la mente observa el comportamiento de las personas a su alrededor y del análisis de unos pocos casos comunes abstrae generalizaciones descriptivas o estereotipos. Los hombres son así y las mujeres asá, los niños de esta manera y los adultos de aquella, y así sucesivamente: ricos y pobres, blancos y negros, nacionales y extranjeros, católicos y protestantes, etc. El resultado es que se ordena el mundo y se simplifican las respuestas ante él, las cuales de otro modo podrían tornarse extremadamente complejas. Es un proceso automática que ocurre sin que tengamos necesariamente conciencia de ello. De esto se trata el 'prejuicio', una conclusión preconcebida acerca de toda una categoría cognitiva basada en la observación de pocos casos.

La formación de 'prejuicios' - así definidos - es positiva y necesaria como paso inicial para poder funcionar en el mundo en un principio. Permite al niño comenzar a hablar, aunque sea con errores, a interactuar con las personas, si bien en forma limitada, y a relacionarse con el mundo, por más que sea torpemente. Sólo se convierte en problema cuando una persona se queda con los errores de juicio inherentes en semejante simplificación de lo complejo en forma de estereotipos. Este es especialmente el caso cuando las personas a su alrededor tampoco han corregido esos errores conceptuales.

Esta es la parte que corresponde al funcionamiento normal de la mente, pero frente a ello tiene un rol importante la cultura. Es necesario tomar un siguiente paso, que consiste en tornar conscientes estos preconceptos, compararlas con información más confiable y modificar sus contenidos como corresponde. Al niño se le va corrigiendo su lenguaje, e incluso se le enseña gramática en la escuela. Cada vez más escuelas van incorporando la educación para la convivencia dentro del currículo, donde se vuelven conscientes los estereotipos y se corrigen los prejuicios raciales, nacionales, de sexo, clase, religión, etc.

No faltan aquellos autores agónicos que quisieran esencializar el prejuicio. Wilson aduce que la xenofobia y el temor a los extraños es común a todos los pueblos, pues "los seres humanos son agudamente concientes de sus propia ascendencia sanguínea y la inteligencia para tramar intrigas" ya que "parte del problema del hombre es que sus respuestas intergrupales son aún crudas y primitivas; inadecuadas para ampliar la relación territorial que le ha impuesto la civilización" y "los rasgos humanos más distintivos surgieron durante la fase de la evolución social que se produjo a lo largo de las guerras intertribales y los genocidios" [1975a:119, 56, 75]. Lewontin [1991:92] replica que con frecuencia se observa lo contrario, que los miembros de una cultura perciben a otra cultura como mejor que la suya, como cuando una persona de Italia otorga mayor credibilidad a una conferencia dictada en inglés que a otra dada en italiano.

3. Intolerancia Etnocéntrica

Desde una edad muy temprana, al niño se le enseña cómo tratar a las personas, cómo hablar correctamente, cómo comportarse en la mesa, cómo arreglar su espacio vital, y muchos aspectos más. Cualquier desviación de estas normas suele ser corregida con miradas, gestos y palabras de reproche. El niño concluye desde muy pequeño que ciertas acciones son 'buenas' y otras 'malas'. Ya que el reproche es dirigido hacia él, también aprende que las personas en sí pueden considerarse buenas o malas a raíz de sus acciones. Después en la escuela, cuando el niño se equivoca al hablar o desconoce algún hecho, si se le responde con desprecio y desdén, aprende que las personas son inteligentes o ignorantes según si poseen determinada información y emplean correctamente ciertas palabras.

Si en el mundo del niño todos parecen estar de acuerdo en lo que constituye una persona buena o mala, inteligente o ignorante, suele aceptar estos supuestos como verdaderos sin cuestionarlos. Es de esta manera que - involuntariamente - se le prepara para practicar la intolerancia etnocéntrica. Pues posteriormente, cuando el niño conoce a personas de otras culturas, quienes desconocen ciertas cosas o que emplean de manera diferente las palabras, el niño puede concluir que son tontos. Cuando además estas personas no siguen alguna de las normas que aprendió el niño desde pequeño, puede decidir que son malas. Y si conoce a varias personas de la misma cultura que comete las mismas transgresiones, concluirá que todas las personas de esa etnia son tontas y malas.

Para cambiar la intolerancia etnocéntrica, es necesario ayudar al niño a cuestionar los supuestos o 'verdades' de la programación que recibió desde muy tierna edad. ¿En realidad son malas ciertas acciones, o meramente contrarias a las normas de una cultura dada? Si decide que efectivamente las acciones sí son malas, entonces ¿significa esto que la persona que las realiza también es mala, o que solamente ha recibido una formación deficiente, o tal vez que ha cometido inadvertidamente un error? Las formas lingüísticas divergentes, ¿son señal de una falta de inteligencia, o simplemente diferentes maneras de hablar, o incluso el resultado del intento de traducirlas de otro idioma?

En el transcurso de este cuestionamiento y auto-cuestionamiento, es útil contar con un marco referencial de valores e ideales. Los ideales sirvan de orientación o norte, la dirección en la que deseamos movernos. Si nuestro 'yo ideal' es tolerante, comprensivo, amable, compasivo y perdonador, pero si nos percibimos como intolerantes, displacientes, odiosos, insensibles y vindicativos, esto nos da un marco de referencia ante el cual cues tionar y examinar los supuestos en los cuales se basan estas actitudes. Podemos preguntarnos si las conclusiones lógicas que surgen de estas 'verdades' no cuestionadas contribuyen o detraen de nuestro deseo de acercarnos más a nuestro 'yo ideal', y así comienza un proceso de cambio psicocultural.

El esfuerzo que se dedica a este cambio refleja la solvencia de nuestros valores. Éstos difieren de los ideales por cuanto no representan nuestra orientación o norte, sino qué tan importante es para nosotros, cuánto lo valoramos. Esto a su vez determina qué y cuánto estaríamos dispuestos a hacer, dar o renunciar para lograrlo. ¿Estoy dispuesto a ceder la comodidad de mis viejas creencias heredadas para ser más congruente con la realidad? ¿La honradez es tan esencial para mí que preferiría padecer hambre que robar? ¿En dónde trazo la línea entre lo que constituye mi 'derecho' legal y lo que es realmente justo? ¿Soy amable únicamente con quienes me tratan de manera afectuosa? ¿Hago un esfuerzo extra para conocer a personas cuya raza, cultura, clase social, ideología o nacionalidad difiere de la mía? Nuestras respuestas a estas preguntas y otras similares reflejan nuestros verdaderos valores y determinan con qué rapidez avanzamos hacia nuestro 'yo ideal'.

5. La Resistencia al Cambio

Como se analizó en el artículo anterior, el fenómeno de la naturalización de la cultura dificulta a la gente aceptar la posibilidad de que el mundo pudiera ser diferente a lo que conocen. Jared Diamond [1997:250] analiza en cierta profundidad la resistencia al cambio sociocultural y los efectos negativos que ha tenido en la historia humana, impidiendo el avance de la civilización y la superación de los grandes escollos de la humanidad. Se atribuye al multimillonario Dee Hock, creador de la tarjeta de crédito VISA, el siguiente dicho:

"El problema jamás ha sido el de introducir en la mente pensamientos nuevos e innovadores, sino de eliminar a los antiguos. Cada mente es como un edificio repleto con muebles arcaicos; al despejar un rincón, en seguida aparece la creatividad para llenar el vacío".

En parte, esta resistencia se debe a una serie de 'distorsiones cognitivas' o 'sesgos cognitivos' los cuales, aunque se originan en el modo como funciona la mente, la cual no puede alterarse, sin embargo se expresan en formas culturales, las cuales sí son modificables. Por ejemplo, las personas tendemos a evitar la incomodidad de la 'disonancia cognitiva', que surge cuando encontramos evidencias que apoyen ideas contradictorias a nuestros modelos mentales actuales, como es el caso nuestro al refutar las teorías agónicas. En este caso entra en juego el 'sesgo de confirmación', la propensión a filtrar información nueva de tal manera que sólo ingresa aquella que confirme las creencias anteriores, haciendo caso omiso a aquello que podría modificar la estructura mental existente. El 'sesgo confirmatorio' también nos lleva a reinterpretar los datos de tal manera que se ajusten a nuestros conceptos previos.

Otro mecanismo es el 'reforzamiento comunitario', mediante el cual una idea es transmitida repetidas veces por diversos canales hasta convertirse en una firme creencia popular, sin necesidad de mayores evidencias. Como hemos visto, el mito del agonismo inherente al ser humano y su sociedad ha sido repetido constantemente a través de todos los canales posibles a lo largo de varias generaciones, por lo que podría ser difícil de erradicar a corto plazo. Este mecanismo es apoyado a la vez por el falso principio del "argumentum ad populum" o peso de los números, según el cual una idea posee mayor valor mientras más gente cree en ella, pues "millones de personas no pueden estar equivocadas". ¡Y cuántas veces hemos oído argumentos como "Todo el mundo sabe que el hombre es ... por naturaleza"!

* * * * *

Hemos conocido el proceso mediante el cual se construyen y desconstruyen los discursos de una sociedad, así como algunas de las dinámicas psicoculturales que reproducen - y son reproducidos por - la cultura del agonismo, con las cuales habremos de enfrentarnos en cualquier intento por cultivar una cultura de mutualismo y paz. A continuación veremos de qué manera estos procesos y dinámicas se han plasmado en las normas, prácticas e instituciones de la sociedad, a fin de comprender mejor de qué manera pueden cambiar.

 


Notas:

1. Los conceptos en que siguen son tomados principalmente de Karlberg [2004:7-19], quien refiere el lector a Hall [1997] para mayores detalles. Éste a su vez partió para su trabajo de la obra de Ferdinand de Saussure, "Lingüística General". Los ejemplos son del presente autor, salvo donde se indica lo contrario.

2. Para mayores detalles sobre el poder discursivo de las metáforas, véase Lakeoff [1980].

3. Ross afirma: "La noción del individuo como separado del grupo es producto del pensamiento occidental, no de la generalidad de la experiencia humana" [1993, 19].

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